Iniciar Sesión / Compra de Revistas
Correo:
Contraseña:
¿Olvidastes tu contraseña?
¿Aún no tienes una cuenta? Suscríbete
Abrigo rocoso con pinturas rupestres / Fotografía: Alberto Blanco Dávila

Pinturas Rupestres en Venezuela

Alberto Blanco Dávila

 

Superficies cargadas de arte y fuerza testifican la existencia de nuestros ancestros. Constituyen, por sí mismas,  piezas claves para descifrar los enigmas que aun guarda nuestra sociedad actual. Pero están en grave riesgo y si ellas desaparecen nuestro legado también lo hará. 

 

Fotografía: Abrigo rocoso con cientos de pinturas rupestres de figuras antropomorfas, zoomorfas, antropo-zoomorfas y geométricas. Período Meso Indio, que en Venezuela se extendió entre 5.000 y 1.000 A.C.

Lugar: Valle del río Arabac, Gran Sabana, Venezuela.

 

El pasado arqueológico de un país es muy importante a la hora de hilvanar la evolución cultural del hombre a través del tiempo. Dicho  legado no es sólo patrimonio del país que lo posee, sino que forma parte del rompecabezas histórico-social-cultural de la humanidad. Es por esto que, a toda manifestación del pasado del hombre, debemos darle la mayor relevancia, difundirlo y protegerlo para conocimiento de todos.

 

Vemos como este legado ha sido ampliamente reconocido en otros países. La Isla de Pascua, situada al oeste de Chile, y perteneciente a ese país, fue nombrada Patrimonio Histórico de la Humanidad por las Naciones Unidas. Las ruinas de Machu Pichu en Perú, también fueron honradas con ese título. Estas huellas dejadas por sociedades pretéritas, son  símbolos destacados de un desarrollo social y cultural que precedió a nuestra época y que han ayudado a entender buena parte de la historia presente.

 

El pasado arqueológico venezolano no es menos importante a la hora de recrear la historia de la humanidad: petroglifos, pinturas rupestres, monumentos megalíticos, tesoros cerámicos, artesanales, entre otros, engalanan nuestra historia antigua; como también la riqueza mitológica de nuestros más de 30 pueblos indígenas, que relatados cada uno en su lengua ancestral, pueden compararse con las más exquisitas literaturas del viejo mundo.

 

El Arte Rupestre y su destrucción

 

Según la reconocida arqueóloga Jeannine Sujo Volsky (†), el arte rupestre se puede definir como: “el trabajo plástico realizado por el hombre en la piedra en forma de pintura o grabado”.

 

Se sabe que la destrucción del pasado etnológico y arqueológico se inició con la llegada de los conquistadores europeos; que por agresión, ignorancia y apatía buena parte de la presencia indígena ha desaparecido de la faz de la tierra; que la creación de colecciones particulares de arqueología (la atracción por lo exótico) ha perpetuado, en muchos casos, la destrucción de su memoria cultural y el conocimiento de esos pedazos de nuestra historia. 

 

Pero, peor aún, esta destrucción no se ha detenido, sigue ocurriendo ante nuestros ojos y es injusto no hacer nada para impedirlo. Por ello, es necesario no darnos por vencidos, y crear alternativas o sugerir propuestas que rescaten del abandono a las huellas de nuestros antepasados. No debemos dejarnos vencer por los 500 años de destrucción que han sufrido y que siguen sufriendo quienes forman la base de nuestra historia.

 

En lo que al patrimonio arqueológico se refiere, este tiene sus detractores. Son muchos los yacimientos que han sido vandalizados por huaqueros –huaquería- (nombre de origen Inca que se le da a los profanadores y saqueadores de tumbas, templos y objetos prehistóricos), en busca de dinero fácil. Son muchos los petroglifos que han sido trasladados de sus yacimientos originales y llevados a colecciones particulares. Tanto petroglifos como pinturas rupestres han sido destruidos con grafittis contemporáneos grabados o pintados con aerosoles. Estas  prácticas se han observado entre políticos en campaña electoral, grupos religiosos y hasta personas inescrupulosas que practican tiro al blanco con estas obras.

 

Cuando un petroglifo se fragmenta con dinamita, cuando se remueve en pedazos o entero para llevarlo a una casa privada, o cuando se dañan pinturas rupestres u otros yacimientos sagrados para la población indígena, estos inmediatamente pierden su valor como tesoro nacional e histórico, los arqueólogos ya no pueden interpretar su significado y este pedazo de nuestra historia se pierde irremediablemente.

 

Riqueza arqueológica venezolana

 

En Venezuela se han encontrado más de 400 yacimientos de arte rupestre, de los cuales 320 son estaciones de petroglifos (cada estación puede tener cientos y cientos de rocas grabadas), 28 de pinturas rupestres, 6 de conjuntos megalíticos, 1 de geoglifo, 10 de piedras o cerros míticos naturales, 18 de bateas, 16 de amoladores líticos y 2 yacimientos de micropetroglifos.

 

Las Pinturas Rupestres o pictografías, son signos pintados sobre la roca. Sujo Volsky las define como indicadores territoriales de la presencia de grupos indígenas utilizados desde la época prehispánica hasta el presente. Han sido encontradas en las paredes y techos de cuevas y en abrigos rocosos, protegidas del clima y de la visibilidad fácil. Los símbolos eran pintados en colores blanco, negro, rojo y ocre, con pinturas elaboradas con resinas vegetales (onoto, carbón caraña), minerales como el óxido de hierro ó huesos pulverizados de animales. Como técnicas, se utilizaban pinceles hechos de manojos de fibra, tallos deshilachados y los dedos. La pintura se aplicaba en positivo o negativo, donde una capa de resina protectora cubría el área de la figura que se deseaba ilustrar y luego de pintarse el área circundante se despegaba la resina que formaba la figura. Con esta técnica se invertían los colores de claro-oscuro.

 

Una de las funciones de estos símbolos se conoce por su uso aún hoy día entre los Piaroa: la de proteger los sitios sagrados de enterramientos primario (fardos mortuorios en la tierra) o secundarios (huesos desenterrados y guardados en vasijas de cerámica).

 

Patrimonio en peligro

 

En Venezuela nuestro patrimonio arqueológico vive una crisis de constante destrucción y de no buscarse solución inmediata, este legado patrimonial podría estar en peligro de extinción. La cantidad de yacimientos arqueológicos es amplia pero finita, y el descuido gubernamental y la falta de sensibilidad en su protección la han ido mermando. Sin embargo, en Venezuela no sólo existe el pasado, posee en el presente más de 30 etnias cuya cultura e historia son enriquecedoras y una cantidad maravillosa de vestigios de otras etnias que antiguamente poblaban el territorio, cada una con sus costumbres que analizar e historias que descifrar.       

 

La crisis de destrucción arqueológica se ve alimentada por cuatro factores esenciales:                 

 

 1. Los macro-proyectos de desarrollo, la agricultura extensiva y el urbanismo, así como también la contaminación ambiental, consecuencia de estos proyectos de desarrollo que no toman en consideración las peculiaridades culturales y ambientales.

           

2. Las excavaciones ilegales, el vandalismo, y el huaquerismo, de  los coleccionistas “inocentes”, aquéllos que encuentran  accidentalmente una punta de flecha u otro resto arqueológico y luego buscan en los alrededores o excavan para encontrar más, sin saber que están destruyendo información básica irreemplazable. La excavación realizada sin conocer la metodología arqueológica imposibilita la reconstrucción de los contextos que, al fin y al cabo, son los que proporcionan la información para la reconstrucción de formas de vida pretéritas.

 

3. Los fondos para salvar el patrimonio arqueológico no aumentan. Iniciativas como la creación del Instituto de Patrimonio Cultural (IPC) son importantes, pero su presupuesto no alcanza para cubrir todas las exigencias del país en materia arqueológica y antropológica.

 

4. El aumento de números de individuos que coleccionan objetos artísticos prehistóricos e históricos como pasatiempo.

 

“Los yacimientos arqueológicos deben ser localizados, estudiados y preservados en forma científica para reconstruir nuestra historia milenaria con un mayor sentido global y moderno.”  Erika Wagner.         

 

En homenaje a Jeannine Sujo Volsky, quién fuera una de las más brillantes investigadoras en el área antropológica y arqueológica de Venezuela, dejando en nuestro país un legado invalorable de años y años de profunda investigación, y quién cambió mi modo de ver al mundo e inculcó mi amor por los trabajos de campo, la observación y la exploración.

 

Fotografía y artículo: Alberto Blanco Dávila / Grupo Río Verde

 

 

 

 


HISTORIAS VERDES
HISTORIAS VERDES
Amazonia Socioambiental
Amazonia Socioambiental
Agenda Verde
Agenda Verde

Fujifilm

Fotografías e historias de nuestros lectores