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Posada El Encanto / Fotografía: Álvaro Montenegro
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Posada El Encanto

Álvaro Montenegro

 

 

Sanare es un pueblo precioso y amable del estado Lara, sus tradiciones son únicas y el paisaje alrededor es conmovedor, a los pies del Parque Nacional Yacambú; un destino obligatorio para quienes gustan del buen vivir y de la naturaleza. Mejor aún, si al visitarlo buscas hospedaje en la posada El Encanto comprobarás que todavía quedan rincones románticos en Venezuela

 

Posada El Encanto

Exclusividad a los pies de Yacambú en Sanare

 

En todos los viajes que he realizado por el precioso Estado Lara, trato de dar una vuelta por el pueblo de Sanare porque su clima es muy fresco, porque su gente es súper agradable, porque la naturaleza aquí es exuberante y porque hay una posada que me parece tan romántica, que provoca estar de luna de miel cada vez que uno viene. Esa posada se llama El Encanto y me gusta imaginarme que sus propietarios, la familia Saavedra, la bautizaron así por ese sentimiento puro que nos invade al llegar y contemplar los valles espectaculares de Sanare que se observan desde sus instalaciones.

 

Ya al entrar a la posada, apenas al estacionar, el ambiente se torna mágico y sencillo a la vez. Debe ser el aire que baja del cercano Parque Nacional Yacambú, o la estatua del unicornio blanco que vigila el exuberante paisaje, o simplemente las buenas vibraciones y energía de Manuel Saavedra, que obligan a todos sus huéspedes a seguir su perenne sonrisa. Lo cierto es que la posada es linda, silenciosa, romántica, fresca y tierna, así como el temperamento de los pobladores de Sanare.

 

La última vez que fui a El Encanto, al entrar en la bella cabaña que me asignaron, me provocó reposar en una hamaca que había en la entrada, para leer la excelente obra “Rojo y Negro” del célebre francés Sthendal. Me asombré con los complejos perversos del protagonista Julien Sorel, que deseando pertenecer a la alta sociedad de la época, odiaba y amaba al mismo tiempo a las bellas mujeres que le ayudaban a escalar posiciones. No hay mejor lugar para estas reflexiones, que estas laderas larenses.

 

El Encanto tiene 14 cabañas muy bien dispuestas en la pendiente de una colina, con una vista preciosa sobre los valles. La posada también posee un restaurante muy romántico, donde cené a la luz de las velas y me mantuve fascinado con la conversación. La posada tiene hasta un salón de conferencias como para 25 personas y jardines maravillosos en abundancia. El buen gusto se nota en cada rincón de las cabañas, en las caminerías, el mobiliario y hasta en las tejas de los techos; todo parece perfecto y a la vez sencillo. El escenario me recuerda a esas viejas canciones de Charles Trenet que hablaban de jardines extraordinarios, que sólo existían en la imaginación.

 

Al día siguiente nos fuimos con Manuel a recorrer la zona y hacer los paseos que valen la pena mil veces. Comenzamos por el Parque Nacional Yacambú, que parece un bosque encantado sacado de un cuento de hadas. Disfrutamos su vegetación, la neblina y el frío que parecía salir de cada rincón. Caminamos por los lados de un riachuelo, entre las piedras que jugaban con el cauce de agua, y pasamos horas extasiados con la naturaleza, observando aves y tomando fotografías.

 

Al terminar, Manuel nos llevo a un lugar absolutamente opuesto: La Hundución de Yay, a sólo minutos bajando de Sanare. Aquí el paisaje es lunar; ni un sólo árbol impide la vista de un terreno enorme totalmente erosionado, seco y hundido en una forma incomprensible. La leyenda dice que hace mucho tiempo aquí había un poblado indígena en donde todo el mundo pecaba. Una especie de Sodoma y Gomorra criollo. Un día llegó al pueblo una anciana sedienta y pidió ayuda, pero nadie la auxilió. Sólo a la salida de la aldea una buena niña que no participaba en los festines se apiadó de la anciana, dándole de beber y de comer. Resulta que la mujer era una bruja muy poderosa, y en señal de agradecimiento advirtió a la niña que huyera del poblado tan pronto pudiera, porque lo había maldecido y pronto desaparecería de la faz de la Tierra. La amenaza se cumplió al día siguiente y desde entonces sólo quedó en el lugar del pueblo, lo que hoy conocemos como la hundición de Yay.

 

Los científicos tienen una explicación mucho más creíble sobre la composición de los suelos arcillosos y la erosión de los valles, pero no se las voy a relatar porque es mucho menos interesante que la leyenda de la bruja de Yay.

 

Sanare es un pueblo precioso que vale la pena visitar mil veces. Sus tradiciones son únicas y el paisaje alrededor te conmoverá. Así que, apenas esta vida tan bella te de la oportunidad, visita Sanare y alójate en la posada El Encanto, para que compruebes que todavía quedan muchos rincones románticos en Venezuela. Además, como la posada pertenece al Circuito de la Excelencia, la calidad en el servicio esta asegurada de sobra.

 

 

 CÓMO LLEGAR:

 

Sanare queda a unos 62 kilómetros de Barquisimeto, estado Lara. Desde Barquisimeto uno toma la carretera hacia Quíbor y El Tocuyo, y luego de pasar Quíbor encuentra la salida de la carretera a mano izquierda, hacia las montañas.

 

DÓNDE ALOJARSE:

 

La posada El Encanto es, para mí, la más romántica de Sanare. Llama a Ángela o Manuel Saavedra de mi parte, al teléfono: (0414) 550.54.54, www.posadaelencanto.com.  

 

DÓNDE COMER:

 

En la posada se come muy bien, excelente gastronomía. No puedes perder la oportunidad de tener la cena más romantica que te puedas imaginar.

 

DÓNDE COMPRAR:

 

En el pueblo de Yay, donde hay una hundición interesantísima, venden piezas de cerámica  espectaculares, hechas por los artesanos de la zona.

 

NO OLVIDES:

 

Lleva un buen libro clásico para la posada El Encanto, como Negro y Rojo de Sthendal, que allí lo disfrutarás mucho más. Si eres amante y aficionado a la observación de aves, Sanare y la Posada El Encanto son el lugar ideal para esta actividad, ya que se encuentra al pie del Parque Nacional Yacambú que goza de una diversidad de aves increíble.

 

 

 


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