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Neblinaria celiae en el Cerro de la Neblina / Fotografía: Cortesía: Brewer-Carías
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La Neblina, el tepuy más alto y remoto

Charles Brewer-Carías

 

El Cerro de La Neblina es un tepuy con aspecto de meseta formado por capas de arena y cantos rodados muy antiguos. Tiene un promontorio que se eleva sobre los 3.000 metros, por lo que además de ser la montaña más alta de Brasil, se le considera la mayor cumbre en Suramérica fuera de los Andes. Esta meseta se encuentra a caballo sobre la divisoria de aguas que define a la frontera de Venezuela y Brasil, debido a que separa la cuenca del río Casiquiare que es un río afluente del Río Negro situado en Venezuela, de la cuenca del río Cauaburí, que también es afluente del río Negro pero por el lado brasileño.

 

El descubrimiento del Cerro de La Neblina

Nadie, excepto los indígenas de las selvas circundantes, pensaron que pudiera existir alguna montaña en medio del Amazonas, hasta que algunos pilotos quienes volaban sobre la selva que tapiza la frontera entre Venezuela y Brasil durante la Segunda Guerra Mundial, vieron un extraño promontorio asomándose entre las nubes. Recomendaron entonces incluir en los mapas de navegación una advertencia para que los aviones pasaran por esa zona por encima de los 10.000 pies de altitud (3.000 metros). Recuerdo también que fue durante la guerra cuando apareció un librito ilustrado para niños, de los llamados “gorditos,” en el cual se mostraba que el Pato Donald y sus sobrinitos habían encontrado una ciudad formada por cubos de piedra al estilo Macchu Pichu en medio de la selva, y que esa ciudad había estado completamente escondida entre la niebla.  Pero todas las dudas y mitos se despejaron cuando el 10 de abril de 1953 el botánico Bassett Maguire, acompañado por su esposa Celia y el también botánico John Wurdack, subieron a la Piedra del Cocuy que queda cerca del punto triple donde se encuentran las  fronteras de Venezuela, Colombia y Brasil a orillas del Río Negro, y apreciaron como, justo antes de la puesta del sol, aparecía por el horizonte del naciente un brillo extraño. Sin lugar a dudas –pensaron ellos-  que aquel habría sido el mismo brillo que había visto el gran botánico y explorador Richard Spruce exactamente cien años antes, cuando desde esa misma atalaya de granito notó una lejana montaña brillando como el pez Pirapucú (Spruce 1908).

 

Pero Maguire, curador del New York Botanical Garden, considerado el más tenaz de los exploradores de las selvas de Guayana no se contentó con seguir los pasos de Spruce y decidió organizar de inmediato una expedición con el propósito de colectar las plantas que pudiera encontrar en aquella montaña que nadie había visitado antes. Siete meses mas tarde, junto a su esposa, Wurdack y el botánico George S. Bunting, Maguire emprendió una larga expedición que duraría 149 días en la que logró abrirse paso hacia las cabeceras del río Yatúa (afluente del Pacimoni) cargando con un equipaje de 4.500 kilos. Desde allí hizo una pica para alcanzar la cumbre del flanco norte de esta meseta aún sin nombre el día del año nuevo de 1954.

 

Se establecieron en el campamento de “La Cumbre” durante 24 días y faltando apenas cuatro días para finalizar la expedición, llegaron hasta ellos los ornitólogos William H. Phelps Jr. y su esposa Kathy. Los acompañaba el geólogo Charles Reynolds quien empleó su teodolito para dibujar el primer mapa de esa “nueva” montaña que llamaron “Cerro de la Neblina” (Maguire 1955).

 

En el campamento de la cumbre los tres botánicos lograron colectar centenares de muestras que resultaron completamente desconocidas para la ciencia. Entre estas se destacó una planta maravillosa de la familia del té que ocupaba largas extensiones de la cumbre y que Maguire bautizó con el nombre de su esposa: Neblinaria celiae. Pero no fue sino hasta 1985 cuando visitamos un lugar de la cumbre poblado exclusivamente por Neblinarias que habían sobrevivido a un incendio provocado por un rayo, cuando dedujimos que estos rodales de Neblinaria habrían sobrevivido (por selección natural), gracias al espesor de la corteza de sus troncos y por el agua que retienen en sus rosetas terminales; ya que esto les había servido para protegerse y resistir los incendios mejor que las demás plantas (Givnish et al. 1986).

 

Otra planta importante colectada por Maguire durante otra expedición, la cual realizó el 3 de diciembre de 1965, fue una representada por no mas de un centenar de individuos dispersos entre las grietas de la pared del Pico Phelps, a 2.800 metros de altitud. Seguramente allí crecían relativamente protegidas del viento y de las heladas. Maguire nombró esta planta como Saccifolium bandeirae en reconocimiento al general Ernesto Coelho Bandeira quien le había ayudado a colectarla. Es importante referir que esta planta no se ha vuelto a encontrar y que  representa una nueva familia que el botánico llamó Saccifoliaceae, debido a que sus hojas tienen forma de sacos (Maguire 1978).

 

La topografía general

La forma general de la meseta del Cerro de La Neblina es la de una estrecha herradura que se extiende sobre un eje general Noreste- Suroeste de 55 kilómetros de largo por 20 Km. de ancho, abierta por una garganta por donde corre el Río Baría. Las escarpas del Suroeste de la meseta se encuentran avenadas por los ríos Ariabú, Tucano y Maricibuei, que son afluentes del río Cauaburí el cual a su vez es afluente del Río Negro. Esta montaña pertenece completamente a la cuenca del Río Amazonas. El primer mapa que hizo Reynolds basado en su visión desde la cumbre de la montaña y sus cálculos con el teodolito mostraba lo que faltaba por explorar. Después de la segunda expedición de Maguire en 1965 se pudo ver mejor su perímetro alargado. Durante la campaña de demarcación de límites de 1965, el astrónomo Pantchenko logra hacer un dibujo a lápiz para mostrar la topografía del cerro que estaban demarcando (Pantchenko 1965), pero solo después de 1972 y luego de la llegada de las imágenes de Radar Lateral SLAR, es cuando se logra entender la topografía de la montaña. Esa imagen fue publicada por vez primera en el libro “Vegetación del Mundo Perdido” y 10 años después, en el capítulo sobre la Geografía del Cerro de la Neblina (Brewer-Carías 1978 b, 1988). Sin embargo, las imágenes satelitales que se pueden ver ahora permiten ver el relieve de lo que ya imaginábamos  en 1988 (ver nuestro mapa de línea oblicuo).

 

Según nuestros cálculos esta montaña tiene una superficie de 46.337 hectáreas. La mitad la constituyen tres superficies cubiertas por sabanas anegadizas y turberas situadas entre 2.000 y 2.500 m.s.n.m, donde se originan los ríos de aguas negras que avenan la montaña.  Las 23.052 has restantes están representadas  por escarpas y pendientes pronunciadas que son mayormente avenadas por el río Baría, que corre embaulado por una estrecha garganta que maravilló a Maguire y que él llamó el "Cañón Grande del Baría”. Considerándolo como “una de las maravillas naturales del mundo” que supera al Gran Cañón del Colorado en profundidad (Maguire, 1959, Brewer-Carias 1978 b, 1988).

 

El Pico Da Neblina, el Pico Phelps y los otros picos

Lo que hemos considerado como tres explanadas que forman la superficie general del Cerro de La Neblina no son continuas, porque se encuentran interrumpidas por una serie de picos que descuellan por sobre el nivel general del altiplano. Se destacan entre estos el Pico Phelps, el Pico Zuloaga y el Pico Cardona, los cuales fueron bautizados así por Bassett Maguire y John Wurdack durante la segunda expedición que hicieron 1959. En vista de que  no se había hecho un reconocimiento geográfico para el descubridor de esta montaña, años después Brewer-Carías bautizó a uno de los picos destacados en la cumbre y aún sin nombre para aquella época, como “El Pico Maguire” (Brewer Carias 1988).

 

Cuando la Comisión Binacional de Límites entre Brasil y Venezuela realizó nuevas mediciones y observaciones de la línea divisoria hidrográfica de las cuencas de los ríos Casiquiare y Cauaburí en 1965, determinó que El Pico Phelps, tal como fue descrito por Maguire lucía como la joroba doble de un camello. Poco después se determinó que quedaba “a caballo” sobre la línea “parte aguas” y era dividido en dos por la línea de la frontera. Así, los promontorios que están separados entre sí por 687 m quedaron ubicados en dos países diferentes. Uno de los picos con 3.014 m de altura quedó del lado del Brasil  y el otro promontorio un poco mas bajo, alcanzaba 2.992 m sobre el nivel del mar, quedó del lado de Venezuela,  (Pantchenko 1965).

 

Como resultado de esta observación, la parte brasilera del llamado “Pico Phelps” según Maguire, en 1965 fue rebautizado por la Comisión de Limites del Brasil como: "Pico da Neblina", ya que este correspondía a la altura culminante de todo el territorio de Brasil, además de conformar el pico más alto del continente suramericano fuera de las cumbres andinas. El otro promontorio de la joroba fue también despojado de su nombre original (Phelps) y en los mapas brasileños aparece como “Pico 31 de Marzo” … ! En vez de haber respetado el nombre original propuesto por Maguire y Wurdack al publicar su trabajo "The Position of Cerro de la Neblina". Quienes justificaron la razón para nombrarlo “Phelps” con las siguientes palabras:

 

" Además de fijar rasgos de importancia dándoles nombre, quisimos también asociarlos con los nombres de hombres, todos venezolanos, quienes han contribuido de una manera sobresaliente a la historia natural de Venezuela. Es nuestra señal de respeto para ellos, por consiguiente, hemos formalmente dado el nombre de Pico Phelps por William H. Phelps, y William H. Phelps Jr., ornitólogos; Pico Zuloaga por Guillermo Zuloaga, geólogo; y Pico Cardona por Félix Cardona, geógrafo (todos de Caracas)"  (Maguire, B. y J. Wurdack, 1959 p. 566).

 

La información publicada por ciertos medios de divulgación al referirse al Cerro de la Neblina, indican que existe una confusión sobre el área que ocupa la montaña dentro de los territorios de Venezuela y Brasil. El análisis que hicimos sobre la superficie de  las cuencas de colección de los ríos venezolanos y brasileños que drenan la cumbre, dio como resultado que de las 46.337 hectáreas de la superficie total de la montaña, solo una cuarta parte de ella (11.767 ha.) se encuentra en territorio del Brasil. Esta superficie corresponde a las cuencas de colección de los altiplanos de los Ríos Ariabú y Titiricó los cuales drenan sus aguas hacia los Ríos Cauaburí y Negro en Brasil, en vez de hacerlo hacia el Río Baría de Venezuela. Esta confusión sobre la dimensión de montaña surge por el desconocimiento general de la región y porque las fuentes de información confunden al "Pico da Neblina", que es solo una de las cumbres con las que culmina esta meseta, con el “Cerro de la Neblina" que  es el nombre para toda la montaña.

 

Razón de nuestra entrada a Guayana

Nosotros habíamos puesto mucha atención a lo que decía Gustavo Heny (quien salvó a Jimmie Angel después de su fallido aterrizaje en el Auyantepui) y a Carlos Freeman (explorador y geólogo de la Gran Sabana), cuando hablaban en la oficina de mi padre sobre montañas, aviones y ciudades perdidas en la selva. Recuerdo claramente que, cuando en 1959 me preparaba para unas competencias de natación, leí  en una Revista El Farol, que el ornitólogo Billy Phelps, quien también era amigo de mi padre fue uno de los que acompañó a Maguire durante la expedición hacia una misteriosa montaña amazónica que se encontraba casi siempre cubierta por nubes y que debido a eso Maguire la había bautizado como: “El Cerro de la Neblina” (Maguire 1959).

 

Hay que tener presente que cuando se hicieron estas expediciones no había satélites con cámaras fotográficas en el espacio, ni mapas que mostraran el lugar donde estaría aquella montaña. Por lo que la única manera de dar a conocer su ubicación, fue mediante un sextante y un teodolito con el cual se pudiera determinar la altura sobre el horizonte a la que se encontraban algunas estrellas, para así estimar las coordenadas geográficas del lugar. Me empeñé entonces en aprender a manejar el sextante y el teodolito, esperando que en cualquier momento alguien me invitara a participar en alguna expedición hacia lugares remotos. Pero como nadie me invitó y me inspiró la lectura sobre la malhadada expedición del Coronel Percival Fawcett  quien desapareció en 1925 cuando buscaba una ciudad perdida en la selva, decidí organizar en 1961 lo que llamé: “La Expedición Universitaria al Alto Paragua”. Nuestro objetivo era alcanzar la frontera con Brasil siguiendo el curso del río Paragua (afluente del río Caroní), para ubicar cerca de sus nacientes el lugar donde habría estado el mítico fuerte de San José de Guirior, construido en 1775 para proteger a los exploradores que pasarían por allí en busca de la ciudad de Manoa, la capital del reino del Hombre Dorado, y eso, nos resultaba muy interesante.

 

Ya sobre el Cerro de La Neblina

Durante el mes de Octubre de 1970, fuimos invitados por el astrónomo George Pantchenko de la “Comisión Demarcadora de Limites”, para que participáramos en la campaña de 1970 para la demarcación de frontera con Brasil, acompañado por mis amigos el orquideólogo G.C.K. Dunsterville y el botánico Julian Steyermark. Podríamos llegar finalmente a la cumbre de aquella misteriosa montaña y ver que cosas nuevas encontraríamos. Después de entrevistarnos con los representantes brasileños quienes se encontraban en la Misión de Maturacá a orillas del Río Cauaburí, fuimos transportados hasta una de las explanadas de la cumbre para que comenzáramos allí “nuestro trabajo”.

 

Si bien aquella fue una oportunidad extraordinaria para los tres compañeros de la expedición, ni el piloto del helicóptero, ni los jefes de las Comisiones delimitadoras de la frontera, se enteraron que, debido a la hora en que despegó el helicóptero y lo inclinado del lugar, habríamos de quedar aislados y sin agua durante una semana. Fue así como diariamente lográbamos subsistir gracias a nuestro empeño por recoger con un pañuelo el rocío que amanecía adherido a las plantas y por beber el agua que encontrábamos depositada en el “estómago” de las plantas carnívoras del género Heliamphora.

 

Durante aquel viaje extraordinario en el cual hicimos sendos campamentos en el “Plan alto del río Baría” y en la “Meseta de Titiricó”, logramos resultados muy importantes, como lo reflejan los dibujos que hizo Dunsterville sobre las orquídeas que encontramos en la meseta de Titiricó (Dunsterville 1972), la colección de varias docenas de plantas nuevas para el mundo por parte de Steyermark, así como mis observaciones en vivo sobre los mecanismos de trampa que eran empleados por tres plantas carnívoras diferentes, con referencia especial a la atracción, digestión y al  mantenimiento del nivel del agua de las Heliamphora nutans. Lo cual resultó que era la primera vez que se estudiaba y se publicaba, ya que aquello habría sido imposible deducir estudiando los ejemplares secos y prensados que se encuentran en los herbarios (Brewer-Carías 1972, 1973 a, 1973 b y 1978 a).

 

Además de esto logramos colectar e identificar con la ayuda de Steyermark, cuales plantas alucinogénicas empleaban los indígenas Yanomamö que vivían por el Río Cauaburí (Brewer-Carías y Steyermark 1976).

 

La gran expedición

Quizás la mayor expedición para el estudio de la biodiversidad de un área en el mundo hasta entonces, según testimonio de Roy McDiarmid del Smitsthonian Institution y de Julian Steyermark, fue la que organizamos para la Fundación para el Desarrollo de las Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (FUDECI) durante los años 1983-1987 al Cerro de La Neblina. Los resultados de esta expedición fueron de tal magnitud, que el Dr. Paul Spangler, un entomólogo quien describió el primer nuevo ejemplar colectado en dicha expedición como Neblinagena prima (Spangler 1985), le dijo a un reportero que lo entrevistó en 1985:

 

“Muchos de los especialistas que van a estudiar y clasificar el copioso material que hemos colectado en la expedición al Cerro de la Neblina, aún no han nacido...!”

 

Debido a esto y a que publicamos un libro de 922 páginas para informar sobre el material colectado durante las diez expediciones que se organizaron, nos parece que solo con presentar una lista parcial del material obtenido por los especialistas, sería suficiente para comprender las dimensiones de este programa explicar que los 144 investigadores que participaron representando todas las ramas de la ciencia, recorrieron 12 campamentos ubicados a diferentes alturas a lo largo de 2 años.

 

Considerando solamente el trabajo de los 27 botánicos, estos lograron colectar 53.172 muestras y duplicados representadas por 13.986 números de colección. Pero para tener una mejor idea del volumen y la logística que fue necesaria para la movilización de esas muestras hasta el Instituto Botánico de Venezuela, basta decir que el peso de esa colección de muestras de plantas sobrepasó las 14 toneladas…!

 

De igual forma se logra entender mejor la dimensión de lo que se obtuvo durante la expedición al Cerro de la Neblina, explicando que las plantas colectadas solo en esa montaña durante los dos años que duraron las expediciones, resultó mas del doble de la todas las plantas que fueron colectadas a lo largo de 54 años de exploraciones botánicas por en todo el Territorio Amazonas. Y para tener una idea superficial sobre la biodiversidad encontrada, bastaría mencionar que entre las 1.028 muestras de líquenes y musgos que fueron colectadas por el botánico William Buck, él estimó que en su colección pudiera haber entre un 75 y un 90 % de especies nuevas para la ciencia …! (Brewer-Carías 1988).

 

Para concluir esta presentación sobre la gran expedición del Cerro de la Neblina, debo dejar constancia que mientras dirigíamos las exploraciones en el Alto Orinoco y después en el Cerro de la Neblina del lado venezolano, se encontraba dibujando plantas al pie de la  misma montaña y en el río Maturacá pero del lado brasileño, la extraordinaria pintora inglesa Margaret Mee (Mee, 1988). Después nuestros amigos Uwe George en 1987 (George, 1997) y el insuperable dibujante de fauna  Jan Dungel en el año 2004 (Dungel, 2006), entraron por el Río Pacimoni y por el río Baría alcanzaron el canal de Maturacá. Los tres exploradores han legado su obra en magníficas publicaciones dignas de ser atesoradas.

 

Por: Charles Brewer-Carías


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