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Tiburón Azul / Fotografía: Gaby Carías
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Tiburones en Venezuela

Rafael Tavares / Elena Salim Haubold

 

 

La protección de los tiburones tiene un impacto altamente positivo y significante para los ecosistemas marinos e incluso para la economía de las naciones. En nuestro caso, el hábitat que proporciona el Archipiélago de Los Roques en Venezuela es un eslabón fundamental para la subsistencia de esta especie ya que funge de guardería para los tiburones juveniles y área de criadero. Los especialistas recomiendan la protección seria de estas áreas y, por supuesto, de los tiburones.

 

TIBURONES: CANALIZADORES DEL EQUILIBRIO ECOLÓGICO Y BIOINDICADORES DE SALUD AMBIENTAL

UN GRUPO DE PECES AMENAZADO

 

En la actualidad, no es una novedad que las poblaciones de tiburones a nivel mundial se encuentren en riesgo de colapsar o desaparecer. La pesca intensiva de tiburones realizada durante las últimas décadas y la degradación de sus hábitats esenciales (ej. áreas de reproducción y alimentación), están entre las principales causas que han llevado a la disminución global de la abundancia de este grupo de peces. Se hace irónico el hecho que a pesar de que los tiburones han sobrevivido a diversas catástrofes naturales y extinciones en masa (desde su aparición en la faz de la tierra hace 450 millones de años), hoy están en riesgo de extinguirse como consecuencia directa de varias actividades irresponsables que han realizado los humanos, en tan solo cuatro décadas. Al parecer, las agresiones que tienen que soportar los tiburones no tienen limite, recientemente se ha desarrollado un comercio internacional de aletas de tiburón que ha estimulado la matanza de millones de ellos alrededor de todos los océanos y mares. El consumo masivo de aletas de tiburón tiene su origen en el continente Asiático y ello se debe a que en esta región existe la falsa creencia de que las sus aletas contienen propiedades afrodisíacas.

 

Otro aspecto es que, al contrario de la mayoría de los peces, los tiburones son extremadamente susceptibles a la explotación pesquera debido a sus propias características biológicas. Por ejemplo, los tiburones crecen muy lentamente y por consiguiente alcanzan la madurez sexual tardíamente (entre 6 y 10 años); luego, las hembras adultas únicamente se reproducen cada dos o tres años, para dar a luz un número reducido de crías que puede variar según la especie entre 4 y 20 individuos. Las crías, después de nacer, están sujetas a niveles elevados de depredación por parte de otros tiburones adultos, haciendo reducir significativamente su supervivencia. Entonces, si incorporamos el factor sobrepesca en esta ecuación biológica como resultado obtendríamos a un grupo de peces destinados a desaparecer de la faz de la tierra. Por estas razones, diversas naciones con pesquerías importantes de tiburones han comenzado a implementar medidas de conservación con el propósito de salvaguardar las poblaciones naturales de estos peces y también asegurar el equilibrio ecológico de los ecosistemas marinos. Entre las medidas de conservación y regulaciones pesqueras más comúnmente aplicadas están: el establecimiento de tallas mínimas de captura con el fin de garantizar que los individuos juveniles alcancen la madurez y puedan reproducirse; el cierre temporal o total de la pesquería y la creación de áreas protectoras como las reservas de fauna y santuarios marinos.

 

TIBURONES PRESENTES EN VENEZUELA, HABITANTES COMUNES EN NUESTRAS AGUAS

 

En Venezuela existe una gran diversidad de tiburones, habiéndose registrado hasta la fecha un total de 60 especies. Este nivel de diversidad representa alrededor del 50% de todas las especies conocidas para el Atlántico centro-occidental, desde las costas de Florida (USA) hasta el nordeste de Brasil, e incluyendo el Golfo de México y el Mar Caribe. En nuestras aguas tenemos especies de gran porte como los tiburones mako (Isurus oxyrinchus) y tigre (Galeocerdo cuvier); especies costeras de menor tamaño como el cazón playón (Rhizoprionodon porosus) y la viuda amarilla (Mustelus higmani); e inclusive especies oceánicas altamente migratorias, que es el caso del tiburón azul (Prionace glauca). También el tiburón toro (Carcharhinus leucas), especie muy particular por poseer la capacidad de penetrar en los sistemas continentales de agua dulce (caños, ríos y lagos), es un habitante común en ciertas zonas costeras como el Lago de Maracaibo y el Delta del Orinoco. El grupo de tiburones más diverso y abundante en nuestras aguas es el denominado grupo de “tiburones grises” (Familia Carcharhinidae) y precisamente son estos los más capturados en las pesquerías. Las especies más representativas de este grupo son los tiburones macuira (Carcharhinus limbatus), bobo (Carcharhinus falciformis) y manto negro (Carcharhinus obscurus).

 

Los tiburones constituyen un recurso pesquero tradicional en la mayoría de las zonas costeras e insulares venezolanas y sin embargo existe un gran desconocimiento con relación a la información pesquera y biológica de las especias más comunes. Para conocimiento del lector, es necesario señalar que desde el punto de vista biológico-pesquero, el estado de las poblaciones de organismos sujetos a explotación pesquera puede predecirse a través de la aplicación de modelos matemáticos de evaluación pesquera, que a su vez requieren ser alimentados con información básica de las especies: parámetros biológicos (tasa de crecimiento, talla de madurez, fecundidad y mortalidad natural) y pesqueros (niveles de capturas anuales, composición de especies y áreas de pesca). Es decir, si conocemos el número de individuos que son extraídos del mar vía pesquería, y la capacidad de reproducción y crecimiento de la población, entonces es posible estimar el número de individuos que quedaron en el mar o en otras palabras la densidad poblacional. Por consiguiente, los biólogos pesqueros también podríamos conocer qué niveles de pesca serían los más cónsonos con el aprovechamiento sustentable del recurso, además de poder elaborar las respectivas estrategias de conservación. Así pues, debido a la dificultad de aplicar los modelos de evaluación pesquera antes mencionados, los entes con responsabilidad en la administración pesquera recurren a la aplicación de medidas precautorias de conservación para los casos que existe sospecha de amenaza para el recurso.

 

El mar de desconocimiento en el que estamos inmersos ha sido consecuencia de la dificultad y alto costo que implica llevar a cabo estudios científicos con tiburones, así como también de la falta de apoyo para ejecutar las acciones de investigación requeridas. Los estudios pesqueros en general requieren abarcar una amplia gama de factores y periodos largos de tiempo, haciéndolos extremadamente costosos. No obstante, la inversión es siempre justificada si consideramos la importancia que tienen los recursos pesqueros en términos de economía, alimentación y equilibrio ecológico. Los primeros estudios con tiburones en nuestro país estuvieron centrados en describir el modo de operar de algunas pesquerías y cuantificar e inventariar las especies capturadas. Algunos de estos estudios, como era de esperarse, han arrojado indicios que apuntan hacia la disminución de la abundancia y pérdida de diversidad de algunas especies de tiburones que se encuentran en el Caribe venezolano.

 

ESCUALOS EN EL ARCHIPIÉLAGO DE LOS ROQUES

 

El archipiélago Los Roques es un complejo insular oceánico localizado en el Caribe venezolano y se caracteriza por poseer una elevada riqueza en fauna marina y por la importancia de sus ecosistemas marinos, como los de arrecife de coral. Haciendo mención solo de los peces, el archipiélago alberga alrededor de 400 especies, ubicándolo así como una de las plataformas insulares con mayor diversidad de peces en el Mar Caribe. Con relación a los tiburones, en el archipiélago se han reportado hasta la fecha un total de 21 especies, de las cuales algunas tienen sus poblaciones localizadas en el área y otras son visitantes frecuentes o temporales debido a su carácter de especies oceánicas o migratorias. La mayoría de los tiburones oceánicos utilizan las zonas circundantes de las plataformas insulares oceánicas como áreas de alimentación o reproducción. Las especies más comunes en el Archipiélago Los Roques son los tiburones macuira (Carcharhinus limbatus), coralino (Carcharhinus perezi), limón (Negaprion brevirostris) y gata (Gynglimostoma cirratum). A pesar del estatus de parque nacional del archipiélago, el plan de ordenamiento actual no contempla ninguna medida de conservación para los tiburones, por lo que sus poblaciones son impactadas negativamente por la explotación pesquera.

 

A través de los estudios de investigación se ha podido determinar que el Archipiélago Los Roques constituye un área de criadero de tiburones; es decir, donde las crías nacen y permanecen hasta alcanzar la adultez. Desde la óptica de la conservación de las especies, este aspecto es bastante relevante debido a que el archipiélago estaría produciendo los reclutas o individuos nuevos que eventualmente se reproducirán y remplazarán aquellos que han sido extraídos de la población “vía pesquería”. De un modo análogo, Los Roques estaría funcionando como una guardería infantil de tiburones, proporcionándoles a su vez un ambiente seguro y un desarrollo saludable durante la etapa más crítica del ciclo biológico, que es la fase juvenil. Lamentablemente, se ha podido observar que la pesca de tiburones en el archipiélago está conformada casi en su totalidad por tiburones recién nacidos y juveniles; constituyendo de este modo una práctica pesquera anti-ecológica y agresiva. Por considerar que esta problemática atenta gravemente contra la subsistencia de los tiburones y equilibrio de los ecosistemas marinos, los trabajos de investigación realizados en el archipiélago durante los últimos años han estado dirigidos al estudio de las poblaciones de tiburones juveniles y a los hábitats que estos ocupan. Esto con el firme propósito de obtener la información biológica necesaria para poder presentar, ante las autoridades del parque nacional, un plan de conservación para los tiburones.

 

Uno de los métodos científicos utilizados en el Archipiélago Los Roques es el del “marcaje y recaptura”, el cual consiste en colocar etiquetas de identificación a los tiburones. Para ello se procede a capturar a los tiburones juveniles dentro de sus áreas de criadero mediante redes o líneas de anzuelos; subsiguientemente, se les mide la longitud, se insertan las etiquetas en la aleta dorsal y finalmente se liberan en el mismo lugar donde fueron capturados. La posterior recaptura de los tiburones ya etiquetados nos proporciona información sobre las tasas de crecimiento y las densidades poblacionales. Los resultados obtenidos con la aplicación de este método han indicado que los tiburones en el Archipiélago Los Roques tienen tasas de crecimiento elevadas, comparado con las poblaciones de las mismas especies localizadas en otras áreas geográficas como Florida, Bahamas y Sudáfrica. Lo relevante de este resultado es que el crecimiento acelerado conlleva a que estos tiburones alcancen prematuramente la madurez sexual y por ende estarían aptos para reproducirse en menor tiempo, y este aspecto es muy significante desde el punto de vista de la conservación de las especies. ¿Por qué estos tiburones poseen un crecimiento tan rápido? La respuesta es sencilla, el Archipiélago Los Roques está situado en una región netamente tropical donde la temperatura del agua es elevada y constante durante todo el año y ello hace elevar la tasa metabólica de los organismos marinos; además, la abundancia en fauna, típica del archipiélago provee una fuente de alimento segura para los tiburones y, como es obvio, favorece su crecimiento y desarrollo.

 

Otra fase de las investigaciones consistirá en explorar los movimientos de los tiburones juveniles por medio de la utilización del método de telemetría ultrasónica. Para ello se implanta en los tiburones un transmisor que emite señales de radio ultrasónicas y, utilizando un hidrófono conectado a un receptor, se hace seguimiento de los movimientos de los animales estando a bordo de una embarcación. Este procedimiento nos permite monitorear continuamente los movimientos de los tiburones durante el día y la noche para al final obtener información precisa sobre la delimitación de las áreas habitadas por los juveniles y el modo de utilización de estos hábitats. La importancia de identificar los hábitats de los tiburones juveniles o áreas de criadero radica en que posteriormente los investigadores podemos recomendar la protección de estas áreas, y precisamente es lo que buscamos para el Archipiélago Los Roques.

 

CONSERVACIÓN

 

En estos tiempos no se justifica que en el parque nacional se continúe permitiendo la pesca de tiburones; por el contrario, la protección de estos peces tendría un impacto altamente positivo y significante para los ecosistemas marinos. Además, el desarrollo e implementación de programas de ecoturismo dirigidos a la observación de tiburones en su medio ambiente tendrían un alto beneficio para la comunidad local. Cabe mencionar que, en el ámbito del ecoturismo, el valor económico de un tiburón vivo en su ambiente natural puede superar en más de un 200% el costo de uno muerto.

 

EL SENSACIONALISMO Y EL MIEDO IRRACIONAL AL TIBURÓN COMO FACTOR AMENAZANTE DE SUS ESPECIES

 

Si te aterroriza la imagen de un tiburón, piénsalo dos veces. Tan sólo analizar los efectos de una Tierra sin tiburones arroja una visión mucho más apocalíptica. Su extinción ocasionaría  efectos desastrosos para la vida en el planeta y su delicado equilibrio.

 

En los últimos 10 años 263 personas han muerto por ataques de perros domésticos, en cambio, tan sólo 10 personas han fallecido a causa de ataques de tiburón. De modo que, según las estadísticas, podríamos asumir que los perros son 26 veces más peligrosos que los tiburones.

 

Los tiburones habitan en todos los océanos y mares del planeta, por lo que cuando vamos a la playa es muy probable que nos encontremos cerca de uno o varios tiburones sin estar conscientes de esto. Sin embargo, los incidentes o mordidas de estos animales a personas son extremadamente raros. De millones de encuentros entre humanos y tiburones, solamente ocurren de 50 a 80 ataques al año en todo el mundo, de los cuales de 5 a 15 resultan mortales. La mayor parte de estos ataques resultan ser mordidas superficiales y en el extraño caso de que la persona muera, es generalmente por desangramiento. La verdad es que las personas no somos una presa atractiva para los tiburones y, en la mayoría de los casos, ni siquiera nos parecemos a lo que los tiburones podrían asociar como una potencial fuente de alimento. La mayoría de las especies de este grupo son depredadores selectivos y no gastarán energía atacando algo tan grande como nosotros, que no pueden comer eficientemente. De más de 400 especies de tiburones conocidas, sólo alrededor del cinco por ciento son consideradas potencialmente peligrosas para el hombre, ya que estas especies se alimentan de presas grandes y parecidas a nosotros, como los mamíferos marinos (delfines, focas, ballenas, manatíes) o tortugas. Desde el punto de vista de un tiburón que nada en aguas profundas, la similitud existente entre la silueta de una foca o un delfín en la superficie con la de los humanos es muy obvia, es decir, que basándonos en que nos parecemos bastante a su comida se esperaría que los ataques de estas especies a humanos sean muy comunes, cuando en realidad son muy raros. Sin embargo, la mala fama se extiende a todas las especies de tiburones casi por igual.

 

Los humanos no sólo juzgamos a los animales por el peligro que representan para la gente, sino, entre otros criterios, por su utilidad para nosotros. De no ser así, ya hubiéramos exterminado a todos los perros domésticos del mundo. De manera que antes de condenar a los tiburones a la extinción, valdría la pena comprender su utilidad para la economía sustentable del planeta. Entonces las angustias de los bañistas y el morbo de los expectadores de películas de horror sobre tiburones asesinos nos parecerán sustos de niño comparadas con el panorama de un mundo sin tiburones.

 

La mayoría de los tiburones son depredadores tope, es decir, están ubicados en los niveles más altos de las cadenas tróficas y, como tales, cumplen una función clave en el mantenimiento del equilibrio ecológico. Por ejemplo, si eliminamos a los leones y otros depredadores de una sabana, el crecimiento ilimitado de las especies herbívoras pronto amenazará con desertificar todo su ambiente, lo que las llevaría a ellas también a la extinción. Esto es lo que ocurrirá en el océano, especialmente en los arrecifes de coral, si desaparecieran las grandes especies de tiburones.

 

El cambio en la abundancia numérica de las poblaciones de presas es la forma principal en que los depredadores tienden a propagar los efectos indirectos en las redes tróficas, pero ésta no es la única. Los depredadores también pueden modificar el comportamiento de alimentación de sus presas en respuesta a la variación en el riesgo de depredación percibido, es decir, el miedo a la presencia de los tiburones hace que algunas especies alteren su conducta y su distribución en el hábitat, causando cambios en la abundancia de los niveles tróficos inferiores. Esto es lo que ocurre en Shark Bay (oeste de Australia) donde los biólogos han demostrado que los manatíes cambian su comportamiento alimenticio debido a la presencia de tiburones tigre. Los matíes prefieren el pasto marino nutritivo que se encuentra en medio de grandes valles en el fondo marino, pero se les hace muy difícil escapar de un tiburón tigre en estos lugares. Por esto cuando la cantidad de tiburones tigre es alta, los manatíes se desplazan hacia el borde de los valles marinos, los cuales son zonas más seguras pero de menor calidad alimenticia, reduciendo así el riesgo de depredación. Es decir, el tiburón tigre controla indirectamente la distribución del pasto marino y a todas las especies que dependen de éste, alterando los patrones de desplazamiento espacial de los hervíboros.

 

Diversos estudios sobre el efecto de la matanza excesiva de tiburones en determinados ecosistemas, advierten del peligro de un serio desequilibrio en el resto de los ecosistemas marinos. Peligro que pone en riesgo buena parte de la alimentación de la humanidad y la vida en el planeta. Y esto debería aterrorizarnos más que encontrarnos frente a frente con alguno de estos animales.

 

La masacre anual de tiburones ha dejado a un tercio de todas las especies de tiburones al borde de la extinción. Cerca de 100 millones de tiburones son cazados al año sólo por sus aletas. Éstas son usadas para preparar el infame plato asiático “sopa de aleta de tiburón”. Los pescadores en esta industria sacan el animal del agua, le cortan sus aletas y luego devuelven el cuerpo al mar, sin oportunidad alguna de que sobreviva. Tal vez si el tiburón no contara con la fama sensacionalista de asesino en serie de bañistas simpáticos, muchos “defensores del ambiente”, igualmente simpáticos, protestarían ante semejante desperdicio y, mucho más, ante la crueldad de dejar a un animal vivo desangrándose indefenso en el fondo marino mientras es devorado por otros peces.

 

En algunas zonas, el valor turístico del avistamiento de tiburones es muy elevado, de modo que un deterioro en las poblaciones de éstos tendría un efecto socioeconómico apreciable aun cuando no tenga mayores efectos ecológicos. De esta manera, el turismo relacionado con avistamientos de tiburones y rayas se ha convertido en una fuente rentable de ingresos y empleos. Por ejemplo, en Bahamas, en el que se estima que un sólo tiburón genera 250 mil dólares durante toda su vida debido al turismo; en cambio, el mismo tiburón cazado podría venderse en 50 ó 60 dólares7. La especie Carcharhinus perezi es explotada por la pesca por su valor comercial de aletas y carne8 y se ha convertido en el principal recurso de actividad turística de avistamiento de tiburones en Bahamas y el resto del Caribe9 generando beneficios importantes para la economía local.

 

Por todo esto, la pequeña minoría hoy preocupada por la matanza injustificable de tiburones en el mundo, desea transmitir su preocupación al mayor número posible de personas. Esperamos que ellas se sumen a esta causa, desmintiendo en cada oportunidad la mala fama de estos animales y promocionando, en su lugar, su enorme valor ecológico y, por tanto, económico. Estamos seguros que el lector de Río Verde está ganado para ello.

 

Artículo por: Rafael Tavares y Elena Salim Haubold

 

 


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