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Roraima y Kukenan / Fotografía: Rosmay Polato

Vida nueva después del Roraima

Rosmay Polato

 

Tras un satisfactorio año de haberme entregado al senderismo y el trekking, decidí cerrarlo con broche de oro. No tardé ni un segundo en saber que mis botas me llevarían al punto más alto de la cadena de mesetas de la sierra de Paracaima. Un lugar fascinante que empieza a concentrarse en el Macizo Guayanés (la formación geológica más antigua de la tierra) y se eleva hasta 2.875mts, en un punto icónico donde convergen Venezuela, Brasil y Guyana. Un amigo me dio el contacto de la guía más experta del lugar, invité a mis compañeros de siempre y me lancé a la aventura.

 

Es todo un día de viaje para llegar apenas al punto de partida. Pueden tomar un avión hasta Ciudad Bolívar o un autobús la noche anterior, desde allí pueden llegar por vía terrestre en 10 horas hasta San Francisco de Paraitepuy (comunidad indígena anfitriona del lugar), o tomar otro avión hasta Santa Elena de Uairén, y subir un par de horas en carro hasta Paraitepuy. Les recomiendo llegar un día antes de su viaje y dormir una noche fresco y cómodo; tu cuerpo te lo agradecerá.

 

Nosotros nos fuimos vía terrestre desde Puerto Ordaz atravesando la Gran Sabana entre las tormentas y los rayos de sol al borde de la selva. Un viaje  largo por toda la extensión de sabana que intenta convertirse en bosque. A la mañana siguiente, comienza la travesía. Apenas empiezas a rodar los primeros kilómetros de los 27 que componen el trayecto en rústico hasta la entrada oficial, descubres por primera vez a los dos amantes milenarios: Roraima y Kukenan, encabezando como padres a una fila de los tepuyes orientales que son emblema de cualquier recuerdito de la comarca pemona que precede al lugar. Es imposible que algo te robe la perplejidad cuando los ves levantarse en el horizonte.

 

Luego de registrarte en la entrada del parque comienza el primer día de caminata, por un senderito de arcilla casi perfecto de 4 ó 6 horas de pura sabana abiertas de gramíneas y puri-puris (lleva ropa manda larga y fresca anti-mosquitos). Les recomiendo disfrutar del paisaje y el paseo suave al máximo porque el resto del viaje requiere mucha concentración y disciplina. Puedes acampar entre el Rio Tek y el Rio Kukenan, pero mientras más temprano te levantes mejor porque ahora es que empieza lo bueno.

 

Al día siguiente, 9 Kilómetros nos esperaban para subir por las faldas de Roraima durante una buena parte del día, todo depende según la condición y el peso que lleve el caminante. Tendrás suerte si te toca un día nublado sin mucha lluvia porque el sol será inclemente si está despejado, aunque la vista ayudará siempre a seguir adelante. Al terminar el día, llegas a la pared de propia roca del tepuy. Si llegas a buena hora prepárate para el show de colores del atardecer quemando el inmenso muro rosado del tepuy, recarga las pilas y mentalízate para empezar a subir de verdad verdad.

 

Ya en el corazón de la selva comenzamos a subir empinados trechos de ramas y entrañas durante un par de horas hasta comenzar a sentir el ascenso y podrá mirar todo el recorrido que llevas y entonces pisas el acelerador hacia el mundo perdido solo para aquellos que estén dispuestos a pasar al menos 2 días para llegar a sus pies.

 

Es inevitable atravesar el Paso de Lágrimas y no emocionarte al verlo, es una caída de agua del tope del tepuy que cae sobre la Rampa por donde subes y te baña mientras bordeas el costado del tepuy, solo necesitas concentración y disfrutar de la vista si es que requieres recobrar el aliento. Arriba, casi llegando  a 2650 m.s.n.m, es probable es te sumerjas entre la neblina y comience el desfile de formas únicas esculpidas por el viento, hasta llegar a la habitación de hotel que esté disponible dentro de las cuevas que reguardarán del frio y la lluvia.

 

Nosotros decidimos llegar hasta la Proa del macizo, disfrutar al máximo del viaje y deleitarnos con todas las fotos posibles, pero entonces tuvimos que sacrificar la visita a los lugares más famosos y cercanos como la Cascada la Catedral, la Ventana del Kukenan, la Pared Oriental, los Jacuzzis o el Maverick, aunque cualquiera los puedes visitar de vuelta siempre y cuando se tenga la fuerza necesaria. La primera noche sientes como baja la temperatura hasta 5 grados C, pero nada como una bebida caliente para relajar y atemperar el cuerpo antes de dormir. Al día siguiente, florece un festín endémico de figuras infinitas que despiertan la creatividad. Inicias el viaje hacia el norte hasta el fondo del Roraima y lo primero que te encuentras es un valle de cristal de cuarzos que coronan a este gigante, después del asombro continúas hasta el Punto Triple en las tres fronteras al mismo tiempo y sigues caminando a través de la sabana del tope.

 

Esa noche dormimos en las Cuevas Cuaití y cuando amaneció la sensación fue como estar dentro de un pozo que alguna vez estuvo lleno de agua. Afuera pegaba duro la brisa y ya estábamos listos para arrancar la caminata hacia la Proa, empiezas a saltar entre las rocas durante horas hasta que consigues el Lago Gladys y si hay sol no dejes de darte un baño refrescante y ecológico, luego llegas al Abismo desde donde se vislumbra la otra cordillera de tepuyes que se dirigen a Brasil. Después de retomar fuerzas, comienzas a descender 2 pisos de piedra (no es posible sin cuerdas) para poder continuar hacia la punta del tepuy. Es una dura travesía entre pantanos, ramas y piedras, grandes saltos y garra firme para no caer al fondo de cualquier hendidura. Al llegar fuimos premiados con tu día totalmente despejado para acariciar la mirada con tan majestuoso espectáculo de filas de tepuyes hacia ambos extremos.

 

No olvides que cada cosas que subió contigo tiene que bajar contigo y trata de no dañar ningún ecosistema a tu paso y de hacer de tu presencia como un visitante y no como un conquistador. Lo mejor de este recorrido, no solo fue poder disfrutar dos veces del mismo camino. Después de eso, no pienso en otra cosa más que seguir recorriendo los mundo perdidos de mi país e internalizar que mientras Dios me de vida podré llegar a donde quiera… Si mis sueños son como el agua, mi mente es mi vasija.

 

Fotografía e Historia: Rosmay Polato.


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