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Yaguar en el estado Amazonas / Fotografía: Ernesto O. Boede
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El Yaguar, el felino más grande de América

Rafael Hoogesteijn

 

 

Aunque eviten al hombre y jamás lo consideren su presa, el yaguar continúa despertando toda una gama de emociones que transitan de la más profunda admiración hasta el terror más infundado.  Lo cierto es que guardan un extraordinario parecido con nosotros y aun así lo hemos llevado al límite de la extinción, actuemos ahora o su belleza quedará para la historia.  

 

Artículo por: Rafael Hoogesteijn, Ernesto O. Boede y  Almira Hoogesteyn 

 

El yaguar, jaguar, tigre americano o cómo se le conoce científicamente Panthera onca, es el tercer felino más grande del mundo; constituye el depredador tope de los ecosistemas latinoamericanos en los cuales habita desde el nivel del mar hasta alturas de aproximadamente 2500 m. Prefiere áreas boscosas en las cercanías de cursos de agua donde encuentra protección y abundantes presas. Frecuentemente, es confundido con el tigre asiático (y rayado) y también con el leopardo de África y Asia (donde es llamado pantera), de menor tamaño, construcción menos robusta y piel manchada; en cambio, la del yaguar tiene rosetas (una mancha en círculo encierra otras más pequeñas). También en zonas de alta humedad y temperatura existen ejemplares melánicos (jaguares negros).

 

El yaguar, en relación a su peso, es el más fuerte de los felinos y el que tiene la mordida más poderosa; generalmente mata a sus presas con un mordisco en la nuca o en la base del cráneo, mientras que los otros grandes felinos generalmente matan por asfixia con un mordisco en la garganta. Constituye el mayor carnívoro de las selvas tropicales americanas, depreda sobre las diversas especies de animales herbívoros (y otros carnívoros) que habitan en ellas (“efecto cascada”), y afectan así la ecología de las mismas. Estos bosques a su vez, especialmente los amazónicos, afectan las distribuciones de nubes y la precipitación que cae en gran parte del continente. Este concepto ha tomado últimamente más fuerza con el descubrimiento de los “ríos voladores” (y los vientos que los transportan), grandes masas de agua que son transportadas en forma de nubes desde el sistema amazónico, favorecen las grandes cosechas agrícolas de varios países suramericanos. Además, el jaguar puede intervenir (y prevenir) en la transmisión de enfermedades y zoonosis en las especies que constituyen sus presas.

 

Los felinos siempre han ejercido una gran atracción y el yaguar despierta emociones que van desde la fascinación y admiración hasta la rabia y el terror más irracional. Su presencia es intolerable para muchas personas porque los yaguares guardan semejanzas con los humanos, ambos tenemos el mismo tamaño aproximado, ambos somos depredadores formidables y, al igual que muchos humanos, los yaguares gustan, se alimentan y consumen ganado.  También se disputan de muchas de las presas naturales consumidas por ambas especies y son capaces de defenderse de los ataques del hombre. En la práctica, son los humanos los grandes perseguidores de los yaguares y por ello están desapareciendo.

 

LA PELIGROSIDAD DEL TIGRE AMERICANO

 

En el campo venezolano las conversaciones siempre recaen sobre “El Tigre”, no se habla de un tigre o de un yaguar sino de “El Tigre” como si se tratara de un ser mitológico que, por demás, forma parte de nuestro acervo cultural y folklórico. Aunque los yaguares pueden atacar para defender a sus cachorros, o a la presa de la cual se están alimentando -y pueden ser muy peligrosos si están heridos o acorralados en situaciones de cacería, ante la cual   cualquiera se defendería-, generalmente evitan al hombre y nunca utilizan al humano como fuente de alimento; a diferencia del león africano, del tigre asiático y del leopardo o pantera (infrecuentemente por edad o por heridas causadas por disparos). También los humanos somos habitantes relativamente recientes del nuevo continente, mientras que las otras especies de grandes felinos mencionadas evolucionaron con el hombre (J. Londoño, com. pers.).

 

Su peligrosidad ha sido muy exagerada, el primer autor en los Llanos de Venezuela y en el Pantanal de Brasil ha tenido más de una decena de encuentros caminando solo y desarmado y nunca ha experimentado una reacción agresiva de los yaguares encontrados, aunque es una especie con la que no se deben cometer imprudencias y hay que mantener la distancia. En zonas selváticas remotas (Amazonía) los yaguares, en ocasiones, siguen a los viajeros hasta que éstos salen de su territorio de ocupación. En contraste, anualmente los mosquitos matan millones de personas (por transmisión de enfermedades como la malaria y paludismo), las serpientes más de 125 000, y los perros domésticos más de 150.

 

LOS JAGUARES MÁS GRANDES EN VENEZUELA Y COLOMBIA

 

Este felino tiene enormes variaciones de peso, desde los pequeños yaguares centroamericanos de 40-50 kg, hasta los monstruos de El Pantanal (de Brasil, Bolivia y Paraguay), que muy ocasionalmente pueden llegar a los 150 kg. En las zonas de sabanas inundables como El Pantanal (Brasil, Bolivia y Paraguay) y Los Llanos (Venezuela y Colombia) se encuentran los ejemplares más grandes por la abundancia y diversidad de presas disponibles (los yaguares amazónicos tienen un tamaño intermedio). Su espectro de alimentación es sumamente variado (se han descrito más de 80 ítems diferentes en su dieta) y es un gran oportunista, desde roedores hasta caballos y ganado, incluyendo especies tan exóticas como osos palmeros (hormigueros gigantes), caimanes, anacondas, delfines de río, tortugas marinas y de agua dulce junto a sus huevos. En las zonas de sabanas inundables, la base de sus presas naturales consiste en babos (caimanes de anteojos), chigüires (capibaras) y las dos especies de báquiros cinchado y careto (cochinos de monte), en zonas selváticas se incluyen además cachicamos, perezas, lapas y venados.

 

Casi todas las culturas indígenas precolombinas, y la mayoría de las actuales, tuvieron al yaguar entre sus deidades más importantes y lo consideraban como un ícono, una representación de poder y fuerza que además actuaba como mensajero llevando informaciones a sus Dioses. Al igual que el humano, constituye un depredador de extrema competencia y astucia; simboliza la agilidad, el vigor, la velocidad y, sobre todo, el poder de la naturaleza. Así, se ha convertido en una especie de gran carisma para los programas de conservación. Al preservar al yaguar y las áreas naturales en que habita, se protegen también a todas las especies que conviven con él.

 

Fue Américo Vespucci el primero que, desde el descubrimiento de Las Américas, describió para la ciencia antigua, en 1500, al yaguar en tierras venezolanas. El vocablo “yaguar”, proviene de la palabra “yaguará”, del Tupí-Guaraní y significa “bestia salvaje que domina a su presa en un salto”; en los países de habla inglesa derivó en el nominativo “jaguar”. Los conquistadores españoles lo denominaron “tigre” (y de ahí erróneamente le vino su fama equivalente a la del tigre asiático), y los Portugueses “onça pintada”, para diferenciarlo del puma (“onça parda o suçuarana”).

 

HUMBOLDT Y LOS YAGUARES

 

Fue el científico alemán Alexander von Humboldt quien en el 1800, realizó un largo viaje por los ríos Apure y Orinoco en Venezuela, el que reportaría su increíble abundancia y con gran ahínco describiría sus experiencias con este gran depredador. Humboldt reporta encuentros prácticamente diarios con yaguares en todas las costas e islas, e inclusive, en algunas zonas tuvo que mudar su campamento hacia zonas más abiertas, asustado por las rondas y ronquidos de uno o más yaguares. En el Bajo Apure en El Joval, observó a un yaguar tan enorme, que le pareció más grande que todos los tigres asiáticos que había observado en las colecciones zoológicas europeas. En la región de Arichuna, zona de gran abundancia de yaguares, de caimanes o cocodrilos del Orinoco y de chigüires, los veía en las barrancas de las orillas acostados en la sombra de las grandes ceibas y samanes, sin molestarse mucho por la cercanía de su curiara, lo único que hacían era batir con gran fuerza de lado y lado su larga cola, eran retadores.

 

En el río Orinoco en la época de postura de la tortuga arrau, los yaguares las perseguían inclusive hasta dentro de las aguas llanas para voltearlas y comérselas y desenterraban los huevos que les eran también apetecibles. En el Brazo Casiquiare en el estado Amazonas perdería Humboldt a su fiel mascota, un perro Gran Danés, depredado por un tigre que rondaba de noche su campamento, y sin ellos darse cuenta siquiera, se llevó a este pesado can, sin dejar rastro alguno. Después en plena zona central, viajando con sus bestias de carga de la Hacienda Cura a Guacara, un tigre los siguió por muchos kilómetros, el baqueano trataba con sus gritos ahuyentar al gran felino, pero este únicamente lo evadía para aparecer por otro lado siempre buscando los caballos. Sin embargo a pesar de todos los encuentros que tuvo, Humboldt nunca temió a ningún depredador (léase yaguar, caimán u otros) ni a ningún indígena, tanto como a las inmensas nubes de zancudos, mosquitos y jejenes, que lo atormentaron durante toda su estadía en la zona como el mismo lo afirma.

 

Sin ir tan lejos, transportémonos al Valle de Caracas y las faldas del Ávila. En 1842 el botánico belga Jean Jules Linden, describiría como en su asenso a la Silla de Caracas se encontró de frente en pleno aguacero, con un enorme tigre entre los bambucillos, en el asiento de la Silla, entre los Picos Occidental y Oriental. También el pintor y botánico alemán Karl Ferdinand Appun a mediados del siglo XIX, narraba como los tigres lo acechaban de noche en sus campamentos en la Serranía de San Esteban, Estado Carabobo inclusive como uno de ellos cazó una pesada mula en la Cumbre del Hilaria, cerca de la posada donde dormía.

 

ABUNDANCIA Y MATANZA DE YAGUARES

 

A comienzos de 1950 la abundancia de yaguares en Venezuela era tal que, por ejemplo, un grupo de cazadores venezolanos y norteamericanos (con una jauría de perros entrenados), mataron 29 yaguares en 32 días y un total de 43 tigres y capturaron tres vivos, durante tres meses de cacería en un hato Barinés. A partir de esas últimas décadas hasta mediados de 1970 comenzó el auge del comercio de pieles de felinos a nivel mundial, incluyendo a los felinos de piel manchada (yaguares y ocelotes o cunaguaros) en tierras venezolanas. Las cifras de felinos masacrados en masa fueron espantosas. Brasil exportó, entre 1957 y 1969, 80.119 kilogramos de pieles de yaguar, equivalentes a unos 16.000 yaguares. Desde diversos países de América Latina se exportaron a EE.UU. un total de 31.104 pieles de yaguar entre los años 1968 y 1970.

 

Si cada yaguar subsiste en un territorio de ocupación que puede variar de 30 a 100 km2 (de 3.000 a 10.000 hectáreas) de hábitat adecuado, imagínense la magnitud de la masacre y en cuántos miles de kilómetros cuadrados no quedaron felinos sobrevivientes. En los últimos años del comercio peletero el tamaño de las pieles comenzó a disminuir (lo que significa que los adultos fueron exterminados y se estaban rematando los remanentes juveniles). En Venezuela este comercio fue declarado ilegal por los esfuerzos del Dr. Gonzalo Medina (q.e.p.d.) del Ministerio del Ambiente en la década de los setenta, pero nunca llegó a tener la envergadura que tuvo en los países vecinos. Se trataba de un negocio que era muy atractivo, la venta de una piel de yaguar equivalía a más de un año de sueldo de un vaquero, y obreros de hatos y fincas cazaban durante las noches “linterneando” y, generalmente, vendían las pieles a comerciantes y traficantes itinerantes colombianos, quienes las sacaban de contrabando al mercado internacional.

 

A finales de la década de los setenta la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y la Convención para el Comercio de Especies Amenazadas de Fauna y Flora (CITES por sus siglas en inglés) a través de acuerdos internacionales, declararon la prohibición de la cacería y el comercio de pieles; catalogando así al yaguar como especie en peligro de extinción al incluirla en el Apéndice I. Desde la década de los setenta fue declarado en veda por el Ministerio del Ambiente. El Libro Rojo de la fauna venezolana lo cataloga actualmente como vulnerable

 

 

EL CONFLICTO YAGUAR - HUMANO

 

Históricamente, el yaguar se distribuía desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina. En los últimos siglos hemos desarrollado o deforestado un 54% del hábitat disponible para yaguares y el hábitat utilizable por ellos se ha reducido en un 22% (está extinto en Estados Unidos, El Salvador y Uruguay). En Venezuela, en las zonas de selvas extensas al sur del Orinoco, sigue subsistiendo este magnífico felino, aunque tanto allí como principalmente al Norte del Orinoco, sus poblaciones se han visto muy afectadas por la expansión de la frontera agropecuaria (con deforestación de extensas áreas boscosas), la minería (legal, ilegal y artesanal), la ganadería y la caza furtiva del felino y sus presas que, por las deforestaciones, se ven desplazados hacia zonas marginales en donde son cazados con mayor facilidad.

 

Del mismo modo, en estas áreas de fuerte crecimiento demográfico, existe una cacería furtiva intensa que disminuye las poblaciones de presas del yaguar el cual entra en competencia con el hombre por ciertas especies de interés cinegético o de cacería de subsistencia; al disminuir sus presas naturales, la depredación sobre las especies domésticas aumenta. Esta actividad de depredación genera una respuesta de exterminio por parte del humano, quien se vale de todos los medios disponibles, incluyendo en envenenamiento de las presas. A través de su distribución grandes números de yaguares son matados todos los años por ser considerados una amenaza para el ganado y otros animales domésticos. La mayoría de los ganaderos aprecian tener yaguares en sus propiedades como una herencia natural y cultural de la que se sienten orgullosos, pero se ven compelidos a eliminarlos en casos de depredación continua. Además, la caza de yaguares por miedo, como demostración de valentía (y machismo), o como diversión “adrenalínica” es practicada en varias áreas rurales, aún en ausencia o con contados casos de depredación.

 

En Latinoamérica el conflicto ganado/yaguar se compone de tres aspectos. En primer lugar, la cacería de yaguares está legal y totalmente prohibida por todos los gobiernos (con la excepción de Belice, en el caso específico de yaguares depredadores de ganado). En segundo lugar, no existen los mecanismos legales, ni judiciales disuasivos, que impidan la cacería ilegal de yaguares, pumas y sus presas naturales, sometidas a una fuerte presión de cacería furtiva; además, las denuncias realizadas en ese sentido quedan prácticamente sin efecto. En tercer lugar, cuando un ganadero tiene un problema de depredación, aunque haga las denuncias a los entes oficiales, no quiera matar al felino y busque colaboración, no obtiene respuestas ni ayuda y se ve obligado a resolver el problema por sí mismo, tratando de matar a todos los felinos en el área. La política aplicada por muchos ganaderos hoy en día se puede resumir en las tres “S” en inglés: “Shoot, Shovel and Shut Up”, lo que quiere decir: “Mátalo, Entiérralo y Cállate la Boca” (agravado por el uso fácil e indiscriminado de tóxicos agroquímicos). Esto constituye el tratamiento de los síntomas, pero no resuelve las causas del problema.

 

Cada año hay rebaños de ganado que sufren pérdidas por ser matados por yaguares o porque los felinos son culpados de esas muertes. Sin embargo, las enfermedades abortivas, problemas de manejo, y el robo de ganado, son factores de pérdida infinitamente mayores, pero no cuantificados en ganaderías no organizadas. Afortunadamente, hoy en día contamos con una serie de estrategias antidepredación aplicables en fincas ganaderas.  Han sido desarrolladas por los autores y se encuentran disponibles en varias publicaciones para los interesados. Entre estas medidas figuran la protección efectiva al yaguar y a sus presas, el uso de la temporada de servicios, los encierros nocturnos, las cercas eléctricas, la utilización de los búfalos de agua, entre otras; todas ellas pueden ayudar a reducir este problema. Igualmente, organizaciones como Panthera y Wildlife Conservation Society  (Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre, WCS por sus siglas en inglés) están organizando, junto a ganaderos y conservacionistas, conferencias, mesas de trabajo y asesorías con el fin de apaliar  los daños anteriormente descritos.

 

El ecoturismo utilizado hoy en día en varias fincas ganaderas es otra gran solución, ya que la afluencia de turistas con interés en observar yaguares, ó signos de su existencia (huellas, presas, etcétera), proporciona un ingreso mucho mayor que las pérdidas por depredación, las cuales están estrechamente relacionadas con la abundancia de presas naturales. En hatos con ecoturismo donde las poblaciones faunísticas están vigiladas y protegidas, el nivel de depredación y pérdida es mínimo y viceversa. En este sentido el yaguar actúa como especie “bandera” para el ecoturismo, el cual está generando excelentes ingresos a las poblaciones locales en varias áreas del Pantanal Norte de Brasil. Biólogos y conservacionistas se han dado cuenta de que se puede, y se debe, trabajar con los ganaderos en este sentido. Dentro del paradigma de la resolución de conflictos, biólogos y conservacionistas tienen que entender que los ganaderos no son sus enemigos. Muchos de ellos se han tomado la responsabilidad durante varias generaciones de mantener la fauna en sus propiedades a pesar de las pérdidas causadas por la misma. La mayor amenaza está constituida por los grandes urbanizadores y los megaproyectos agrícolas que se ocasionan cambios ecológicos irreversibles.

 

UNIDADES DE CONSERVACIÓN, CONECTIVIDAD DE LAS REGIONES EN FUNCIÓN DE LOS CORREDORES

 

Poblaciones estables de yaguares en nuestro país se encuentran al sur del Río Orinoco, en los estados Bolívar y Amazonas. Las poblaciones localizadas al oeste y centro del país, en la Sierra de Perijá, el Piedemonte Andino, el sur del Lago de Maracaibo, los Llanos occidentales y centrales y la Cordillera de la Costa, se encuentran en franca reducción debido a la presión antropogénica. En estas áreas aún se mantienen poblaciones dispersas y aisladas, principalmente en las serranías ubicadas entre los estados Falcón y Yaracuy y entre los estados Guárico y Miranda (donde en el Parque Nacional Guatopo se realizaron los primeros estudios científicos de densidad de yaguar, arrojando resultados preliminares de 3,3 yaguares /100 km2, por la biólogo Emiliana Isasi Catalá de la Universidad Simón Bolívar). Igualmente las poblaciones del noreste del país, en el Delta del Orinoco, parte del estado Sucre y la zona adyacente al Río Caroní se encuentran en constante disminución.

 

Debido a que estudios genéticos recientes determinaron que las actuales subespecies de yaguar no son válidas (lo cual denota un flujo genético continuo y reciente entre las diversas poblaciones de yaguares), organizaciones de conservación de Felinos como Panthera han identificado una serie de corredores entre las áreas protegidas (parques nacionales y otros tipos de reservas de fauna y flora) en varios países, los cuales están siendo desarrollados principalmente en Centroamérica, tanto con gobiernos como con comunidades y propietarios particulares. Con ello se intenta mantener el flujo genético de las poblaciones de yaguar y de las otras especies vegetales y fauna asociadas.

 

PROGRAMAS REGIONALES Y NACIONALES PARA EL MANEJO Y RECUPERACIÓN DEL YAGUAR

 

Hoy día no existe un programa oficial en Venezuela para atender y resolver los problemas de conservación del yaguar. Hasta hace 15 años existió una Dirección de Fauna Silvestre en el otrora Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables (MARNR) que se llamó PROFAUNA con presencia en el campo en labores de vigilancia, control y desarrollo de proyectos y programas de uso, manejo y conservación de fauna silvestre. PROFAUNA inició unas experiencias para atender casos de yaguares que presentaron comportamiento constante de depredación sobre ganado, utilizándose las translocaciones o transferencias de dichos ejemplares a Parques Nacionales. Debido a los elevados costos, altos requerimientos logísticos y baja eficiencia en cuanto a resultados, el programa fue suspendido. Los yaguares translocados tenían altas probabilidades de continuar matando ganado en los sitios donde fueron liberados, ya que muchos de los Parques Nacionales al norte del Orinoco siguen siendo usados como sitios de pastoreo de vacunos.

 

Actualmente se están realizando una serie de investigaciones muy interesantes con yaguares especialmente diseñadas para equiparlos con collares radiotransmisores. Los métodos de captura pueden ser invasivos como sedación con dardos anestésicos, con perros o trampas (jaulas con cebo, cepos forrados con goma, o guayas “snares” de acero). Estos collares pueden transmitir su señal intermitente a satélites que indican la posición del yaguar y arrojan información en el tiempo sobre sus hábitos y horario de actividades, territorios de ocupación, densidad, hábitos alimenticios (cuando hay un “cluster” de señales, los investigadores después acuden al sitio por GPS y determinan que presa el yaguar comió allí) y muchos otros datos científicos de interés. También se desarrollan estudios no invasivos de trampeo con cámaras fotográficas con las que se registran los dos lados del mismo individuo el cual puede ser identificado por su patrón de manchas (al igual que una huella digital), y estudios de ADN en las heces (que además aportan datos sobre sus dietas). En ambos casos se está generando abundante información científica que está disipando el aura de misterio y superstición que rodeaba a esta especie que encarna la naturaleza opresiva y misteriosa de las junglas tropicales americanas.

 

En algunas zonas, como en el Pantanal Norte en Brasil, existe una tregua entre humanos y yaguares, ya que estos felinos atraen todos los años una gran cantidad de turistas que vienen a fotografiarlos desde las lanchas durante la temporada de sequía en las playas y orillas de los ríos, beneficiando económicamente a los guías turísticos, hoteles y pobladores locales (y algunos hatos ganaderos). Sin embargo, esta riqueza no le llega a la mayoría de hacendados y obreros agropecuarios locales, quienes muchas veces siguen eliminando los yaguares y para quienes su presencia es negativa. Por otro lado, algunos guías colocan restos de pescado u otras presas en las playas para asegurar la visibilidad de los felinos, los cuales comienzan a perder su respeto por el hombre y pueden asociar barcos-gente-comida y dar lugar a accidentes con consecuencias nefastas para yaguares y turistas. Situación que debe ser controlada.

 

En Venezuela, varios hatos ganaderos que mantienen (o mantenían) programas de ecoturismo, protegían a los yaguares que con ellos convivían, ya que los mismos constituyen un poderoso imán para los turistas que fluyen hacia ellos. Asimismo, realizaron importantes investigaciones sobre su ecología y sobre problemas de depredación (e.g. Hato Piñero, Hato El Frio y Hda. Mataclara).

 

Como comentario de cierre queremos exponer las acertadas palabras de Alan Rabinowitz y Howard Quigley en su prefacio de la Guía de Convivencia Gente y Jaguares de Marchini y Luciano (2009):

 

“La remoción de yaguares del entorno humano, constituye una pérdida de la herencia biológica y cultural de esa región. Una zona desprovista de yaguares es una zona que ha perdido a una de sus energías naturales más poderosas, la cual una vez mantuvo la vida en balance. Constituye una pérdida para nuestro propio bienestar y para el mundo que nos rodea. La remoción del depredador tope, es como sacar las piezas centrales de una pila de bloques de un juego de un niño, la estructura se desestabiliza, colapsa o cambia de forma. Los yaguares constituyen un importante componente de la salud del mundo alrededor de nosotros. Sin la implantación de un balance natural, disminuimos la pureza y funciones de nuestro aire, de nuestra agua y de los productos que los bosques pueden proveer. Lo que sabemos ahora es que podemos tener la producción ganadera y también mantener los a yaguares y  a las otras partes vivientes de los bosques, manteniendo a los ecosistemas saludables”.

 

 

Artículo por:

Rafael Hoogesteijn (hoogesteijn@intercable.net.ve)

Ernesto O. Boede (ernestoboede@gmail.com) 

Almira Hoogesteyn (almiralydia@gmail.com)

 


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