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Gato de Monte (Leopardus tigrinus) / Fotografía: Adriano Gambarini
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El Gato de Monte y la Onza

Rafael Hoogesteijn, Ernesto Boede, Almira Hoogesteijn

 

 

El Gato de Monte (Leopardus tigrinus) es el menos conocido de nuestros felinos y quizás el más difícil de observar por su pequeño tamaño, timidez, hábitos nocturnos y agilidad. Al igual que las otras especies del linaje de los Ocelotes se vio fuertemente afectado por el comercio peletero internacional. Por su parte, la Onza (Puma yagouaroundi) es uno de los felinos más comunes y ampliamente distribuidos en Centro y Suramérica pero su comportamiento también es muy poco conocido. Asimismo, taxonómicamente la Onza es un enigma, ya que a pesar de ser un felino tiene a primera vista la apariencia de un mustélido (familia de las Nutrias, el Armiño y la Marta).

 

El linaje de los pequeños felinos del género Leopardus, está formado por siete especies (Gato de los Andes, Gato de Geoffroy, Guigna, Margay, Ocelote, Gato de las Pampas y el Gato de Monte) todas nativas de Suramérica. De este linaje hay tres en Venezuela. En entregas anteriores presentamos información sobre el Cunaguaro u Ocelote (Leopardus pardalis) y el Tigrito o Margay (L. wiedii), en este número presentamos al Gato de Monte (L. tigrinus) también llamado Tigrillo, Oncilla o Little Spotted Cat en inglés. Adicionalmente presentamos información sobre la Onza (Puma yagouaroundi) o Gato Cervantes, también llamado en inglés Yaguarundi.

 

El Gato de Monte (Leopardus tigrinus)

 

Es la especie más pequeña, su largo corporal es de unos 450 a 650 mm, largo de cola 250 a 330 mm, y un peso de apenas 1,5 a 3 kg. Su pelaje es manchado como en todos los Ocelotes, pero las manchas son más pequeñas y con menos rosetas, las cuales son completamente oscuras (sin pardo en el centro) y forman de 7 a 13 anillos irregulares en la cola. Esta especie se confunde frecuentemente con el Tigrito (L. wiedii), pero es más pequeña, de construcción menos robusta, de orejas relativamente más largas, un hocico más estrecho y una cola proporcionalmente más corta. Sus ojos tienen una ubicación más lateral y el pelaje en la nuca no está orientado hacia adelante como en el Cunaguaro y en el Tigrito. Poblaciones melánicas tienden a concentrarse en determinadas áreas, como el norte de Venezuela y el sudeste de Brasil. En Venezuela los ejemplares de Los Andes y la Cordillera de la Costa, llegan a ser de coloración parda oscura o casi negra, con las manchas poco visibles.

 

Los pequeños felinos suelen ocupar hábitats más diversos que los grandes felinos, y siempre que haya suficientes presas, se encuentran en todo el mundo con excepción de Antártica y Australia y algunas islas oceánicas como Hawái, Galápagos, Madagascar y Nueva Guinea. La compleja distribución geográfica se entiende mejor desde el punto de vista evolutivo, ya que los pequeños felinos son producto de millones de años de evolución. El proceso ocurrió cuando se cerró el puente entre Norte y Sur América, el cual permitió que los felinos invadieran Sur América. Sin embargo, el Gato de Monte es poco común y está pobremente representado en las colecciones zoológicas. Aunque su distribución es amplia; se encuentra en Costa Rica, Panamá, Colombia, parte de Venezuela, las Guayanas, Ecuador, Perú (de estos dos países se conoce sólo por unos pocos especímenes de museo), Brasil y norte de Argentina y se distribuye desde el nivel del mar hasta los 3.200 msnm, sus poblaciones son muy localizadas. Curiosamente se han encontrado sus restos en las Islas de Los Roques a 130 km del litoral norte de Venezuela, llevados allí probablemente con fines místicos o religiosos por indígenas pre-colombinos.

 

Los pocos estudios efectuados sugieren que los machos ocupan territorios que pueden abarcar de los 4,8 a 17 km2. Las hembras ocupan territorios que pueden abarcar desde los 0,9 a 2,8 km2. Las densidades se han calculado que van de 1 a 5 ejemplares / 100 km2, pudiendo disminuir a apenas 0,01/100 km2 en el área amazónica. Tiene densidades más altas en áreas en las cuales no hay Cunaguaros (L. pardalis), especie que compite e impacta negativamente a las poblaciones del Gato de Monte y de la Onza.

 

En los países nombrados habita en una gran variedad de ambientes, antes se creía que era un habitante estricto de zonas boscosas, húmedas, premontanas y de bosque nublado (pudiendo llegar hasta los 4.500m de altitud en Colombia). En algunos países como Costa Rica, Colombia y Ecuador habita primordialmente áreas de bosque nublado; pero más recientemente también se ha reportado en zonas más secas de bosques subtropicales, sabanas de cerrado, sabanas húmedas y áreas semi-áridas de matorrales espinosos, especialmente en Brasil, donde ha sido reportado como el felino más común después de la Onza. En Venezuela los pocos reportes de la especie provienen de la Cordillera de los Andes, Serranía de Perijá, Cordillera de la Costa, Cerro Santa Ana en Paraguaná y algunas localidades al sur del Río Orinoco y Sistema Deltaico.

 

Se sabe muy poco de sus hábitos en estado silvestre, los datos de su alimentación provienen del examen de contenidos gástricos, con un predominio de presas terrestres pequeñas (menos de 100 gramos), sugiriendo que cazan más en el suelo, aunque pueden trepar árboles con facilidad. Las presas encontradas son principalmente pequeños mamíferos marsupiales y roedores, pequeñas aves, lagartijos e insectos de varias especies, sin embargo fue registrada su depredación sobre especies mayores tales como pequeños primates, coatíes o zorros guache (Nasua nasua), lapas (Agouti paca), conejos de monte (Sylvilagus brasiliensis) y el consumo de algunas frutas como la jaboticaba (Plinia trunciflora). Tanto el gato de monte como la onza, aseguran la presa a través de la cacería al acecho usando el sigilo, el silencio y una ilimitada paciencia. A diferencia de algunos grandes felinos no persiguen a sus presas en carrera, ni cazan en grupo. Sus vocalizaciones no se han estudiado en detalle, los jóvenes ronronean y los adultos emiten una vocalización rítmica de acercamiento llamada “gorgoreo”.

 

Lo que sabemos de los hábitos reproductivos proviene de las experiencias en cautiverio. El celo tiene una duración de 3-9 días, la gestación puede durar de 62-76 días (prolongada para un felino pequeño), y paren una sola cría, a veces dos, que pesa entre los 92 a 134 gr. Su desarrollo es lento para un gato pequeño llegando al tamaño adulto alrededor de los 11 meses. Su patrón de erupción dental es inusual en el sentido de que los dientes no van apareciendo sucesivamente, sino que hacen erupción todos al mismo tiempo en cuestión de horas a los 21 días de edad. La madurez sexual es tardía ocurriendo entre los dos años y los dos años y medio, y en cuanto a su longevidad, una hembra en cautiverio llegó a vivir 17 años.

 

Hay muy poca información de su status y abundancia en estado silvestre aunque hoy en día con la ayuda de las cámaras-trampa se está develando más información sobre estos temas. Es el menos conocido de nuestros felinos y quizás el más difícil de observar, por su pequeño tamaño, timidez, hábitos nocturnos y agilidad. Al igual que las otras especies del linaje de los Ocelotes se vio fuertemente afectado por el comercio peletero internacional. Los registros indican que para 1982 llegaron a comercializarse más de 69.000 pieles; para 1984 se exportaron más de 85.000, saliendo a través de Paraguay y Bolivia, en donde curiosamente su presencia no ha sido confirmada. Desde 1989 se encuentra incluida en el Apéndice I de CITES. Hoy en día la especie está afectada por la pérdida de sus hábitats naturales, e.g. grandes áreas de sus hábitats premontanos y de selvas nubladas han sido deforestadas para el establecimiento de plantaciones de café en Costa Rica, Brasil y Colombia. Sin embargo, tiene un cierto grado de tolerancia a las actividades humanas, encontrándose en las cercanías de ciudades como São Paulo, Porto Alegre (sur de Brasil) y Cali (Colombia).

 

En Venezuela los Decretos 1.485 y 1.486 establecen su veda indefinida y la declaran como Especie en Peligro de Extinción, el Libro Rojo de la Fauna Venezolana lo cataloga como Vulnerable. Su presencia ha sido confirmada en algunos de nuestros Parques Nacionales como El Ávila, Guatopo, Sierra Nevada y Canaima, pero hay particular preocupación por las poblaciones de la Cordillera de la Costa, Serranía de Perijá, Sistema Coriano que en la actualidad están disminuyendo drásticamente y una población aislada en el Cerro Santa Ana de la cual no se tiene mayor información.


La Onza (Puma yagouaroundi)

 

Aunque la Onza o Gato Cervantes es uno de los felinos más comunes y ampliamente distribuidos en Centro y Suramérica su biología y comportamiento son poco conocidos. Taxonómicamente la Onza es un enigma, ya que a pesar de ser un felino tiene a primera vista la apariencia de un mustélido (familia de las Nutrias, el Armiño y la Marta), anteriormente tenía su propio género Herpailurus, pero ahora con los estudios filogenéticos, se determinó que está cercanamente emparentada con el Puma (Puma concolor) de amplia distribución en toda América y con el Cheetah o Guepardo (Acynonix jubatus) de África y Asia. La Onza tiene 38 cromosomas, al igual que los gatos del viejo mundo, mientras que todos los otros pequeños felinos suramericanos tienen 36, además de otras diferencias cromosómicas.

 

Tiene un cuerpo largo y delgado, con un largo de cabeza y cuerpo promedio de 76 - 82 cm, cola 32 - 50 cm, y un peso de 2 a 9 kg, siendo los machos mayores que las hembras con promedios de aproximadamente 6 y 4 kg respectivamente, con patas comparativamente cortas y una larga cola. Su cabeza es relativamente pequeña larga y angosta, tiene las orejas cortas, redondeadas y bien separadas, sin las manchas blancas características de los otros pequeños felinos del neotrópico. Su corto y denso pelaje es de un color uniforme, con algunas manchas en el rostro y la barriga. Tiene dos fases de coloración: una fase grisácea que puede variar de un ceniciento claro a un color marrón oscuro o casi negro y una fase marrón rojiza que puede variar de color leonado a marrón-oliva, o a castaño bien rojizo. Cada pelo alterna anillos de colores más claros y más oscuros y su color y predominancia origina las tonalidades de pelaje. En el pasado se pensó que animales de diferente color eran de especies diferentes, actualmente se sabe que las fases de color pueden variar entre los hermanos de una misma camada (ver ilustraciones). Los individuos de zonas más boscosas suelen ser más oscuros, mientras que los de las zonas áridas tienden a tener colores más claros.

 

Su distribución se extendía geográficamente desde el sur de Texas (donde ya está probablemente extinto), pasando por las tierras bajas de México, Centroamérica, Suramérica al este de los Andes hasta el norte de Argentina. En Centro y Norteamérica está incluida en el Apéndice I de Cites. Altitudinalmente se encuentra desde el nivel del mar hasta los 3200m de altura (aunque generalmente vive por debajo de los 900m), frecuentando una variedad de hábitats desde bosques de matorrales secos y espinosos a sabanas inundables, usando preferentemente áreas más abiertas que las especies simpátricas del linaje de los Cunaguaros. Pero aunque habiten en áreas abiertas y pastizales, son más frecuentemente vistos en el borde de los bosques, en áreas de cubierta vegetal cerrada y entremezclada con áreas más abiertas y a lo largo de cursos de agua, a cualquier hora del día o de la noche. De los pequeños felinos es el que presenta los hábitos más diurnos, comenzando sus actividades desde las 4am, hasta las 6pm con un pico de actividad en la mañana tardía a las 11am. Sus ojos tienen las pupilas más redondeadas, lo cual también denota sus hábitos preferentemente diurnos.

 

Debido a sus hábitos diurnos se observan más frecuentemente que las otras especies de pequeños felinos, acción que erróneamente llevó a pensar que eran muy comunes. Recientemente se ha determinado que su densidad generalmente es muy baja, de 1-5 onzas / 100km2 de hábitat adecuado, pudiendo llegar a 20 / 100km2 en unas pocas y restringidas áreas de alta densidad. Los estudios sobre áreas de ocupación revelan datos muy heterogéneos. En Belice dos machos equipados con radio-collares utilizaron áreas de 88 y 100 km2 y una hembra mantuvo un área de 20 km2, áreas varias veces mayores que las de los Yaguares que habitaban en la misma zona. El promedio de desplazamiento diario fue de 6,6 km y curiosamente en una sola dirección. En otros estudios, las áreas de ocupación fueron de 6,8 km2 (para una hembra en el sur de Brasil) y de 8,3 a 8,9 km2 para machos y hembras respectivamente, en México.

 

Se ha reportado que la coexistencia de las diferentes especies en una misma área se hace posible porque cazan presas diferentes a diferentes horas del día o de la noche, evitando así la competencia directa. Sin embargo, al igual que el Tigrito y el Gato de Monte, esta especie recibe un impacto negativo al coexistir con el Cunaguaro u Ocelote. Aunque las Onzas son de hábitos primordialmente terrestres, pueden trepar árboles con facilidad, moviéndose rápidamente sobre las ramas grandes de los árboles. Son de gran agilidad pudiendo saltar a 2m del suelo para tirar zarpazos intentando la captura de aves y pueden pararse erguidas, apoyándose en el trípode de su rabo y sus dos patas traseras, como los canguros. En los Llanos es proverbial la agilidad de la onza para capturar las aves de corral.

 

Como todos los carnívoros son oportunistas, sus presas principales tienen menos de 1 kg de peso, incluyendo roedores, aves y reptiles, pero hay datos de Onzas cazando especies mayores como conejos (Sylvilagus sp.), rabipelados (Didelphis sp.) y cachicamos (Dasypus sp.), e inclusive hasta peces atrapados en charcos en desecación. Su dieta varía de acuerdo al área geográfica y al hábitat considerado y también puede incluir insectos y algunas frutas, con predominancia de ratas y ratones y con pequeñas cantidades de hojas de pasto. Observaciones de Venezuela, Brasil y Belice confirman los hábitos diurnos y terrestres de la especie, e inclusive las aves por ella capturadas, pasan parte de su tiempo buscando su alimentación en el suelo. Las Onzas suelen ser de hábitos solitarios aunque se han visto numerosas parejas cazando juntos, y en cautiverio los miembros familiares se aceptan bien entre ellos.

 

Tienen un variado repertorio vocal con por lo menos unas 13 llamadas diferentes, algunas de ellas parecidas a chirridos emitidos por los pájaros. Su comportamiento de demarcación de territorio es sólo conocido en cautiverio donde realizan escarbaduras con sus patas traseras, las cuales se acompañan de micción simultánea; frotan sus cabezas contra troncos y otros objetos, dejan sus heces descubiertas y marcan sus garras en troncos y ramas, todas estas actividades parecen servir como señales de comunicación visuales y olfativas.

 

Aparentemente no tienen una época de reproducción definida en estado silvestre. En cautiverio hay un aumento de partos en los meses de enero y junio y de agosto a octubre. El período de celo es de 3 a 5 días, repitiéndose cada 53 días. Alcanzan la madurez sexual de 2-3 años. La gestación dura de 70 a 75 días. En estado silvestre las onzas paren en madrigueras localizadas en matorrales cerrados, huecos de árboles o troncos, o en zanjas recubiertas de vegetación. Las camadas pueden variar de una a cuatro crías, por lo general paren dos, ya con el pelaje completo; en cautiverio han llegado a vivir por 15 años.

 

A diferencia de otros felinos, la Onza no depende sólo de áreas boscosas, y puede sobrevivir si no se le persigue, en áreas abiertas, hábitats secundarios y de matorrales densos. Esa flexibilidad le permite persistir donde otras especies simpátricas de pequeños felinos han desaparecido. Sin embargo, la especie generalmente subsiste en bajas densidades, es afectada fuertemente por la pérdida de hábitat, y ya fue extinguida en el sur de los Estados Unidos y en Uruguay, por lo que sus poblaciones merecen un mejor escrutinio.

 

Los pequeños felinos y sus depredaciones sobre las aves de corral

 

Pocos ganaderos y agricultores saben que los felinos como las tres especies de Cunaguaros y las Onzas (descritas en estos tres trabajos de la Revista Río Verde), y otros pequeños carnívoros como los Zorros (Cerdocyon thous y Urocyon cinereoargenteus), son grandes consumidores de ratas y ratones. Estos roedores no solo consumen un gran porcentaje de cosechas, también son transmisores de enfermedades abortivas y que disminuyen la fertilidad (Leptospirosis entre otras) que causan inmensas pérdidas en la ganadería vacuna, bubalina, porcina, ovina y caprina. Estas enfermedades, también pueden constituirse en zoonosis y afectar a los humanos que conviven con los animales infectados (tanto los roedores, como los domésticos afectados). En ese sentido, estos pequeños carnívoros son grandes aliados en el control de varias enfermedades bacterianas y virales que pueden ser transmitidas por los roedores y que causan inmensas pérdidas económicas. Estos carnívoros deben ser protegidos, independientemente de sus ocasionales ataques a las aves de corral.

 

Los ataques a las aves de corral pueden ser fácilmente evitados; si los ataques son diurnos, la instalación de un espantapájaros puede dar buen resultado. Sin embargo, la medida más efectiva y de larga duración, es la construcción de gallineros rodeados de malla de alambre reforzada (tipo “Alfajol”), bien tensada por los cinco lados (incluyendo el techo), sin huecos y firmemente sujeta al suelo, ya que varias especies de pequeños carnívoros pueden hacer huecos por debajo del alambrado para llevarse las gallinas, o pueden pasar por aberturas muy pequeñas. Además los corrales para las aves deben de ser fabricados lejos de árboles que pueden ser utilizados por los felinos como plataformas para saltar dentro del gallinero.

 

Esperamos que con estos tres artículos sobre nuestros pequeños felinos, hayamos contribuido a un mejor conocimiento sobre estas importantes y poco conocidas especies, seamos más conscientes de su importancia ecológica y de la necesidad de ayudar a su supervivencia para la conservación de nuestra biodiversidad.

 

Artículo por: Rafael Hoogesteijn, Ernesto O. Boede, Almira Hoogesteijn

 

 


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