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Puma (Puma concolor) en los llanos de Venezuela / Fotografía: Roger Manrique
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El Puma En Venezuela

Almira Hoogesteyn, Rafael Hoogesteijn, Ernesto O. Boede, W?odzimierz J?drzejewski, Maria Roselia y Abarca Medina

 

Aunque muchas etnias americanas veneraron al Puma, en la actualidad esta especie ha sido perseguida sin misericordia usando armas, venenos, trampas y perros de cacería, los argumentos para la exterminación suelen ser los mismos que han ocasionado la disminución en la distribución de tantos otros carnívoros depredadores, las ocasionales pérdidas a campesinos y ganaderos o la percepción de peligrosidad para los humanos. Los ganaderos han tenido una enemistad ancestral con esta especie, sin entender que los problemas son manejables con la adecuada implementación de estrategias antidepredación. Las pérdidas aumentan cuando el ganado se cría en zonas boscosas en donde el Puma tiene la oportunidad de acechar a los animales domésticos. No solo son cazados por los problemas de depredación, también son cazados para la venta ilícita de pieles, colmillos y otras partes, e inclusive pueden ser cazados para el consumo de su carne.

 

El puma ha vagado por el continente americano por lo menos hace 3 millones de años. Tiene muchos nombres diferentes a lo largo de su distribución geográfica, en Venezuela se le conoce como puma, un nombre que viene de la lengua quechua o como león, por su analogía con los leones africanos. Los indígenas Yanomami le llaman kitanarai y los Bari le llaman chitdoibaboraba o soboraba. En Estado Unidos se le denomina Mountain Lion (León de Montaña) o Cougar, en Brasil se le conoce como suçuarana o onça parda, en Perú los chibcha lo conocían como chihisaba; en México cada etnia le da un nombre particular por ejemplo, en Náhuatl se le denomina miztli y en maya koj. Esta variada nomenclatura se debe a que es el felino silvestre que tiene la distribución latitudinal más amplia, se distribuye desde el norte de Canadá hasta el sur de Argentina.

 

El linaje del puma agrupa al puma (Puma concolor), el yagouaroundi (Puma yagouaroundi) (ver edición de Río Verde N° 15) y el guepardo (Acinonyx jubatus). Los análisis genéticos han mostrado que el puma en Norteamérica pasó por un cuello de botella poblacional hace 10.000 años por el cambio climático. La población norteamericana de pumas fue reforzada por pumas provenientes de Suramérica donde la diversidad genética fue 20-50 veces mayor. Como el guepardo evolucionó muy tempranamente, tiene su propio género Acinonix. A diferencia del guepardo, los pumas y los yaguaroundi no tienen manchas, de hecho, el nombre científico del puma –concolor– significa “de color uniforme” en latín, sin embargo, hay algunos reportes de pumas adultos con manchas tenues. En el pasado se describieron hasta 32 diferentes subespecies, que a través de estudios genéticos hoy se han agrupado en seis, una sola para Norteamérica y cinco diferentes desde Nicaragua hasta el sur de Suramérica. Hay una enorme variación en la coloración de su pelaje, los pumas nacen con manchas que le sirven de camuflaje, pero estas desaparecen gradualmente. El pelo se hace corto y algo grueso, suele ser más oscuro en la zona dorsal y más claro en la zona ventral, el pecho y la parte interna de las patas. El melanismo ha sido raramente reportado para Suramérica, mas no para Norteamérica. El color del iris puede variar pasando por diferentes escalas de dorado, amarillo, verde y marrón.

 

El puma es el cuarto felino más grande del mundo, distinción que comparte con el leopardo africano (Panthera pardus), sin embargo no se considera parte de la familia de los grandes gatos (género Panthera) ya que su aparato vocal no le permite rugir como a estos, más bien emite ronroneos o chillidos como lo hacen los pequeños felinos. El record en peso de un puma cazado en Venezuela, del cual tenemos conocimiento, ocurrió 1986 en el Hato El Laurel, cerca de San Carlos, Estado Cojedes. El animal pesó 75 kg y midió 2.15 metros desde la punta de la nariz a la punta de la cola. Fue cazado por problemas de depredación de ganado, había matado 36 mautes (toros jóvenes) en 36 días, los mautes pesaron entre 12 y 14 arrobas (de 300 a 350 kg). El record mundial lo lleva un animal cazado en Arizona, Estados Unidos en 1917, con un peso de 125 kg. Los machos suelen ser más grandes que las hembras y en los extremos de su distribución, Canadá y Patagonia, son más grandes y pesan casi el doble que los pumas tropicales. Por ejemplo, machos adultos de Perú pesan de 28 a 30 kg, mientras que los de Canadá y Chile pesan de 65 a 85 kg.

 

Los pumas tienen la capacidad de vivir en varios hábitats, se les encuentra en bosques de coníferas, tropicales húmedos, deciduos, en sabanas y hasta en zonas semidesérticas, pero evitan zonas muy húmedas o permanentemente inundadas. No ocurren frecuentemente en el Delta del Orinoco. Altitudinalmente se les encuentra desde los 0 msnm y han habido registros hasta 5.800 msnm (incluyendo los bosques parameros y tepuyanos).

 

Estudios radio-telemétricos y de cámaras-trampa establecen que la densidades varían según el tipo de hábitat y la disposición de presas. La densidad viene expresada en el número de animales por cada 100 km2, así en Argentina y Norteamérica se observan 0,5 pumas, en Belice hasta 3, en la Patagonia chilena hasta 3,4; en Brasil entre 3 y 7 y en Bolivia ¡hasta 8! En Venezuela estudios realizados en el Hato Piñero determinaron una densidad de 2,1 pumas /100 km2 con territorios entre 25 y 100 km2. Se estima que el territorio de un puma puede variar entre 25 y 210 km2. Los territorios de los machos suelen ser más grandes que los de las hembras.

 

Los pumas son primariamente una especie nocturna o crepuscular, su actividad aumenta al amanecer y al atardecer, es un cazador oportunista, cuya estrategia de cacería es el acecho o la persecución en ágil carrera, se acerca a la presa y mata generalmente mediante una mordedura en la garganta, por asfixia, o por la disminución de la irrigación al cerebro. Las presas se encuentran con mordeduras en el cuello generalmente en la parte inferior donde ocasionan muchos desgarros y daño a los tejidos de la zona. Prácticamente depreda cualquier animal, en las heces se han encontrado restos de murciélagos y hasta saltamontes. Su presa favorita es el venado de cola blanca o caramerudo (Odocoileus virginianus) a lo largo de toda su distribución, también depreda báquiros, chigüires, lapas, picures y cachicamos. Los animales domésticos no son la excepción, depredan cabras, ovejas, cerdos, vacunos y equinos; de éstas dos últimas especies prefieren a los becerros y a los potros. Cuando la presa es muy grande tiene la tendencia, después de remover los intestinos, de cubrirla con hojas y palos (comportamiento característico del puma, más no del jaguar), retornando frecuentemente a consumirla. Rara vez se ha observado que consuma presas muertas por otras especies de carnívoros; esta característica los salvó de la aniquilación total en Norteamérica, cuando se colocaban cadáveres envenenados para erradicar carnívoros en general (osos, lobos, pumas y coyotes). Sin embargo el puma del Este de los Estados Unidos fue totalmente exterminado, hacia 1890, con la excepción de una pequeña población remanente en el estado de Florida.

 

Las hembras pueden entrar en celo en cualquier momento, en las zonas templadas los nacimientos suelen ocurrir en primavera. La hembra es receptiva al macho durante períodos de nueve días. El único momento en el que se ven asociaciones entre machos y hembras es en este momento. Las hembras por lo general paren cada segundo año, pueden llegar a parir hasta cinco crías. Sin embargo, lo más común es de dos a cuatro. Generalmente encuentra algún lugar resguardado para parir como troncos huecos, cuevas, grietas, debajo de árboles caídos o en sitios donde la vegetación es muy gruesa. Las crías llegan a pesar entre 200 – 400 gramos al nacer y presentan una coloración característica de manchas marrones oscuras sobre un color beige más claro, estas manchas desaparecen alrededor de los seis meses de edad. En algunos individuos las manchas se mantienen hasta la edad adulta, conociéndose en el Llano como el “León Barreteado”. Las crías nacen con los ojos cerrados los cuales se abren a los nueve o 10 días, los ojos de animales recién nacidos son azules, pero este color también cambia a medida que crecen tornándose amarillos o verdes con diferentes matices. A los 16 meses de edad el color de los ojos está bien definido. A los tres meses empiezan a incorporar otros alimentos a su dieta aparte de la leche materna. Las crías permanecen con la madre por lo menos por un periodo de 16 meses, algunos hasta 18-24 meses; durante su primer año de vida dependen de la cacería de la madre. Se ha observado que las crías de una camada después de separarse de la madre tienden a quedarse juntas y cazar juntas por algunos meses más hasta que alcanzan la madurez sexual, las hembras suelen ser más precoces que los machos alcanzando la madures a los 2 años y medio, mientras que los machos la alcanzan a los tres años.

 

El puma ha sido reverenciado en una forma similar al jaguar por las diferentes etnias americanas, para los Incas el puma representaba el poder y la fuerza. Dentro de los tres niveles en los que los Incas estructuran el mundo (inframundo, terrenal y celestial), el puma representaba el nivel medio, el mundo de los vivos; la serpiente representaba el inframundo, el mundo de los muertos y el cóndor el nivel celestial. El lago Titicaca lleva su nombre del vocablo aimara “titi” que significa gato y el vocablo quechua “caca” que significa roca sagrada. La etnia Cochiti en el estado de Nuevo México en los Estados Unidos realizaba estatuas de piedra de pumas de tamaño natural y las colocaba en altares en su honor, las tribus que vivían en la zona de los Grandes Lagos de Norteamérica creían que las cuevas y grietas eran producto del latigazo de la cola de un puma. Sin embargo esta reverencia no duró mucho, en décadas pasadas esta especie ha sido perseguida sin misericordia usando armas, venenos, trampas y perros de cacería, los argumentos para la exterminación suelen ser los mismos que han ocasionado la disminución en la distribución de tantos otros carnívoros, las ocasionales pérdidas a ganaderos o la percepción de peligrosidad para los humanos. La pérdida de ganado por puma está en relación directa a la presencia de presas silvestres y la forma en la que se maneja el ganado. Los ganaderos han tenido una enemistad ancestral con esta especie, sin entender que los problemas son manejables con la adecuada implementación de estrategias antidepredación. Las pérdidas aumentan cuando el ganado se cría en zonas boscosas en donde el puma tiene la oportunidad de acechar a los animales domésticos. No solo son cazados por los problemas de depredación, también son cazados para la venta ilícita de pieles y otras partes, e inclusive pueden ser cazados para el consumo de su carne.

 

Los ataques a humanos son raros y circunscritos a ciertas zonas de Norteamérica, en Venezuela los autores no conocen casos de ataques de pumas a humanos que no hayan sido originados en situaciones de cacería y persecución del felino. Es difícil definir si el número de ataques ha aumentado realmente o si el acceso a la información ha mejorado. La mayoría de los ataques que se reportan son a niños. Es probable que los ataques aumenten en la medida que la presencia humana aumente en el hábitat del puma.

 

En gran parte de su distribución el puma coexiste con el jaguar, en estas zonas mantiene una existencia que podríamos definir como “de bajo perfil”, ya que el jaguar es capaz de matar e inclusive consumir al puma si se presenta la oportunidad. Como estrategia para evitar la competencia directa el puma consume presas parcialmente diferentes, en general menores, tiende a ocupar hábitats más secos o áreas con mayor altitud que el jaguar. También su actividad es más nocturna que la del jaguar.

 

Al igual que con otras especies de la fauna y en especial los grandes carnívoros, el peligro actual más grande para los pumas es la destrucción del hábitat y la persecución humana. En aquellas regiones en donde el crecimiento urbano es excesivo, la fragmentación de hábitat y la presencia humana han llevado a la desaparición de la especie. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo cataloga como especie "casi amenazada". La Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre (CITES) lo coloca en el apéndice I, lo que prohíbe el comercio de especímenes o sus partes. En Venezuela el Decreto Oficial 1.485 decreta al puma como especie vedada para la caza, además catalogada como "común y parcialmente amenazada".

 

El puma es un símbolo de fortaleza, muchos equipos deportivos se hacen llamar pumas aunque los celebrados “Leones del Caracas” prefieran ser representados por el león africano, emblema de la ciudad de Caracas, existe ropa y zapatos deportivos que llevan el logotipo y el nombre de esta especie, y hasta hay helicópteros que llevan este nombre.

 

Conservación e importancia del puma

 

Debemos recordar que dentro del equilibrio ecológico los depredadores cumplen funciones primordiales que influencian todos los niveles. Por ejemplo, cuando un puma controla las poblaciones de meso-depredadores como zorros o mapaches, indirectamente esto influencia la dinámica de poblaciones de especies menores, como aves o roedores. Controlan el crecimiento desmedido de las poblaciones de herbívoros (ungulados) ayudando a que la vegetación se regenere. Tienen efecto sobre el cambio climático ya que controlan la pluviosidad indirectamente a través de la conservación de la cobertura vegetal. Eliminan a animales viejos o enfermos influyendo en la prevalencia de enfermedades infecciosas y zoonosis que pueden afectar a animales domésticos e inclusive al hombre. Cualquiera sea su opinión personal del puma, ciertamente tiene la potestad de traer lo peor y lo mejor del ser humano a la superficie, esperemos que lo mejor sea suficientemente bueno como para que permitamos la sobrevivencia de esta magnífica especie.

 

Autores:

Almira Hoogesteyn, Rafael Hoogesteijn, Ernesto O. Boede, W?odzimierz J?drzejewski, Maria Roselia y Abarca Medina


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