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Ejemplar de Timon lepidus / Fotografía: Ferran Aguilar
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Anfibios y reptiles ibéricos, una biodiversidad por descubrir

Ferran Aguilar

 

Se dice que los anfibios llevan una doble vida –de allí se origina su nombre- puesto que pueden vivir indistintamente en el agua o sobre la tierra. Los reptiles a su vez se les reconocen por su “sangre fría”. Ambos son indicadores del bienestar o malestar del medio ambiente. Viven entre nosotros y aún nos queda mucho que aprender de ellos. 

 

Los anfibios, “la conquista de la tierra”

Después de unas intensas lluvias la noche despierta en la dehesa extremeña. La primavera también invade la noche y los anfibios lo celebran con cantos y algarabías. Una experiencia inolvidable para cualquier naturalista que quiera disfrutar por unos instantes de: sapos de espuelas, sapillos pintojos, y ranitas de San Antón que nos ignoran, y sólo se prestan a la búsqueda de pareja. La primavera, hasta principios de verano, es la mejor época para la observación de la herpetofauna.

 

La gran biodiversidad de paisajes y de hábitats ha generado una mayor diversidad de reptiles y anfibios. En los últimos años, el impulso de estudios moleculares ha propiciado numerosas las revisiones taxonómicas, que han aumentado de una manera considerable el número de especies de anfibios y reptiles de España. El conocimiento real de esta diversidad es indispensable para la conservación y la gestión de las especies sensibles y de sus hábitats.

 

En los urodelos hay que destacar el descubrimiento del tritón del Montseny (Calotriton arnoldi) localizado en la Sierra del Montseny (Cataluña). En el caso del género Triturus, también se  han producido algunas reclasificaciones genéricas, como es el caso de Lissotriton boscai (tritón ibérico) y Ichthyosaura alpestris (tritón alpino).

 

Estos nuevos estudios genéticos han sido fundamentales en la determinación de nuevas especies y taxones, ampliando la visión de biodiversidad y la vital participación de estos animales en los ecosistemas.

 

Una especie muy habitual en la península es la salamandra,  una especie especialmente abundante en ambientes eurosiberianos y ligada a bosques húmedos con pluviometría elevada. Sin embargo, algunas subespecies de este anfibio son propias de regiones más termófilas, como son los casos de Salamandra salamandra morenica, y Salamandra salamandra bejarae  localizadas la primera en Andalucía, Castilla la Mancha y Extremadura, y la segunda en Castilla-León y otras zonas del interior de la península, o la Salamandra salamandra fastuosa, localizada Cantabria, País Vasco y Pirineos centrales y orientales.

 

Otro salamandrido muy curioso es el gallipato (Pleurodeles waltl), en Cataluña se le denomina “ofegabous”, que quieres decir “ahoga bueyes”. Seguramente, este nombre es debido a la facilidad que tienen de mostrar las puntas de sus largas costillas en caso de defensa por el ataque de algún depredador. Esta facultad podía hacer pensar que si una res bebía en una charca moriría ahogado al engullir algún gallipato.

 

Entre los anuros (ranas y sapos) podemos destacar el desconocido, y cada vez más escaso, sapo de espuelas (Pelobates cultripes). Este sapo de tamaño mediano y ojos extremadamente grandes, esta adaptado a zonas arenosas y secas. Como su nombre indica tiene una pequeña uña en forma de espolón que utiliza para excavar túneles donde refugiarse.

 

Los Hílidos (Hylidae) familia de ranitas arborícolas, más abundantes en zonas tropicales, están representadas por dos especies: la ranita de San Antón (Hyla arborea) y la ranita meridional (Hyla meridionalis). En algunos ejemplares de la ranita meridional puede suceder que, por falta el pigmento amarillo, aparezcan en algunas poblaciones ranitas de color añil.

 

Los representantes del género Bufo son seguramente los sapos más abundantes en toda la península. El sapo común (Bufo bufo) prefiere ocupar zonas montañosas y frezar en ríos, lagos o lagunas limpias. En cambio,  el sapo  corredor (Bufo calamita) es el más adaptable de nuestros anfibios, ya que coloniza rápidamente cualquier ambiente, por muy transformado que se encuentre.

 

En zonas alpinas especialmente en los Pirineos, encontramos a la rana pirenaica (Rana pyrenaica) y a la rana  bermeja (Rana temporaria), estas dos se adaptan a las temperaturas bajas, ya que poseen anticongelantes en la sangre.

 

Los reptiles. “La autonomía sobre el agua”

 

En el caso de los reptiles ha sucedido algo parecido. Una vez más los estudios moleculares han sido determinantes en el reconocimiento de un buen número de especies, especialmente en el caso de los saurios. Lagartos y, más aún, lagartijas han aumentado en los últimos años de una manera substancial el número de especies reconocidas.

 

Este es el caso de las denominadas lagartijas de montaña, como la lagartija Pallaresa (Iberolacerta aurelioi), la aranica (Iberolacerta aranica), la de la Peña de Francia (Iberolacerta martinezricai), la pirenaica (Iberolacerta bonnali), la carpetana (Iberolacerta cyreni), la serrana (Iberolacerta monticola) y la leonesa (Iberolacerta galani). Antiguamente, todas eran englobadas en “Lacerta monticola”

 

El gran lagarto ocelado (Timon lepidus) es el mayor de los saurios ibéricos, ya que puede rebasar los 80 cm. Este gran lagarto, muy abundante en Andalucía y Extremadura, era capturado por cazadores especializados para luego ser cocinados en guisos típicos de la zona.

 

Otros saurios muy desconocidos son los escindidos o eslizones. Estos pequeños lagartos se asemejan más a una pequeña serpiente que a un lagarto. Se han adaptado a deslizarse entre la vegetación y esto les ha seleccionado morfológicamente, ya que sus extremidades son muy reducidas y, en algunos casos como en el eslizón tridáctilo (Chalcides striatus) (Foto 23), han perdido dos dedos.

 

Durante la noche y cerca de las luces artificiales, podemos ver con facilidad a la salamanquesa (Tarentola mauritanica) que encuentra con habilidad los insectos que le regalan las farolas y las luces de las ciudades. Otra especie más escasa es la salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus), más esbelta y de color rosado.

 

Entre las serpientes terrestres, pasamos a la gran culebra bastarda (Malpon monspessulanus) y la culebra de escalera (Rhinechis scalaris). La culebra bastarda puede llegar a superar los dos metros de longitud y en algunos hábitats pueden competir con la culebra de escalera. De manera puntual, la culebra bastarda puede devorar a la de escalera.

 

En los llanos secos y soleados, nos podemos encontrar con la culebra de herradura, (Hemorrhois hippocrepis) especializada en saurios, o la pequeña culebra lisa (Coronella girondica).

 

Cerca de los ríos y zonas húmedas, podemos observar a la abundante culebra viperina (Natrix maura). Esta pequeña serpiente de agua actúa como una víbora y su diseño es muy similar a una. Esta estrategia le permite ahuyentar a los depredadores y, si esto no funciona, segrega un líquido fétido que logrará convencer de su mal sabor. Su pariente más cercano es la culebra de collar (Natrix natrix), también tiene un comportamiento muy curioso ya que, en caso de peligro, se hace la muerta. La dieta de estas dos serpientes esta repartida entre peces para la viperina y anfibios para la de collar pero, en algunos casos por falta de alimento, la culebra de collar puede llegar a pescar grandes peces.

 

Las víboras son las únicas serpientes con un cierto peligro. En la península ibérica encontramos tres especies: la víbora de Seoane (Vipera seoanei), la áspid (Vipera aspis), y la hocicuda (Vipera latastei); esta última es la más abundante.

 

Las tortugas están representadas por dos especies terrestres y dos acuáticas. Desgraciadamente, cada vez son más escasas debido a su captura y la destrucción de sus hábitats. La paradoja es que, en el caso de la tortuga mediterránea, hay más individuos en cautividad que en la naturaleza. La tortuga mora es la otra especie terrestre; es muy escasa y sólo presente en Andalucía y Murcia. En el medio acuático encontramos al abundante galápago leproso (Mauremys leprosa), su nombre se debe a la cantidad de algas que se pegan en su caparazón. El otro representante es el galápago europeo (Emys orbicularis) muy escaso en su distribución y en sus densidades; también es el más sensible a las alteraciones en el hábitat.

 

Protección y gestión

 

Actualmente, todos los anfibios y reptiles ibéricos están protegidos pero, en las últimas décadas, la destrucción del los hábitats, la introducción de especies de peces exóticos, cangrejos americanos y reptiles tropicales ha propiciado un declive muy preocupante. El cambio climático está afectando de manera muy grave a las poblaciones de anfibios de montaña que se pueden extinguir en poco tiempo.

 

Tenemos una gran biodiversidad, pero hay que paliar estos efectos de manera urgente, ahora ya no es una alternativa, es una obligación.

 

Por: Ferran Aguilar

ferran@medigraphic.net

 

 

 


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