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Frogfish Gigante (Antennarius commerson) / Fotografía: Gaby Carias
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Peces Ranisapos, maestros del camuflaje

Juan Posada

 

Los peces ranisapo gozan de una forma corporal atípica en los peces: son globosos, sin escamas y frecuentemente cubiertos con espínulas desiguales y bifurcadas. Esta estrategia les funciona muy bien para pasar desapercibidos, pues simulan que son piedras, corales, esponjas o ascidias. Aunque esto los hace parecer lentos y sedentarios, también se pueden mover rápidamente al valerse de sus aberturas branquiales para lograr un impulso de propulsión a chorro. Mucho más rápido se mueven al comer, tanto así que algunas fuentes aseguran que es el movimiento más rápido del reino animal y que apenas puede ser percibido por el ojo humano.

 

Recuerdo una anécdota de mi época de estudiante de biología en la Universidad Central de Venezuela, por allá en el siglo pasado, cuando una compañera de estudios se encontraba equipada con su equipo de buceo, estimando la cobertura de organismos sujetos al sustrato en el arrecife coralino (sésiles), fue sorprendida por algo que no esperaba ver: a una esponja moverse.  Poco tardó en darse cuenta de que había sido una víctima más de estos maestros del camuflaje: los peces ranisapo.

 

Para algunos estudiosos de los peces (ictiólogos), o para aquellos aficionados a contemplarlos en mares o acuarios, el nombre común de peces sapo puede resultar inapropiado, pues este también es utilizado para referirse a los de la familia Batrachoididae, mientras que los que nos ocupan pertenecen a la familia Antennariidae, nombre latín muy apropiado por que describe el apéndice característico que se ubica sobre la boca de estos peces, a manera de antena, el cual trataremos más adelante.  En inglés se les conoce como frogfishes, cuya traducción literal sería: peces rana. Aquí, para quedar bien con todos, pero a riesgo de no lograrlo con ninguno, usaremos el término ranisapo.

 

Tanto los miembros de la familia Antennariidae, como los de la familia Batrachoididae se encuentran dentro del orden Lophiiformes (del griego lophos: cresta, y del latín: forma), y este dentro de la clase Actinopterygii (del latín actino: radio y del griego pteruks: aleta).

 

Distribución, forma y tamaño

 

Los ranisapo se encuentran en aguas donde la temperatura del agua supera los 20°C, vinculadas a  océanos y mares tropicales y subtropicales (incluyendo el sur de Australia), excepto en el mar Mediterráneo. Viven asociados con fondos arenosos, rocosos y de arrecife coralino, tanto en aguas someras como profundas (generalmente entre 20 y 100 m, pero pudiendo alcanzar hasta un máximo de 300 m).

 

La forma corporal de los ranisapos es atípica de los peces ya que, en lugar de resultar hidrodinámica, adecuada para desplazarse con facilidad o rápidamente en el agua (bien sea para capturar a sus presas o escapar de los depredadores), resulta globoso, sin escamas y frecuentemente cubierto con espínulas desiguales y bifurcadas. Justamente la estrategia de estos peces es el camuflaje, simulando que son piedras, corales, esponjas o ascidias, pasando así  desapercibidos, tal y como lo experimentó mi compañera de estudios, y seguramente tantos otros buzos. En cuanto a la talla, los ranisapos oscilan entre 5.6 y 42.0 cm de longitud total.

 

Locomoción

 

Logran simular que son corales o esponjas, pues ya nos podemos imaginar que son muy sedentarios y viven normalmente aislados entre sí, sin formar agregaciones. Sí, los ranisapo nadan muy pocas veces. Más bien recorren pequeñas distancias arrastrándose torpemente sobre el fondo del mar con sus aletas pectorales, que resultan ser lóbulos alargados parecidos a brazos con su codo, con los cuales se apoyan sobre las rocas. En la base donde se unen estas aletas con el cuerpo se encuentran unos pequeños orificios redondos, donde se encuentran las branquias, a través de las cuales respira.  Sin embargo, estas aberturas pueden servirles para moverse rápidamente, cuando sorben grandes cantidades de agua por la boca y las expulsan por las aberturas branquiales, logrando un impulso que puede considerarse literalmente como de propulsión a chorro.

 

Alimentación

 

Justamente cuando el ranisapo es extremadamente rápido es a la hora de alimentarse. Tanto así que su movimiento apenas puede ser percibido por el ojo humano. Algunas fuentes aseguran que es el movimiento más rápido del reino animal, tardan apenas unas milésimas de segundo en engullir a sus víctimas, la mitad de lo que necesitan otras especies rápidas, como aquellas de la familia Scorpaenidae (peces escorpión, piedra o sapos chaznetes, como también se les conoce en Venezuela). Asociada con esta estrategia de depredación voraz se vincula la boca, amplia y dotada de numerosos dientes pequeños, cuya abertura se ubicada en posición vertical o muy oblicua, dirigida hacia arriba.

 

Sobre la boca se encuentra la primera de las tres espinas de la aleta dorsal, todas ellas separadas entre sí. Esta se encuentra modificada a modo de una caña de pescar (denominada ilicium), en cuya punta se encuentra una estructura que simula una carnada o cebo (conocida como esca). Es por ello que a estos peces se les conoce en inglés como anglerfishes, que puede traducirse como “peces pescadores”. Tanto el ilicium como el esca tienen carácter taxonómico, ya que las especies presentan respectivamente marcas y formas diferentes que resultan de gran ayuda para la apropiada identificación de éstas.

 

Para la captura del alimento los ranisapos atraen a sus presas con movimientos del ilicium, quienes inocentes se aproximan al depredador interesados por la supuesta carnada. Es allí donde atrapan a sus presas, engulléndolas con un movimiento rápido de succión, prácticamente sin moverse de su sitio. Entre las presas de los ranisapos se encuentran crustáceos y peces, incluyendo algunos de su misma especie, entre quienes se puede encontrar hasta su pareja reproductiva. El tamaño de la presa puede igualar el tamaño del depredador, para lo cual este último expande grandemente no sólo su boca, sino también su estómago.

 

También hay evidencia visual de un ranisapo ingiriendo a un pez león, con lo cual estos peces podrían ayudar en el control natural de este invasor, cuyo caso fue tratado por Oscar Lasso-Alcalá y colaboradores en la edición número tres de esta revista.

 

Ya que actúa como un señuelo, el esca es susceptible de perderse o dañarse debido a mordeduras por parte de potenciales presas o de sus depredadores. De ocurrir, el ranisapo puede llegar a regenerarlo, pero entonces debe pasar por un periodo de ayuno, hasta su total recuperación. Para evitar esta perdida, algunas especies cuentan con una abertura entre la segunda y la tercera espina dorsal, en la cual se puede esconder el mismo.

 

Coloración

 

La coloración de los ranisapos es muy variable, inclusive dentro de una misma especie. En consecuencia, este carácter no resulta de ayuda al momento de apoyarnos en ello para su identificación específica.  Todo lo contrario, más bien puede ser un factor de confusión, incluso para el ojo más entrenado. Muchos cambian de coloración, posiblemente en un intento para mimetizarse con el fondo, en un proceso que puede durar entre días o semanas. La gama de colores va del amarillo al anaranjado, pasando por el marrón moteado, rojo sólido y hasta el pardo oscuro o negro.

 

Diversidad

 

Dentro de la familia Antennariidae tenemos tres subfamilias: Antennariinae (con 12 géneros y 44 especies), Lophichthyinae (un género y una especie) y Tetrabrachiinae (un género y una especie).  En la región del Gran Caribe y en Venezuela se encuentran registradas siete (7) especies, cuyos nombres científicos son, de acuerdo a la autoridad más actualizada: Antennatus bermudensis, Antennarius multiocellatus, A. pauciradiatus, A. striatus, Fowlerichthys ocellatus, F. radiosus e Histrio histrio. En esta contribución se cuenta con el aporte de imágenes de cinco de estas siete especies, en algunos casos en diferentes fases de coloración y con muy buen nivel de detalle para facilitar la identificación taxonómica. También se incluye la foto de una especie del Pacífico Oriental Tropical (Antennarius commerson), capturada en el Parque Nacional Coiba (Panamá). Todo esto se debe al valioso esfuerzo que dedica Gaby Carías a documentar la vida submarina, lo que facilita enormemente el trabajo de los que venimos detrás.

 

Reproducción

 

Es poco lo que se conoce sobre la conducta reproductiva de estas especies. Algunas de estas observaciones provienen de parejas mantenidas en cautiverio (acuarios). En la mayoría de los casos las hembras liberan sus huevos en la columna de agua, embebidos en cintas gelatinosas, a las que poco tiempo después llegan los machos para fertilizarlos. En algunas especies las hembras colocan masas de huevos sobre el sustrato y es allí donde van luego los machos a fertilizarlos. En estos casos puede haber cuidado parental, el cual es ejercido por los machos. También se conoce el caso de dos géneros cuyos machos portan las masas de huevos fertilizadas adosadas al cuerpo o contenidas es una especie de saco corporal, cubierto por la aleta pectoral (Lophiocharon e Histiophryne, respectivamente, ambos en aguas Australianas).

 

Consideraciones finales

 

En este trabajo hemos mencionado a los peces sapo (Familia Batrachoididae), a los peces escorpión, piedra o sapos chaznetes (familia Scorpaenidae) y a los ranisapos (Familia Antennariidae).  De estos, los únicos que no tienen representantes portadores de espinas que inoculan veneno son los ranisapos. Todos son maestros del camuflaje, por lo que cuando buceemos debemos estar atentos para no perdernos de la majestuosidad de su discreción, pero sin miedo, pues gracias a las contribuciones que se publican en Río Verde podemos ser naturalistas muy bien informados.

 

Por: Juan Posada

 


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