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Raya Águila (Aetobatus narinari) / Fotografía: Gaby Carias
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La Raya Águila, conociendo al Chucho Pintado

Elena Salim Haubold

 

Mientras que en otras partes del mundo se respeta, valora, y protege por ley los derechos del majestuoso chucho, en nuestro país continuamos mermando su población con su pesca excesiva porque se le considera como simple ingrediente de un pastel; la mayoría de los ejemplares que se capturan son individuos sexualmente inmaduros y su lenta capacidad de reproducción no alcanza para que su población se sobreponga a nuestros estragos. Están en el umbral de enfrentarse a un alto riesgo de extinción si no tómanos conciencia ahora.

 

Su majestuosa forma hidrodinámica, combinada con el movimiento de sus aletas pectorales, hacen de esta especie una de las criaturas más elegantes y misteriosas del océano. La superficie dorsal de su cuerpo está cubierta por puntos blancos que contrastan sobre un fondo azul oscuro, casi negro, mientras que su vientre es de color blanco. Ello le ayuda a camuflarse en la columna de agua y le otorga una gran ventaja al momento de perseguir presas, o de escapar de sus depredadores.

 

Se trata de la raya águila, Aetobatus narinari, conocida en nuestro país como el chucho pintado. Este pez cartilaginoso y pelágico puede llegar a medir hasta tres metros de longitud y pesar más de 200 kilogramos. Se encuentra en las aguas calientes de mares y océanos (zonas tropicales y subtropicales), principalmente en bahías cercanas a la costa y sobre los arrecifes de coral. Son animales muy sociables, por lo que frecuentemente se observan nadando en grandes cardúmenes cerca de la superficie, y lo hacen por largas distancias. Esta especie posee una dentadura aplanada y muy fuerte, que utiliza para triturar su alimento, entre los se encuentran moluscos, como caracoles y ostras, y crustáceos como camarones y cangrejos ermitaños.

 

Por increíble que pueda parecer, los chuchos son capaces de saltar completamente fuera del agua cuando son perseguidos por algún depredador, como el tiburón martillo (Sphyrna mokarran). Además, se cree que el fuerte impacto que se produce al caer al agua luego de saltar, podría servir para remover los parásitos que se adhieren a la piel de los chuchos y también para ayudar a expulsar a las crías cuando las hembras dan a luz.

 

Nadar junto a las rayas y observarlas en su ambiente natural resulta ser una experiencia exótica y emocionante, por lo que hoy constituye una creciente y lucrativa actividad turística. En las islas Maldivas, en el océano Índico, por ejemplo, la pesca y exportación de rayas está prohibida por ley, debido a su alto valor ecoturístico. En Venezuela, en cambio, la raya águila es sólo utilizada para preparar platos tradicionales, como el famoso “pastel de chucho”, el “chucho encebollado” y en ocasiones se puede llegar a utilizar a esta especie en la preparación de la tradicional “empanada de cazón”. Según las estadísticas pesqueras oficiales, los desembarques de Aetobatus narinari correspondientes a la región nororiental del país, fluctuaron alrededor de las 200 toneladas durante los años 2007 – 2010 (Fuente: INSOPESCA). Asimismo, en un estudio realizado por biólogos venezolanos se encontró que la especie A. narinari conformó casi la totalidad (84,5%) de las capturas registradas en el en Archipiélago de Los Frailes en el año 2009, siendo preocupante el hecho de que el 80% de las hembras y el 58% de los machos capturados eran individuos sexualmente inmaduros. Cabe destacar que la captura excesiva de juveniles a nivel global es una de las principales causas de la disminución en la abundancia de tiburones y rayas.

 

Las características biológicas de esta especie hacen que sea extremadamente vulnerable a la explotación pesquera y no se pueda recuperar al mismo ritmo al que es actualmente explotada. Estas características son: baja fecundidad y madurez sexual tardía. En otras palabras, el periodo de gestación dura un año, las hembras paren un máximo de cuatro crías por puesta y los individuos llegan a la madurez sexual entre las edades de cuatro y seis años. Consecuentemente, la raya águila está catalogada actualmente por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, por sus siglas en inglés) como una especie “casi amenazada” a nivel global. Esto significa que el chucho pintado está cercano a cumplir los criterios de la categoría vulnerable, por lo tanto en un corto periodo de tiempo se espera que enfrente un alto riesgo de extinción.

 

Conscientes de esta realidad, y tomando en cuenta que el valor económico de los chuchos podría ser mucho mayor como un recurso ecoturístico, los venezolanos deberíamos actuar a favor de la protección de esta especie, aprovechando la gran oportunidad que nos brindan nuestros mares para explotarla turísticamente y no sólo utilizarla como ingrediente principal en un pastel.

 

Por: Elena Salim Haubold

 


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