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Mono Araguato (Alouatta seniculus) / Fotografía: Arianna León Uberti

Siluetas de la naturaleza

Arianna Leon Uberti

 

 

Siluetas de la naturaleza.

 

Entre el ajetreo de la ciudad, el trabajo y la tecnología, existe un  mundo cercano de paz y armonía, donde todo funciona de forma maravillosa y donde habita la más noble muestra de vida. Podríamos pensar que este lugar se encuentra muy lejos del nuestro, que es inalcanzable y que no es para nada similar a este, pero lo que  muchas personas no son capaces notar, es que este lugar está en la punta de nuestras narices.


Soy una apasionada por la naturaleza y la vida silvestre.  Actualmente participo como miembro en una Fundación ambiental llamada Ecodiversa, la cual vela por la preservación y conservación de la biodiversidad Venezolana, por lo tanto soy  orgullosamente activista por el planeta.


Les mentiría si les digo que he viajado por toda Venezuela haciendo conexión con la vida salvaje,  que soy biólogo o que he vivido en una montaña alejada de la civilización. Soy una ciudadana venezolana como muchos de ustedes, estudiante, trabajadora y sobretodo amante de la naturaleza de bolsillo, la llamo así porque es aquella que está a nuestro alcance y que podemos disfrutar desde la ventana de nuestra casa.


Mi despertar silvestre comienza todas las mañanas, cuando sonrío de alegría porque las flores del jardín crecen cada vez más coloridas y frondosas, porque una pareja de loros reales paso haciendo un alboroto por encima de mi cabeza y porque los sapitos que viven en frente están contentísimos, ya que cayeron unas gotitas de lluvia. Son sucesos pequeños y tal vez simples,  pero no existe nada más gratificante que ver que a pesar de todos los daños, la tierra nos sigue regalando sonidos, colores y aromas únicos.


En un viaje recién que hice al Hotel La Antigua Misión, conocido también como Parque de la Exótica Flora Tropical Nuestra Señora del Carmen, ubicado en el Estado Yaracuy, comencé a observar por la ventana y quede impresionada, ya que tan solo en el trayecto de ida, pude contar al Jogo de moto menos doce gavilanes sabaneros (Chiriguares) y bastantes alcaravanes. Para mi mayor sorpresa, cuando llegamos al recinto del Parque, una familia de Araguatos totalmente silvestres, nos daban la bienvenida. Todo estaba tan cerca, tan tangible y sobretodo tan vulnerable, que no dude en capturar con mi cámara cada detalle que pude.


Afirmo con mucha seguridad, que estas pequeñas maravillas naturales son capaces de cambiar totalmente nuestro estado de ánimo, sacarnos una sonrisa y regalarnos un pequeño escape. Lo más lindo de todo, es que ocurren a diario en los paisajes y ciudades de Venezuela, pero  están tan cerca de nosotros, que simplemente dejamos de verlas.


Solo tenemos que detenernos a observar de cerca, la cantidad de vida que nos rodea es tan inmensa, como la biodiversidad de nuestro planeta. Tenemos que dejar que toda esa energía nos arrope y sobre todo aprender a conectarnos con lo que es nuestro. Invito a todos los venezolanos a que vivamos los días con detenimiento, porque considero que  no todo es blanco y negro, si ven un poquito mas allá, les aseguro que descubrirán las siluetas de un planeta que está vivo para ustedes.

 

Historia y Fotografía: Arianna León Uberti

 


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