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Escolopendra / Fotografía: Daniel Llavaneras

Peligrosidad voraz

Daniel Llavaneras

 

“Encontré este bicho cerca de mi casa, te lo traje antes de que lo mataran”. Así fue como me entregaron este fantástico ejemplar de Scolopendra sp. Como regla general, no me gusta tener mascotas; prefiero ver a estos animales en su hábitat natural. Sin embargo, no lo podía soltar cerca de mi casa, ya que es una especie que no se encuentra en la zona donde vivo. Decidí esperar a viajar al sitio donde la consiguieron para soltarla; mientras tanto, le construí un terrario. La alimentaba con insectos, y observaba como los cazaba.

 

Su agilidad y velocidad eran increíbles a la hora de atacar a su presa. Podía girar en una fracción de segundo, y una vez que atrapaba al insecto no lo soltaba hasta terminar de devorarlo. Estaba fascinado con su destreza, y quería fotografiarla de cerca. Tras un par de semanas y unas quinientas fotos, todas eran de vista dorsal o dorsolateral, y quería una perspectiva nueva. Gran parte de mis fotos de artrópodos las tomo para ilustrar mis clases de biología animal, y necesitaba una vista ventral de la cabeza de este ejemplar.

 

Un día, una tara (Orthoptera: Tettigoniidae) se metió accidentalmente en el terrario. A los pocos minutos, ocurrió lo esperado: con un rápido movimiento la escolopendra le inyectó veneno y comenzó a devorársela. Pero esta vez su ubicación fue distinta; en vez de acercarse a los bordes del terrario para alimentarse (que era lo habitual), se quedó sobre una piedra en el centro del mismo. ¡Era una oportunidad que no podía perder para fotografiarla!

 

Preparé mi cámara y el flash (una Canon XTi, lente macro 100mm y flash de anillo), con mucho cuidado metí la mano dentro del terrario y tomé la piedra con mi mano izquierda, mientras tomaba fotos con la derecha. Al ver que la escolopendra no reaccionaba al movimiento y a la luz del flash, roté la piedra hasta poder ver el aparato bucal mientras trituraba la pata de la tara. Era la foto que estaba esperando. Las manos me temblaban de los nervios; estaba sudando y respirando corto; un movimiento en falso y la escolopendra podría atacarme. Me acerqué todo lo que pude, tomé varias fotos y lentamente coloqué la piedra lentamente en el terrario. Al retirarme, la escolopendra terminó de comer y se retiró a una esquina del terrario, mientras que yo respiré tranquilo y satisfecho por haber logrado la foto que quería.

 

Aún ahora, cuatro años y más de 30.000 fotos después, esta sigue siendo una de mis favoritas, tanto por lo impresionante del ejemplar como por la dificultad de la toma.

 

ADVERTENCIA: Las escolopendras son animales venenosos, agresivos y extremadamente rápidos. Su manejo únicamente debe ser realizado por profesionales.

 

Fotografía e historia: Daniel Llavaneras

 @dllavaneras

 


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