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Posada de Hato Piñero / Fotografía: Alberto Blanco
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Hato Piñero

Bianca Castillo

 

 

Hato Piñero es un predio rústico de amplia riqueza de biodiversidad ubicado al extremo sur oriental de Cojedes en los Llanos Centro Occidentales. Cuenta con una extensión aproximada de 74.000 hectáreas de reservorio natural. Lo que lo hace estar considerado como uno de los mejores lugares del Planeta para la actividad ecoturística, la observación de aves, la protección del medio ambiente, y la investigación científica, siendo para Venezuela y el mundo todo un ejemplo de desarrollo sustentable.

 

El Hato Piñero
Santuario de vida silvestre y ejemplo ecoturístico


El Hato Piñero es un lugar lleno de historia. Ubicado en el extremo sur oriental del Estado Cojedes, Municipio Girardot, sigue siendo uno de los mayores hatos de la localidad (74.000 hectáreas) y aún conserva su organización original desde la colonia. Para comprenderlo hay que comprender también la afortunada geografía de Cojedes, “donde todo se da”. Se trata de un territorio generoso apto para las actividades agrícolas y ganaderas (así como también para la minería y la pesca).

 

La región donde se localiza el Hato Piñero conjuga la naturaleza junto al legado cultural. Es por ello que se hace interesante un poco de historia sobre estas tierras; la palabra hato lleva implícito dentro de su nomenclatura grandes extensiones de terreno para la actividad ganadera. Sin embargo, en Venezuela, estas extensiones de tierra no conocerían el impacto de dicha actividad sino hasta la llegada de los colonos españoles a América, quienes introdujeron al ganado vacuno para alimentar a sus tropas y satisfacer sus necesidades inmediatas. No se tomó en cuenta ni el paisaje ni el impacto ambiental de esta industria. Para entonces se concibió una falsa idea de desarrollo que obvió la importancia de preservar a la naturaleza. Aún más, la adaptación del ganado a las sabanas llaneras se haría inminente e irreversible, Juegos de carros pues la configuración de sus suelos hace que prácticamente todo lo que se emprenda allí sea una actividad realmente muy próspera. 

 

Esto, en efecto, trajo muchos beneficios para el hombre pero no tantos para el paisaje que sufriría el deterioro de sus sabanas, un frágil ecosistema que existe en todas las zonas tropicales del mundo y cubre el 20% de la superficie terrestre. En la actualidad se sabe que anualmente los ganaderos queman unas 27 mil hectáreas de sabanas (que representan casi la cuarta parte de los Llanos), incendios que se realizan de forma no controlada y fuegos que arrasan con todo lo que consiguen a su paso. La vida de muchos de nuestros bosques primarios jamás podrá recuperarse como consecuencia de la explotación ganadera, pues los pocos bosques que no fueron incendiados, fueron talados para convertirlos en potreros, acabando con la vida y hogar de muchas de nuestras especies animales y vegetales silvestres.

 

Después de muchos años de maltrato a la naturaleza, algunos hacendados y ganaderos comenzaron a comprender, casi instintivamente, que la riqueza de nuestros Llanos va más allá de la ganadería, y que la conservación de sus tierras traería muchos más beneficios para la humanidad que los que podía traer consigo cualquier otra actividad. Una de estas personas fue Don Antonio Julio Branger, quien en una época en la que no se conocía de ecoturismo, ni de desarrollo sustentable, tuvo la visión de conservar las tierras del Hato Piñero de una manera en la que la actividad del hombre, la fauna y flora pudieran coexistir causando el menor impacto ambiental posible.

 

Admitió en una oportunidad Don Antonio (?) para el documental “Hato Piñero, Tierra de hombre a caballo”, de la Serie Expedición RCTV International, que cuando llegó a Piñero alrededor del año 1948 era inexperto, que el llano no tenía cercas, y que pensaba –como muchos otros- que la riqueza natural era inagotable. Su familia había heredado de su padre un hato en Paraima, y él se encontraba buscando nuevas tierras para la ganadería, pasó varios días a caballo por los caminos reales, que eran las únicas vías de comunicación que tenía el llano desde la colonia. Vio sus pastos para la ganadería, pero también le llamó la atención la riqueza natural de Piñero. Este lugar fue un despertar de conciencia para él, dejó atrás sus días de cazador y fundó el Hato con un objetivo sostenible mucho antes de que se acuñara el término como tal, pues se decidió a mantener intactas las zonas boscosas además de ejercer un estricto control del manejo de la caza, la quema y la deforestación.

 

Aparentemente, Don Antonio Branger fue a África y observó que las expediciones que se realizaban por allá para observar a los animales y la vegetación en estado silvestre se podían replicar en Venezuela. Así, al volver, convirtió a Piñero en el primer hato del país en brindar operaciones turísticas tipo “safari” (sin cacería por supuesto). Fue un boom turístico, pues comenzaron los programas de investigación científica y se fueron acercando también al paso universidades extranjeras, lo que trajo como resultado que se fundaran una estación biológica y un herbario en el hato. Francisco Delascio fue el encargado de las labores del herbario, Piñero se convirtió en la única propiedad de Venezuela en tener una colección de plantas clasificadas. De esta forma Piñero lleva más de 45 años conservado bajo los fundamentos conservacionistas.

 

En la actualidad, el Hato ya no pertenece a la familia Branger, es propiedad del Gobierno Bolivariano de Venezuela, pero queda el gran legado científico y turístico creado por Don Antonio. Gracias a estos eventos de investigación se sabe que Hato Piñero alberga una increíble biodiversidad reconocida y admirada en el mundo entero, más de 340 especies de aves, 50 de mamíferos, 42 especies de reptiles, 14 de anfibios y unas 850 especies botánicas.

 

En Hato Piñero estas especies disponen de un terreno apropiado para vivir y el turista se puede adentrar en sus hábitats. Muchas de estas personas viajan desde el exterior y representan una importante entrada de divisas al país.

 

En el Hato Piñero también se valieron de la modificación genética para aumentar la productividad y apaciguar los daños ecológicos de la ganadería, es el caso del ganado Piñero o Rojo Piñereiro, resultado del cruce de Cebú (raza originaria de la india, y de gran tamaño) junto con Criollo (de gran resistencia, y casi extinto a nivel de América).

 

Existen infinitas razones por las cuales visitar Hato Piñero, pero nosotros afirmaríamos que la primera es que se trata de una de las experiencias más auténticas que se puedan experimentar en la vida. Piñero hace que te reencuentres con tus raíces, con la alegría de vivir, con la razón de existir en este mundo.

 

Es una experiencia mágica y rejuvenecedora, llena de seguridad y momentos gratos. Hato Piñero es operado turísticamente por Ascanio Birding Tours, lo que en definitiva es una buena noticia para todos. Se trata de una agencia especializada dirigida por David Ascanio junto a Desiree Starker y Gioconda Mota y todo un equipo que se empeña en cada detalle para alcanzar la excelencia. Si deseas hacer algo inesperado y completamente fuera de rutina y de aprender con los mejores, esta es la ocasión que no debes dejar pasar. Contáctalos a ellos, reserva tu visita, y lo siguiente por hacer será tener una experiencia que por garantizado atesorará tu alma. Traten de solicitar a David Ascanio como guía que tenemos la certeza que es el mejor guía de naturaleza de Venezuela y ha sido uno de los grandes inspiradores de esta revista.

 

Ascanio Birding Tours ofrece un viaje que comprende servicio completo integrado por muy cómodo transporte, alojamiento acogedor, divertido traslado a excursiones, excursiones guiadas por profesionales, alimentación en abundancia y sobre todo exquisita, además de un conjunto de servicios capaz de complacer al más exigente y particular de los clientes.

 

Grandes extensiones del hato no han sido tocadas, muchos siguen en estado prístino, pero no se puede obviar que en ocasiones la naturaleza del Hato Piñero se ha visto amenazada por diversos factores. Piñero tiene la mayor extensión de bosque deciduo o caducifolio al norte del Orinoco, 20 mil hectáreas son bosques secos, que de por sí son los bosques más amenazados del continente, ya que crecen usualmente sobre suelos de gran calidad y se usan para ganadería por el pasto, o para aprovechamiento de maderas caras. Por eso el turismo en sus tierras es fundamental como modelo de desarrollo para la zona a través de la conservación del paisaje llanero. De hecho, existe una tesis en el plan de manejo del Hato Piñero, con zonas de protección integral y delimitaciones de actividad turística. También se propone la protección de sus ecosistemas sin que haya que declarársele como parque nacional. La actividad turística manejada acorde a las necesidades de Piñero se hace necesaria, pues el ingreso que genera el turismo de naturaleza hace de la conservación en sí misma una empresa comercial viable y no sólo un ideal. Cada turista se convierte en garante de la preservación del entorno, en ojos testigos de que no se cometan delitos ambientales.

 

La mayor preocupación del hato es que se asuman actitudes políticas en cuanto a su gestión, sin tomar en cuenta que se trata de un recurso natural del país, de gran valor para el venezolano y el mundo, y la mejor manera de monitorear y cuidarlo es estando allí, y a través de la visita continua.

 

La experiencia en el Hato no es únicamente de contacto con la naturaleza, también proporciona un espectacular enriquecimiento cultural. Conocer a cada uno de sus llaneros y de sus llaneras es un legado inigualable. Uno de ellos es Gertrudis Gamarra, al que llaman “el maestro de los Llanos”, baqueano de Piñero, ha sido clave en todas las expediciones de investigación científica y guiaturas ecoturísticas que se realizan en el hato. Gertrudis es una referencia histórica con un conocimiento tan vasto como los llanos mismos.

 

También conocimos al Señor Víctor, llegó desde pequeño al hato Piñero, su trabajo era “jalar machete” como él mismo nos cuenta, y a sus sorprendentes y bien llevados noventa años, aún vive en Piñero con alegría y tocando cuatro y harpa. Don Antonio le cedió una partecita de terreno para que montara su casita y viviera su vejez con tranquilidad allí. Un hogar bastante humilde pero abundante en amor y alegría. Don Víctor nos contó un milagro de cómo Dios le salvó la vida cuando una cascabel lo pico en el brazo, no hubo atención medica ni primeros auxilios, sólo su fe y una oración de entrega total que revirtieron el daño del veneno inyectado por la serpiente. Don Víctor goza de muy buena salud, y disfruta las visitas, las atiende con el mismo cariño que hace a las plantas del llano florecer.

 

El actual director del hato, nacido y criado en Piñero, da la bienvenida, y agradece el trabajo de los científicos en Piñero. Explica que el viejo Don Antonio le enseñó a muchos de ellos a cuidar y proteger a los animales, mucha gente nueva cuando ingresa a trabajar al hato al ver a los animales tan cerca de las personas, sienten tentación de hacerles algún tipo de maldad, pero que al ver que la mayoría de los llaneros del hato se comportan de otra manera hacia el animal, aprenden rápidamente a respetarlos en su hábitat, llevándoselos máximo en sus imaginaciones. Para el director, la protección de los animales es algo que se cultiva rápido, y desea que personas así fueran la mayoría, y que la gente entienda rápido a sentirse orgullosos de que somos, por ejemplo, una zona con gran población de jaguares libres y protegidos. Espera que simposios científicos sigan teniendo lugar en estos espacios, y que además se den a conocer masivamente. Sin embargo, admite que cuentan con el apoyo de la Guardia Nacional, y también de “campo volantes” en el Hato, que son personas que guardan la seguridad de la zona –incluyendo la de los ríos- para resguardar a los animales del hato, tanto silvestres como al ganado. El director del Hato espera de corazón que esas medidas no se tuvieran que tomar, en una sociedad consciente donde no existan amenazas humanas.

 

A su vez, el personal que está en la administración actual del Hato también espera poder colaborar con los trabajos de conservación que se están llevando a cabo. Todos ellos resaltan la importancia de concientizar a las personas, yendo a escuelas, especialmente en la localidad de El Baúl, para que la gente se sienta orgullosa de sus animales.

 

Dentro del Hato, las Fundaciones son el hogar del llanero mientras trabaja en puntos estratégicos. Cada fundación se ocupa de una tarea específica, así la Fundación Charco Azul se encarga del ordeño de vacas y la Fundación Palmarito de la maternidad. En su disposición aún quedan vestigios de la vivienda del llanero con paredes hechas de barro y palma llanera. 

 

En el llano moderno las motos han ido desplazando al caballo como medio de transporte, y la fotografía va poco a poco desplazando a la caza como medio para capturar la belleza de sus especies. Pero hay cosas hermosas que no se pueden cambiar, es su apariencia apacible, sus dramáticos contrastes, sus extremos entre inundaciones y sequias, sus bosques de galería, sus bosques ribereños, sus humedales, su bosque primario “Los Caballos”, sus atardeceres de un color rosa y naranja fuego, el exquisito olor a flores de mastranto que inunda la brisa fresca, el aire puro, los chigüires refrescándose en los pantanos, las dantas bañándose en las lagunas, el yaguar conquistando los espacios, el garzón soldado criando a sus pichones en centenarios árboles que exudan salvia y sabiduría, las garzas y corocoras todas reunidas en el mismo lugar, el solemne caimán del Orinoco, las imponentes anacondas, loros acurrucados de noche en parejas, las guacamayas bandera, el saltarín cola de lanza bailando en las ramas, los zorros paseando por todo el lugar, avistar familias enteras de monos araguatos en las copas de los árboles y cientos de venados  y paujíes paseándose por el hato y la posada. La belleza inunda cada espacio del Hato, y esto es una sensación que arropa y despierta la capacidad de volverse a asombrar ante tanta vida, lo hace ser uno de los mejores lugares del mundo para observadores de aves y naturalistas, y sobre todo te hace recordar que ser un buen venezolano no es solamente haber nacido en esta tierra, es respetarla, es abrazarla, es quererla, y es el orgullo que se siente de tenerla. Don Antonio Branger ha dejado quizás el legado conservacionista más importante de Venezuela, ahora es deber de todos nosotros velar por su conservación para que sea disfrutado por la futuras generaciones y siga siendo una referencia y ejemplo de un desarrollo sustentable exitoso.

 

Para reservaciones contactar:

Ascanio Birding Tours
E-Mail: contacto@abtbirds.com
Website: www.abtbirds.com
Teléfono móvil: +58-416-627-07-05
Teléfono y fax: +58-212-2424949

 

Artículo por: Bianca Castillo

 

 


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