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Posada La Bravera / Fotografía: Alberto Blanco
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ESTANCIA LA BRAVERA

Álvaro Montenegro

 

La Estancia La Bravera es el Jardín Botánico Satélite del estado Mérida y el paraíso de los colibríes, por lo que prácticamente no debes ni salir de la posada para conocer las maravillas del bosque nublado. Si tu preferencia es la naturaleza, el trato amable y la comodidad, no lo pienses dos veces para hospedarte en este extraordinario santuario. 

 

Santuario de la naturaleza y de la cordialidad

 

El otro día un amigo que no viaja por Venezuela desde hace tiempo me preguntó: “Cómo están las posadas en Mérida?” y después de que le expliqué que están mejor que nunca, que son muchísimas y que en el Estado hay posadas para todos los gustos y presupuestos, me dijo: “¡Qué buena noticia! ¡Recomiéndame entonces una para la observación de aves y que sea un verdadero santuario para la naturaleza!”.

 

Enseguida pensé en la Estancia La Bravera, ubicada en un bosque nublado hermoso llamado San Eusebio, en la carretera que conduce de Jají a La Azulita, a más de 2 300 metros sobre el nivel del mar, muy cercano al Parque Nacional Sierra de La Culata. La posada está enclavada en una de las zonas con mayor diversidad de aves en Venezuela, con aproximadamente 456 especies registradas, de las cuales unas 200 especies se reportan en La Bravera y sus alrededores, y algunas de ellas son endémicas, es decir que sólo allí se encuentran.

 

Le comenté a mi amigo que pasé unos días maravillosos en La Bravera, compartiendo con sus propietarios, el sereno e inteligente ingeniero Jorge Bravo, y su adorable esposa Ivón. Le contaba que al entrar en este mundo mágico, lo primero que uno encuentra es una subida fuerte rodeada de vegetación, que tiene a los lados unas cabañas preciosas. Arriba está la casa principal de la posada, con un gran patio y un agradable caney sin paredes, que sirve de comedor, bar, cocina y es como un gran palco para observar las 12 especies de colibríes que allí habitan.

 

Le explicaba que yo no podía creer la cantidad de estos pajaritos que revoloteaban  alrededor de unos envases especiales para alimentarlos que Jorge colocó a un lado del comedor para deleitar a sus huéspedes, pudimos contar hasta más de 30 ejemplares de tucusitos volando y posados a tan sólo dos metros o menos de distancia. Le conté que conversando felices, sentados en la mesa con un café bien caliente para compensar los 11ºC de temperatura que había en el ambiente, contamos más de diez especies de colibríes volando como enloquecidos por el jardín. Alberto Blanco, quién sabe muchísimo de eso, anunciaba los nombres de cada una de las especies -“ese es el colibrí coludo azul, ese otro es el terciopelo, aquél es el inca acollarado, ese otro es el ángel del sol cuelliocre, aquel es el orejivioleta verde…” y así prosiguió hasta contar más de diez especies. Jorge le anotaba que el que estaba más alejado era el estrella cuellirojo y que el ángel sol de Mérida se acababa de ir. Mientras la conversación de los expertos se complicaba, Ender Jáuregui y mi persona (casi hipnotizados por esa especie de aquelarre que nos brindaba la naturaleza) nos dedicamos a tomar fotografías de los colibríes muy de cerca, en las posiciones más extrañas, casi tocándolos con el lente.

 

Nunca supe si esa ausencia de temor en los colibríes era por el hambre, por el ambiente virgen y a la vez mágico en el cual viven, o por la costumbre de estar cerca de las personas. Lo cierto es que los pajaritos se nos acercaban y nos rozaban con sus alas en un espectáculo fascinante que parecía sacado de un cuento imposible.

 

Absortos con tanta emoción, y después de disfrutar de los exquisitos platos que el mismo Jorge e Ivón preparan, nos fuimos a hacer una excursión a la Sabana del Suare, allí mismo dentro de la hacienda. Pasamos por un sendero de interpretación de bosque nublado que acomodaron los propietarios con la ayuda del programa Bio Andes de la ULA y los profesores Dra. Michelle Ataroff y Dr. Pascual Soriano. El recorrido es precioso, repleto de bromelias, helechos, musgos, orquídeas y calas, con una pequeña cascada incluida. Al final del sendero salimos a una sabana muy abierta llena de colinas y frailejones, al pie del páramo del Tambor. Como el día estaba despejado pudimos ver a lo lejos la Sierra Nevada de Mérida, con sus cinco Águilas Blancas llenitas de nieve como en un cuento de niños, y por el otro lado el imponente Lago de Maracaibo, plácido a los pies de la cordillera.

 

Otro de los regalos naturales de La Bravera es que, por un Convenio firmado con la Fundación Jardín Botánico de Mérida, la Estancia La Bravera (desde el año 2010) es Jardín Botánico de Selva Nublado. Lo que la convierte en Jardín Botánico Satélite del estado Mérida. Los visitantes podrán apreciar la identificación de todas las plantas de los alrededores de la posada, en dónde los especialistas han registrado 121 especies de plantas superiores.

 

Para esbozar una idea de la joya natural que representa este mágico lugar, mencionaré algunas de sus bondades: se han identificado 456 especies de aves en su entorno. Posee 12 hectáreas de Bosque Nublado Andino para su conservación como Reserva Privada (se pueden visitar sin salir de la estancia). Se encuentra al pie del Páramo El Tambor, lugar de especies animales y vegetales únicas en el mundo. Este entorno es el hábitat de la endémica Ranita Amarilla de La Carbonera considerada probablemente extinta. La zona constituye el primer lugar del planeta con mayor diversidad y densidad de plantas epífitas, con más de 100 especies de orquídeas y bromelias. Por si fuera poco, cuenta con la presencia del Oso Frontino, única especie de oso de América del Sur, y por ello pueden verse sus rastros de vida.

 

La recomendación a mi amigo concluyó con unas palabras del observador internacional de aves David Fisher: “La Bravera es el único lugar de Venezuela donde puedes observar aves dentro de la posada”. En fin, pasamos dos días en uno de los lugares más mágicos y deliciosos que he visitado en Venezuela, es uno de esos lugares que obligatoriamente hay que ir a visitar.

  

CÓMO LLEGAR: Desde la ciudad de Mérida se toma la vía al pueblo de Jají. Una vez que llegas a la bomba de la entrada a Jají, tienes que seguir por la vía al pueblo de La Azulita. Son 18 kilómetros desde allí, pero debes ir despacio porque la carretera no permite apuros. En total, el trayecto desde la ciudad de Mérida hasta la posada toma un poquito más de una hora.

 

COORDENADAS: La Estancia La Bravera es una posada bella, sin pretensiones, encantadora y enclavada en un lugar mágico. La arquitectura de las cabañas está en perfecta armonía con el entorno.

 

GPS: N 08º 38’ 29,4” – W 71º 23’ 1,0”

Reservaciones: (0212) 978.26.27

Website: www.estancialabravera.com.  

Les recomiendo su página, es el sitio web de posada más completo que he visto, con muchísima información técnica de la zona.

 

NO OLVIDES: Tu cámara fotográfica, porque los paisajes y las aves son ideales para capturarlos con el lente. Llevar pantalones largos, franelas, camisas manga larga y un buen suéter para la noche, y si te hace falta más abrigo en la posada te proveen de unas ruanas que te quitarán todo el frío. Trae dos pares de zapatos, unos cómodos que sirvan para estar en la posada, y unas botas para caminar por los alrededores. Mete en tu equipaje una linterna, binoculares -si tienes- y protector solar.

 

Por: Álvaro Montenegro
www.alvaromontenegro.com
En Twitter: @alvaromont


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