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Hotel La Antigua Misión / Fotografía: Alberto Blanco
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La Antigua Misión

Álvaro Montenegro

 

Fue un antiguo lugar de transculturización de indígenas, que más tarde pasó a ser una misión capuchina y hoy día es un complejo turístico de gran nivel que alberga un exótico y diverso parque botánico. Además cuenta con un conjunto de instalaciones para la cría de caballos Shagya Árabe, los cuales están involucrados en las actividades y en la historia de este magnífico centro turístico en Yaracuy. Una armoniosa fusión entre lo natural, lo humano, lo Divino y el confort. Uno de los lugares más románticos y evocadores de Venezuela. Visitarlo es remembrar momentos cargados de historia y construir vivencias inolvidables.  

 

Lujo, confort, historia, biodiversidad tropical y aventura en Yaracuy

 

Cada vez que viajo al estado Yaracuy me sorprendo de nuevo con la exuberancia de su vegetación, con lo bello de sus paisajes y el clima tan robusto que cubre todo el territorio como si fuera un genio amable que custodia la naturaleza de cada rincón.

 

En Yaracuy está una de las pocas maravillas naturales, aunque moldeada por el hombre, que uno puede encontrar en Venezuela: El Parque de la Exótica Flora Tropical de La Misión de Nuestra Señora del Carmen, propiedad del Hotel La Antigua Misión.

 

Su propietario es uno de esos héroes anónimos del turismo en Venezuela, de esos que se atreven a soñar con un país mejor; se trajo hace mucho tiempo al arquitecto paisajista francés Jean Phillipe Thoze, después de admirar uno de sus jardines en las islas del Caribe. Once años tardaron en construir el mayor jardín botánico privado de Latinoamérica, que tiene más de 2.500 variedades de plantas pertenecientes a más de 250 familias botánicas y árboles centenarios de hasta 600 años; todo en total armonía con un paisajismo de ensueño, en sus casi 11 hectáreas de naturaleza perfecta y un recorrido de caminerías de 4,5 kilómetros. Aquí está la colección de heliconias más grande de Suramérica. Muchas de las especies de plantas que conforman la colección del parque fueron traídas de la India, Colombia, Costa Rica, Cuba, Trinidad, Italia, Martinica, Jamaica, Malasia, Japón, Argentina, Brasil, entre otros. Entre araguatos, y más de 100 especies de aves, todo ser sensible debe recorrer este milagro del paisajismo y de la botánica de unión entre la mano de Dios y la del hombre.

 

Al final del parque, estos titanes del turismo prepararon un circuito de arborismo (canopy) con más de 2 kilómetros de recorrido y 20 metros de altura, donde la emoción se nutre con un ecosistema precioso y único. Yo me lancé por las tirolíneas entre árbol y árbol, y no puedo dejar de recordar con sonrisas lo bien que la pasamos.

 

Además de la abundante naturaleza y la alegría, el patrimonio cultural flota en cada partícula de viento que baja por este valle del río Yaracuy. Es que en 1720 el monje capuchino Fray Joseph de Cádiz fundó la Misión de Nuestra Señora del Carmen en el sitio exacto donde hoy en día hay una capilla hermosísima (cuyas pinturas y campanas son originales del siglo XVIII y su altar fue hojillado en oro de 18 quilates y plata de ley), una casona colonial espectacular y un museo que hace comprender la evangelización de estos territorios en la época colonial. La Misión Nuestra Señora del Carmen forma parte de nuestra identidad como venezolanos, es como ver ese pasado que conforma nuestras raíces y forma parte de nuestra idiosincrasia.

 

Al lado está el Hotel llamado Antigua Misión de arquitectura tipo monasterio colonial, que realmente vale la pena conocer porque se encuentra dentro de la prodigiosa y diversa vegetación tropical.

 

Las habitaciones son impecables, el servicio muy correcto, el área de piscina amplia y generosa, el Spa es sorprendentemente limpio, bueno, y se realizan todos los tratamientos imaginables. Yo he colocado a este hotel en la lista de los más románticos de Venezuela, porque el ambiente parece sacado de un filme sentimental de otras épocas. Sin duda es un Hotel cinco estrellas de carácter colonial en medio de la más exuberante vegetación tropical.

 

El desayuno, que es la comida que más me gusta, es generoso y lo sirven en un patio muy gracioso y pintoresco con su fuente como telón de fondo. Almorzamos y cenamos en el restaurante “El Monje”, el mejor del estado, donde un músico deleitaba a los comensales con su piano de cola y nos  preparó el alma para la deliciosa comida del grandioso chef Juan Carlos Lara, quien goza de una gran trayectoria como Chef en los mejores hoteles del país. El piano bar al lado, la amabilidad del Maître con todo su personal yaracuyano y la calidad y presentación de la comida, lograron que las veladas fueran inolvidables.

 

CÓMO LLEGAR:

 

El hotel Antigua Misión está muy bien señalado desde la autopista y queda muy cerca de San Felipe, capital del estado Yaracuy. La dirección exacta es:

Carretera vía La Marroquina, sector San José, San Felipe, estado Yaracuy.

Teléfono: (0254) 600.00.00,  www.hotelantiguamision.com.

 

DÓNDE ALOJARSE:

 

El hotel Antigua Misión vale la pena mil veces, por el entorno patrimonial y natural en donde se encuentra.

 

DÓNDE COMER

 

En el hotel se come delicioso, buena gastronomía y no tienes que salir de allí para nada. En el “Patio La Fuente” se sirven desayunos copiosos, en el “Snack Piscina” se almuerza rico y el restaurante “El Monje” es ideal para la cena. Los domingos son del restaurante “El Trapiche”, donde se sirve carne a la parrilla.

 

 

NDE COMPRAR:

 

En la casona colonial hay una tiendita de recuerdos y artesanía que está muy bien dispuesta.

 

NO OLVIDES:

 

Tu cámara de fotografías, porque te sorprenderás con tantos paisajes bellos y de arquitectura colonial sorprendente. Un buen libro clásico como “Los cuentos imprescindibles” del ruso Antón Chejov. Traje de baño y ropa fresca para la selva. Repelente contra insectos, muy aconsejable para caminar por el jardín botánico o recorrerlo en carreta con caballos o en los carritos eléctricos con que cuenta el hotel.

                                                                                                                                                                                                  

La historia de la Misión de Nuestra Señora del Carmen

 

Durante las primeras décadas del siglo XVIII comienza en el valle de Yaracuy un proceso sistemático  de ocupación de las tierras en donde, para la época, las misiones jugaban un papel muy importante. El principal objetivo de las misiones era el de “reducir” a los diferentes grupos de indígenas y adaptarlos al modo de vida de los españoles. Para ello se organizaban expediciones con grupos armados de hombres, y se capturaban indígenas de diferentes etnias para su posterior reubicación.

 

Según los registros misionales de 1720 el teniente de justicia mayor de San Carlos, Don Ignacio Sánchez Nádanez y 60 hombres, irrumpen en tierras  llaneras y capturan a un grupo de indígena de la etnia chiripas para trasladarlos a tierras yaracuyanas. Es precisamente con este grupo de indígenas que varios misioneros capuchinos encabezados por Fray Joseph de Cádiz, comienzan la difícil labor de la transculturización. Utilizan como sede  las orillas de la quebrada Maraña, convenientemente ubicada cerca de las misiones de Nuestra Señora de la Caridad de las tinajas y San Francisco Javier de aguas de culebras consolidando de esta manera lo que sería más tarde un complejo misional.

 

Los primeros años de fundada la Misión Nuestra Señora del Carmen trascurrieron tranquilamente en los hermosos valles yaracuyanos. El cultivo del cacao, las plantaciones de tabaco, la enseñanza de la religión, la instrucción de las nuevas lenguas (el español y el latín) y, por supuesto, la enseñanza de las nuevas costumbres españolas eran las actividades típicas de un día normal en la Misión nuestra Señora del Carmen.

 

Gracias a las bondades que Dios supo repartir en estas tierras, en el valle de Yaracuy floreció un importante centro de actividad comercial, en donde los misioneros eran los protagonistas e impulsores del mismo. Por su excelente ubicación la Misión Nuestra Señora del Carmen tuvo un rol protagónico en la actividad comercial del complejo misional. Muchos factores influyeron para que esto fuese posible, pero los que realmente merecen ser destacados son: la corta distancia que existía entre la Misión Nuestra Señora del Carmen y otras Misiones, su cercanía al río Yaracuy (navegable para entonces y principal vía de comunicación), la fertilidad de sus tierras, la excelente mano de obra indígena productora de un cacao de muy buena calidad y la tesis que practicaban los misioneros en América el libre comercio entre los pueblos del mundo como derecho legítimo y natural. Por esta razón la Misión poseía una prospera actividad de intercambio con diversos comerciantes, en especial con los mercaderes Holandeses establecidos desde principios de siglo en la isla de Curazao.

 

Las políticas económicas de Felipe V de España (1724-1746) impedían el comercio entre sus colonias y otros países protegiendo así los intereses de las negociaciones españolas. Si el pensamiento de la Corona española era el de controlar el comercio ilícito, las misiones pensaban en practicarlo, en virtud de su derecho natural de comerciar. Esto trajo como consecuencia la aplicación de severas medidas de control, entre las que destacan nuevas leyes de tenencias de tierras fértiles y el establecimiento de la compañía Guipuzcoana para regular el comercio ilícito por el río Yaracuy.

 

Esto contribuyó a que la actividad comercial de las misiones decayera, trayendo como consecuencia la migración de sus poblaciones indígenas hacia otras tierras y poco a poco dejó de hablarse de Misión Nuestra Señora del Carmen. Tanto así que, para el año de 1750, ya no aparece registrada en los documentos misionales. De esta manera culmina uno de los periodos más determinados en la vida de las misiones Yaracuyanas y así se cierra una página más de nuestra Historia de Venezuela.

 

El 18 de diciembre de 1924, estando todos los padres juntos y congregados en la Misión Nuestra Señora del Carmen, se leyó la petición dirigida a su majestad el Rey, que se levante en aquel sitio una villa de españoles para resguardarlos de sus Misiones tomando en cuenta que el cabildo de nueva Segovia de Barquisimeto había mandado a destruir las construcciones que levantaron los colonizadores españoles quienes habitaban los cerritos de cocorote.

 

Por: Álvaro Montenegro

 


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