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El Gonzalito / Fotografía: Blanca Allegra

El gonzalito: un admirable tejedor

Blanca Allegra

 

Puede que en una caminata por un patio, un parque o quizás con solo mirar por una ventana o balcón, podamos sorprendernos con alguna de las hermosas escenas que la naturaleza nos regala cada día. La vida silvestre de las aves está llena de un sin fin de instantes donde resaltan no solo su impresionante belleza, sino su innata inteligencia, destreza, agilidad, perseverancia y constancia, incluso sus misterios. Todo esto nos atrae, conmueve, nos trasmite alegrías y muchas veces se convierten en ejemplos inspiradores en las vidas de quienes las observamos. Es realmente un privilegio  que ese  hábitat en el que hacen vida en libertad, pueda ser eventualmente tu jardín,  permitiéndote  verlas  hacer sus nidos con admirable dedicación, así como ver a los pichones nacer y crecer en ellos, escucharles cantar cada día, verlas volar u observarles en cualquiera de sus comportamientos  naturales.

 

Trabajar al aire libre me permite observar las aves que llegan a nuestro patio y registrar gran cantidad de avistamientos, que por lo general, trato de fotografiar. Así comencé a observar como los gonzalitos tejen sus nidos colgantes, escogen generalmente las palmas, los hacen durante varios meses del año y tardan entre tres a cuatro semanas en terminarlos. Comienzan por hacer con su pico como unos amarres en varias hojas de alguna de las ramas de la palma, al parecer asegurándose que les quede lo suficientemente fuerte para sostener el peso que luego tendrá. Paso a paso el gonzalito teje su nido, de arriba hacia abajo, de manera envolvente y desde adentro, como si se tratara de un sastre, da la impresión de  que usara   como referencia,  las medidas de su propio cuerpo.

 

Las fibras que selecciona y transporta para hacerlo son parecidas, largas, de gran resistencia y elasticidad, de suficiente permeabilidad, lo que le permite modelar y entretejer en repetidas circunferencias, para darle una forma ovalada y profunda, como si tratara de hacer un saco largo, características que se explican y justifican luego cuando termina su nido. La forma ovalada es sin duda para proteger a los huevos y sus crías, que una vez que nacen, difícilmente se pueden ver. El ancho y la altura del nido  impiden  que salgan o se caigan del mismo antes de que estén   preparados  para volar  y a la vez parecen tornarlo seguro, cómodo y cálido. Por lo que he podido observar,  el nido  solo es usado para reproducirse, proteger y preparar a sus pichones, que una vez que  vuelan, lo abandonan.

 

Esta imagen que tomé en San Juan de Los Morros en el estado Guárico muestra la elegancia, maestría y belleza del gonzalito, cuyo nombre científico es Icterus nigrogularis y en inglés es llamado Yellow Oriole. En ella se resalta el amarillo intenso de su plumaje, en contraste con el negro de su afilado pico, de sus  alas, garganta y del  antifaz que bordea sus ojos;  captado en un momento en el cual tejía con el pico su nido, todavía inacabado, pero ya vislumbrándose su forma ovalada en armonía con la hoja de palma, que hace como marco a la sutil escena. También esta imagen evidencia algo que no podemos ver a simple vista y que está presente en ese instante, dirigiendo armoniosamente el comportamiento silvestre y libre de un gonzalito: son sus patrones innatos que desarrolla desde que  nace hasta que es adulto, como  los son el instinto de protección, de  supervivencia y reproducción, los que lo llevan a tejer magistralmente.

Por: Blanca Allegra


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