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Ilustración de Gallitos de las Sierra (Rupicola peruviana) / Fotografía: Angel Ulloa
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El Gallito de Las Sierras

Alejandro Luy

 

El Gallito de las Sierras es único de Suramérica y una de las especies de aves más exuberantes presentes en el país, sus rituales nupciales no dejan de ser menos impresionante que su belleza física. Sin embargo, debemos actuar de manera inmediata para la conservación de su hábitat y aportar conocimientos sobre su ecología e historia natural.

 

Cuando apareció la primera edición del reconocido libro A Guide to the Birds of Venezuela (Una Guía de las Aves de Venezuela) de William H. Phelps Jr. y Rodolphe Meyer de Schauensee, editado en 1978 por Princeton University Press, lo que se sabía del gallito de las sierras (Rupicola peruviana) en Venezuela era bastante poco, contrario a lo que sucedía con el gallito de las rocas (Rupicola rupicola). Este último ya era ampliamente conocido y había sido fotografiado en múltiples ocasiones en todo el territorio ubicado al Sur de río Orinoco. 

 

En el mencionado libro, apenas se señalaba que el gallito de las sierras habitaba en el estado Táchira, en San Cristóbal. Luego, en 1982, la comunidad ornitológica conoció, gracias al libro de David Snow sobre las Cotingas (Snow, D. 1982. The Cotingas. British Museum Press, London), que el Museo Británico de Historia Natural (hoy Natural History Museum) tenía entre sus colecciones dos machos de la especie provenientes de la localidad de “Mérida” capturados en el siglo XIX. Pero a finales de los años 80’s, observadores de aves, organizaciones no gubernamentales y el Ministerio del Ambiente, conjugaron conocimientos y esfuerzos para “reencontrar” y proteger al gallito de las sierras.

 

A finales de 1988, el Servicio Autónomo de Fauna (Profauna) del Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables recibió de la Sociedad Conservacionista Audubon de Venezuela su preocupación por la deforestación en el Camino de San Isidro, en los límites de los estados Barinas y Mérida, muy cerca del Parque Nacional Sierra Nevada, donde observadores de aves habían avistado ejemplares del Rupícola peruviana

 

Por tal razón, el 14 y 15 de enero de 1989, Mary Lou Goodwin y Clemencia Rodner, en representación de Audubon, María Rosa Cuesta por Bioandina, Deborah Bigio, Frank Espinoza y quien suscribe (Alejandro Luy), por Profauna, junto a otros observadores, viajamos hasta la región para certificar los problemas señalados y la posible existencia del ave.

 

Tanto el gallito de las sierras, como el gallito de las rocas, constituyen las dos únicas especies de la Familia Rupicolidae, la cual solo se encuentra en Sur América. La primera especie habita en las áreas boscosas de la Cordillera de los Andes, desde Bolivia hasta Venezuela, mientras que el gallito de las rocas se encuentra al Sur del Orinoco en Venezuela, las Guyanas, Brasil y el este de Colombia. En ambas especies, los machos presentan colores muy atractivos, que van desde anaranjado intenso, hasta rojizo, en algunas sub-especies del gallito de las sierras. En contraste, las hembras presentan plumajes marrones, poco llamativos.

 

En el Camino de San Isidro, pudimos observar los efectos de la deforestación realizada por lugareños para reestablecer ciertos cultivos. Pero también logramos ubicar a una pequeña población de gallito de las sierras. Con el objeto de capturar y fotografiar al menos un ejemplar, colocamos una malla de neblina en un paso natural de aves. ¡El éxito fue casi inmediato!

 

Un macho fue capturado y durante su manipulación defecó, lo cual permitió un análisis posterior de sus heces. En estas encontramos semillas de una sola planta identificada luego como Hedyosmun glabratum, de la familia de las Clorantáceas.  En 1994, junto a Deborah Bigio publiqué una nota en la revista Ornitología Neotropical, destacando este descubrimiento, el cual constituía el primer reporte de consumo de una especie de Clorantacea por parte del gallito de las sierras.

 

Es así como a partir de 1989, y luego de un trabajo conjunto de conservacionistas y autoridades, se pudo reencontrar una de las especies de aves más hermosas presentes en el país, actuar para la conservación de su hábitat y aportar conocimientos sobre su ecología e historia natural.

 

Artículo por: Alejandro Luy / Fundación Tierra Viva

www.tierraviva.org

 

 

Rupicola peruviana: nuestra ave del paraíso venezolana.

 

Alberto Blanco Dávila / Grupo Río Verde

 

El gallito de las sierras o gallito andino es, sin duda alguna, una de las especies de aves suramericanas más espectacular que hay, y una de las especies más preciadas y buscadas por los observadores de aves, ornitólogos y naturalistas de todas partes del mundo. Su belleza y comportamiento puede casi compararse a las espectaculares “aves del paraíso” de la isla de Nueva Guinea en el Pacífico Sur.

 

Identificar al gallito de las sierras no resulta una tarea muy difícil. En estado adulto mide entre 30 a 38 cm, los machos son de color rojo encendido y cuando vuelan parecieran una bola de fuego cruzando de un árbol a otro, sus alas y cola son negras intensas y en su parte superior posee plumas anchas de color gris. Poseen una espectacular cresta en forma de disco de color rojo que les llega al pico. Las hembras, en cambio, no son nada llamativas. Son de un color apagado y con una cresta pequeña; esta condición se conoce como “dimorfismo sexual”, que es la diferencia entre formas, tamaños, colores y comportamientos entre machos y hembras de una misma especie. En la mayoría de los casos en las aves, encontramos que los machos gozan de un gran colorido y belleza cuya función es atraer a las hembras; en cambio, las hembras son de un color opaco para pasar desapercibidas entre los depredadores cuando están criando a sus pichones.

 

Los gallitos andinos se alimentan de diferentes tipos de frutas y semillas, las cuales  son digeridas para luego ser dispersadas en el bosque y ayudar así a la preservación y estructura de su entorno ecológico. A pesar de ser un ave muy llamativa y fácil de identificar, es una especie muy difícil de encontrar, debido a que es muy esquiva y vulnerable ante la presencia humana.

 

Una de sus tantas singularidades es que en época reproductiva se reúne un gran número de machos en un área específica del bosque, estos limpian la hojarasca del suelo y montan todo un despliegue nupcial. Mientras tanto, las hembras permanecen posadas en ramas cercanas admirando la exhibición de la danza de cortejo de los machos en el sustrato de la selva. Es un ritual digno de ver, se trata de toda una coreografía de bailes ejecutada por los machos de la especie. Posteriormente, las hembras eligen a los machos con los que se aparearán. El sitio donde ocurre esta actividad es llamado “Lek”.  Las hembras son las encargadas de todas las diligencias del anidamiento.

 

 

¡Tenemos que conservar!

 

Lamentablemente se ve con mucha frecuencia la venta de artesanías con adornos hechos con la cresta y plumas del Gallito de las Sierras, es importante crear conciencia para que no se compre ningún tipo de artículos que estén hechos con partes de animales silvestres, ya que al comprarlas se está promoviendo la matanza y captura de muchas especies que están en peligro de desaparecer para siempre. Además, la pérdida del hábitat y la fragmentación de los bosques están causando una gran disminución en las poblaciones de esta y de muchas otras especies.


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