Iniciar Sesión / Compra de Revistas
Correo:
Contraseña:
¿Olvidastes tu contraseña?
¿Aún no tienes una cuenta? Suscríbete
Monte Roraima / Fotografía: Charles Brewer-Carias
  • 1
  • 2
  • 3

RORAIMA, Madre de todos los ríos

Charles Brewer-Carias

 

El Monte Roraima ha sido llamado de diferente manera según al gusto de los diferentes cronistas, y nombres como Roroima, Dodoima y Roroyima, han sido escritos por quienes han explorado esta montaña. Sin embargo, toda la serranía que hoy llamamos “Los tepuyes orientales”, fue conocida como RORAIMA por Sir Robert Hermann Schomburgk, el primer explorador que la vio en Noviembre de 1838 y, quien entonces empleó el papel que cubría una lata de galletas para hacer el dibujo con el cuál dejó constancia de su descubrimiento (19, p.312). Pero Schomburgk no llegó hasta allí por casualidad (18, p.2); sino por haber seguido cuidadosamente la información que Sir Walter Ralegh había escrito en un libro publicado en 1596 y donde hacía referencia a una montaña con forma de meseta v desde cuya cumbre se desprendían unas cascadas (17, p.66).

 

La descripción que hizo Ralegh de aquella montaña insólita impresionó en su tiempo no solo a la Reina Isabel y a los que entonces lo habían apoyado en su empresa para encontrar El Dorado; sino también a su enemigos, quienes consideraron aquel testimonio como evidencia de sus supuestas mentiras, y entonces aquella montaña imposible que él conoció como Wacarima, fue empleada para desprestigiarlo y llevarlo al cadalso en 1618.

 

Sin embargo, casi doscientos cincuenta años después de aquella injusta decapitación de Sir Walter, el extraordinario geógrafo Sir Robert Schomburgk, considerado el explorador mas prolífico que haya recorrido las selvas de Suramérica; se tomó el tiempo necesario para leer bien el texto del libro “The Discoverie” publicado por Ralegh en 1596, y compararlo con los conocimientos geográficos del s. XIX  Llegando a la conclusión de que, aquel explorador isabelino, quien además había sido el hombre del renacimiento inglés mas brillante de su época y coetáneo de Shakespeare, no podría haberse atrevido a engañar a su reina, ni haberse equivocado cuando describió lo que había visto y oído durante sus exploraciones por el río Orinoco y el río Caroní en 1595. Entonces Schomburgk, con una gran devoción y respeto por lo que había escrito Ralegh, decidió viajar a América para buscar la imposible montaña que este habría descrito, y que se encontraría en la misma región donde el “empecinado” Antonio Berrío le había informado a Ralegh en 1595, que también muy cerca de esa montaña se encontraría el Lago Parima y la mítica Ciudad de Manoa, considerada la residencia fija del Príncipe Dorado (16).

 

Lo que dijo Sir Walter Ralegh

La información que divulgó Sir Walter Ralegh mediante su extraordinario libro “The Discoverie of the Large, Rich and Beautiful  Empyre of Guiana” en 1596, permitió que el mundo entero conociera por primera vez la existencia de las riquezas de la región de Guayana; ya que hasta entonces, toda información sobre lo que encontraban los conquistadores españoles en América se consideraba secreta y no podía ser publicada sin haber pasado antes por un riguroso examen, con el propósito de que no se filtraran datos que pudieran despertar la ambición de las demás potencias europeas.

 

A continuación presentamos el testimonio con el que Ralegh describió aquella montaña que resultaría imposible de comprender en 1596; pero que ahora identificaríamos inmediatamente como un “tepuy“.

 

“En el  río Winicapora (Caño San José), fui informado sobre la Montaña de los Cristales, pero a decir verdad, debido a su lejanía y a lo inconveniente del clima de la estación; no pudimos llegar hasta ella. Sin embargo, desde lejos pudimos apreciar que la montaña lucía como una iglesia blanca de altura exagerada, desde cuya cumbre se desprendía un gran río que sin tocar el flanco de la montaña caía provocando un gran ruido, como si 1000 campanas  muy grandes chocaran entre sí. Yo pienso, que en ninguna parte del mundo haya una cascada tan extraña y asombrosa. Berreo (Don Antonio de Berrío) me dijo que allí había diamantes y otras piedras preciosas que se ven brillar desde lejos. Pero yo no sé lo que hay en esa montaña, ni tampoco él ni sus hombres, ya que no  han podido subir hasta su cumbre debido a que los pueblos que viven en la vecindad son enemigos (como realmente lo son) y debido a ello no pueden pasar”.

 

“Después de descansar en este río fuimos por tierra hasta un pueblo también llamado Winecapora, donde el jefe llamado Timitwara me ofreció conducirnos hasta esa montaña que se llama “Wacarima”, pero entonces ellos tenían una gran fiesta…   …nos dieron a comer piñas y…. se emborracharon…” etc . (17, p.66).

 

Uno de los detalles que nos ha resultado extremadamente curioso en este párrafo formidable del libro de Ralegh, es que el nombre de “Wacarima” con el que identifica la Montaña de los Cristales, se parece mucho a “Iwalkarima” (19, p.319), y a “Iwalecalima” (15) , que es uno de los nombres que los indígenas Arekuna (Pemón) le dan al Monte Yuruaní; que es otro de los tepuyes que comparten la serranía que Schomburgk identificó como Roraima en 1838. Otra cosa coincidencial también señalada por Schomburgk (19, p.319), fue que desde la cumbre de una de esas mesetas de la “Serranía del Roraima” que ahora conocemos como Kukenam, se desprende un salto que se aprecia desde mucha distancia, y que durante algunos años se creyó que sería tan alto como el Salto Angel hasta que, este último fue medido en 1949. Sobre el significado del nombre “Roraima”, el explorador Boddam-Whetham, quien intentó llegar a la cumbre en 1877, dijo que ese  nombre se traduciría como: “Madre generosa de todos los rios” (1, p.229), mientras que la exploradora Cecil Clementi  aseguró en 1916 que significaba “Padre de los Rios” (11, p.199) y Koch-Grünberg informa que los Taulipang  (Pemón) que vivían en la región consideraban al Roraima como cuna de la humanidad y donde había vivido Makunaima, el héroe de su tribu que en su insensatez derribó al árbol que cargaba todos los frutos buenos del mundo (15, p. 123).

 

Descubriendo cosas en el Roraima

La extraordinaria vegetación endémica que se ha desarrollado los tepuyes no constituía para  nosotros una novedad cuando realizamos la primera exploración en la cumbre del Roraima en 1976, debido a que junto al gran botánico Julian Steyermark ya habíamos colectado plantas y animales en el Cerro Ichum en 1961. En 1965 habíamos colectado en la pared de Sarisariñama una Navia sp. que resultó nueva (21). En 1971 dirigimos la primera exploración a la cumbre del Cerro Autana para colectar plantas y ranas, además de explorar y descubrir una cueva que atravesaba esta montaña de un lado al otro y que resultaría la más antigua del mundo (5). Poco después, en 1974 descendimos, exploramos y descubrimos las grandes “Simas” que se hunden en la cumbre de la meseta de Sarisariñama donde, acompañados por los botánicos  Julian A. Steyermark y G.C.K. Dunsterville y un equipo de 15 científicos, dimos a conocer mediante diversas publicaciones, las plantas y animales desconocidas que durante milenios se habían guarecido en el fondo de aquella oquedad magnífica, considerada la mayor  cavidad del mundo en roca cuarcita (9), (22).

 

Como estábamos movidos por el afán de explorar tepuyes y descubrir las cosas nuevas y extrañas que se desarrollaban en esas “Islas en el Tiempo”, que fue como las llamé en 1974 (4); habíamos pensado en posponer la exploración de la cumbre del Roraima en forma indefinida; ya que considerábamos que esta meseta emblemática que había dado origen al término “Mundo Perdido”, ya había sido estudiada por una docena de exploradores. Sin embargo, fuimos invitado sal Roraima por el astrónomo Georges Pantchenko y el Ing. Jordi Cardona, quienes formaban parte de la Comisión Mixta para la demarcación de las fronteras; y durante esa primera exploración nos dimos cuenta como aquella topografía donde crecían las plantas que habían asombrado a los naturalistas que nos habían precedido; aún no estaba bien explorada.

 

Fue entonces a partir de aquella expedición cartográfica y gracias al continuo apoyo que tuvimos de los helicópteros UH-1-H que había adquirido la Fuerza Aérea venezolana, que decidimos organizar una serie de expediciones para buscar las plantas y animales que aún no habían sido descubiertos en el Roraima y en las cumbres de los tepuyes vecinos que jamás habían sido visitadas. Por esta razón tuvimos que inventar nombres con los cuales identificar lugares nuevos, además de plasmar en imágenes lo que fuimos encontrando. Esto tuvo consecuencias buenas y malas, según quien lo juzgue; ya que a partir de la publicación de nuestras observaciones en aquel libro pionero que titulamos “Roraima la montaña de Cristal” (7), y en otro que titulamos “La Vegetación del Mundo Perdido” (6); surgió toda una generación de excursionistas y exploradores nacionales y foráneos, quienes hasta la aparición de estos libros ignoraban la existencia de ese “Mundo Perdido” que anualmente van a visitar los miles de turistas que suben al Roraima. Y fue precisamente así, como unos turistas Checos amigos nuestros, descubrieron apenas a 8 metros del sendero mas trillado un extensísimo sistema de cavernas que se abre paso por debajo de la superficie de la montaña y que bautizaron como la cueva “Ojos de Cristal”, porque observaron allí  unas “marmitas” rellenas con cristalitos de cuarzo (10).

 

El Foso y el Valle de los Cristales

Cuando continuamos con nuestras exploraciones en el Roraima, nadie sabía que en su cumbre habría un “Foso” como resultado del hundimiento de una pequeña caverna, dentro de la cuál casi caímos mientras caminábamos extraviados por la niebla, acompañados por Tomás Felipe Blohm, Dennis Brewer y Allan Brewer Leal, quienes en enero de 1977 fungían como asistentes en una ambiciosa expedición (7, p.135). En aquella oportunidad, los miembros principales fueron: Volkmar Vareschi, quien fue nuestro profesor de Sociología Vegetal; el famoso geólogo Santosh Kumar Ghosh que durante esa expedición determinó la procedencia de las arenas de los tepuyes; el herpetólogo Roy Mc Diarmid que describió la manera como unas ranas “empollaban“ sus huevos; el naturalista Leopoldo García Berrizbeitia interesado en todo, y el famoso botánico Francisco Delascio, quien avaló la colección de plantas con su nombre. El descubrimiento del foso quedó documentado en el libro Roraima y con la filmación que dirigió Edgar Cherubini Lecuna.

 

Otra cosa que tampoco se conocía era la existencia del ahora maltratado “Valle de los Cristales” (recordemos a Ralegh y su montaña de los Cristales), de donde los que construyeron el Hito que marca las tres fronteras obtuvieron los cristales de cuarzo para escribir los nombres de Venezuela y Brasil (Nota: en el lado de la pirámide correspondiente a la Guayana Inglesa había una pesada placa de bronce que se encuentra en mi poder desde que esa nación dejó de ser colonia y cambió de nombre). Tampoco alguno había reparado en la “Piedra del Mono”, que consideramos como el faro natural que constantemente empleamos para orientarnos. De igual manera tampoco se había considerado que las esculturas formadas por las rocas que hay en la cumbre y que en la mente de cada observador evocan en animales y objetos de toda índole; no habían sido esculpidas por el agua, sino por el viento. Expongo esto, porque no fue sino el 10 de diciembre de 1993, cuando conduje a David Attenborough para que  filmara las tres distintas plantas carnívoras del Roraima y las incorporara a su serie “The Life of Plants”; cuando él nos señaló un depósito de arena seca como evidencia de que aquellas esculturas representaban “yardangs”. O sea, rocas esculpidas por el viento que estuvo cargado de arena, cuando esas altas mesetas formaban parte de un desierto frío y seco (10, p.62). Y además, que estas cumbres pudieron ser colonizadas por plantas adaptadas a la humedad, después de que el clima desértico y la temperatura cambiaron hace apenas unos 8.000 años; como fue encontrado  por Carlos Schubert que participó en las expediciones dirigidas por Otto Huber al Chimantá . (20).

 

El Lago Gladys

En otra de las 20 exploraciones o mas que hemos hecho en la cumbre del Roraima, encontramos señales de que algún indígena proveniente de Guyana habría pasado al lado de un pequeño lago en busca de los cristales de cuarzo del tipo “Morono“ que ellos emplean para exorcismos. Sin duda que este desconocido se habría dirigido a  “The Diamond waterfall” (La cascada de los Diamantes) como lo documentó el herpetólogo y fotógrafo Adrian Warren recién fallecido; que es como se habría conocido desde tiempos precolombinos ese vertedero por donde el río Paikwa se despeña desde la cumbre del Roraima para abrirse paso por la selva hasta encontrar el mar por vía de la cuenca del río Esequibo. Pero aquel pequeño lago olvidado y anidado en la “Proa” que queda al extremo Norte de la montaña, no había sido mencionado antes. Por lo que al explorarlo por primera vez, decidimos llamarlo con el mismo nombre que Sir Arthur Conan Doyle, el autor the Sherlock Holmes, sugirió cuando imaginó su existencia y mencionó el lago en su novela “The Lost World” (12).

 

Digo que Doyle había imaginado la existencia del lago; porque ese famoso escritor de Sherlock Holmes y de la novela “El Mundo Perdido”, nunca estuvo en el Roraima. Y tampoco conocieron ese lago Sir Everard Im Thurn o Harry I. Perkins; quienes fueron los primeros que alcanzaron la ansiada cumbre el 18 de diciembre de 1884 y quienes inspiraron a Doyle para que escribiera su novela en 1912. Esto, porque el lago queda a dos días de camino de donde ellos estuvieron y, porque estos exploradores pioneros no resistieron durante mas de 4 horas el frío y la humedad de la cumbre del Roraima (14).

 

Sin embargo, el nombre Gladys surgió durante un diálogo que mantuvieron los exploradores imaginarios de aquella novela “El Mundo Perdido”; cuando al dibujar el mapa de “Maple-White Land” (que equivale al Roraima), vieron que aún quedaba en el centro del mapa un espacio en blanco para ubicar el lago de diez millas de circunferencia donde habían visto unos reptiles tan grandes como canoas. Entonces el Profesor Challenger se dio cuenta que faltaba por nombrarlo y le pidió al joven Malone que eligiese un nombre para bautizar el lago; ya que había sido él quien lo vio primero. Fue entonces cuando Malone, un poco sonrojado, sugirió el nombre de “Gladys” para recordar a su novia. Entonces el Profesor Challenger le dijo a los presentes: “Los muchachos serán siempre muchachos….!que el lago se llame Gladys!”  (Lake Gladys let it be) (12- p.114).

 

Sin embargo, a pesar de haber bebido agua en este lago real que llamaríamos “Gladys” en nuestro libro “Roraima la montaña de Cristal” (7, p.55); de haber dormido sobre la roca en carpas; de haber permanecido absorto ante el color rojo de las hojas de los árboles de Bonnetia roraimae que describió por primera vez Im Thurn (13). Crecen en su orilla; y haber puesto atención durante horas a la actividad de los zancudos que se posaban en los nectarios de las plantas carnívoras Heliamphora nutans; inocentes ellos que después de haber comido pudieran resultar comidos; no lo vimos. Y no fue sino en el año 1990, cuando nuestro amigo José Miguel Pérez y mi hijo Charles pasaron al lado del lago durante una expedición en la que lograron atravesar las grietas que impiden el paso hacia la “proa”, cuando encontraron a nivel del agua la boca de una cueva que se extendía por debajo del puente rocoso que separa al par de lagos que llamamos Gladys.

 

Como resultó entonces una caverna inexplorada, ellos la bautizaron como “La Cueva de los Vencejos” debido a que encontraron en su interior un nido de estos pájaros. Sin embargo, aquel avistamiento que resultaría un importante descubrimiento para la geografía de esta montaña se mantuvo “in pectore”  durante 21 años; esperando para ser transformado en un “descubrimiento”. Y esto tuvo lugar cuando la foto y el dibujo que hicieron Charles y José Miguel respectivamente salieron impresos para la posteridad en la pagina 115 de nuestro reciente libro: “Entrañas del Mundo Perdido” (10).  Ese fue el protocolo.

 

Artículo por: Charles Brewer-Carias


El Alcaravan
El Alcaravan
El Puma En Venezuela
El Puma En Venezuela
La Caverna más antigua del mundo
La Caverna más antigua del mundo

Fotografías e historias de nuestros lectores


Neoplastika
Alfer rioverde