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Guacamayas Azul y Amarillas (Ara ararauna) / Fotografía: Alberto Blanco Dávila
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Guacamayas, arcoirís alados

Franklin Rojas-Suárez

 

Las guacamayas forman parte de uno de los grupos de aves en mayor riesgo de extinción. Los grandes bosques de los cuales dependen para anidar y alimentarse están siendo destruidos a un ritmo vertiginoso, mientras que la captura de sus pichones para alimentar el tráfico ilegal de mascotas aumenta año tras año a pesar de las leyes.

 

¿Quién no conoce a las guacamayas?

 

Es imposible permanecer indiferente ante el espectáculo alado de las guacamayas… Amarillos, azules, naranjas, rojos, verdes… Un amplio arcoíris de colores se encuentra en estas hermosas aves exclusivas del trópico americano. Son parte de la familia de los psitácidos, donde se incluye a los loros, pericos, periquitos, cacatúas, ninfas, y afines; y comparten con ellos sus picos potentes y curvos, lenguas carnosas redondeadas, patas zigodáctilas de dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás, así como la capacidad de imitar sonidos y palabras, y al mismo tiempo se distinguen por los grandes tamaños que alcanzan y sus impresionantes coloridos. De hecho, entre las guacamayas se encuentran los gigantes de los psitácidos tanto en largo como en envergadura, así como algunos de sus representantes más llamativos y admirados.

 

Al igual que otros psitácidos son animales sociables que andan en grandes y bulliciosas bandadas, especialmente al alimentarse o al atardecer cuando se reúnen en dormideros comunales en las copas de los árboles. Forman parejas monógamas que permanecen juntas toda la vida o al menos hasta el fallecimiento de uno de integrantes de la pareja. El macho y la hembra, cuyos aspectos son similares y casi imposibles de diferenciar a simple vista, acondicionan juntos su nido en el interior de cavidades en grandes árboles donde, dependiendo de la especie, ponen entre dos a seis huevos, siendo las especies de mayor tamaño las menos productivas. Ambos padres crían a sus pelados y desvalidos pichones por un largo tiempo, hasta que empluman y emprenden el vuelo, manteniendo fuertes vínculos familiares aun después del abandono del nido.

 

Las guacamayas se alimentan principalmente de frutas y semillas que logran partir con sus fuertes picos. Se encuentran entre las aves más longevas, pueden llegar a alcanzar de 30 a 50 años, aunque su vida media usualmente oscila entre 10 a 20 años.

 

La fascinación del hombre por estas maravillosas aves se remonta a tiempos precolombinos, y se tienen evidencias de su importancia para la religión y mitología de los pobladores originales americanos desde México a la Argentina, donde se les vinculaba con frecuencia a sus deidades solares. También era habitual el uso de las plumas en elaborados ornamentos, coronas y trajes, así como su constante presencia como mascotas, prácticas que aún perduran hasta nuestros días.  Sin embargo, fue con la llegada de los colonizadores españoles a América que se iniciaría un tráfico tan intenso y constante que llevó a la extinción a varias especies que nunca se llegarán a conocer con precisión.

 

La extinción de las guacamayas

 

Se cree que cuando Cristóbal Colón llegó a América, hace poco más de 500 años, existían entre 22 a 25 especies diferentes de guacamayas. De hecho, el Almirante quedo tan impresionado con la exuberancia de la flora y fauna neotropical, que al regreso de su primer viaje, en abril de 1493, entre los regalos que llevó a los reyes, detallara con nombre propio: algodón, ámbar, plantas extrañas, polvo de oro, seis nativos y 40 loros. La fascinación que originaron estas aves en Europa se evidencia en las repetidas solicitudes por más especímenes y el intenso tráfico que se estableció desde entonces, y que dura hasta nuestros días.

 

En el primer viaje Colón observó loros en todas la islas del Caribe que visitó, y en el segundo viaje, su compañero Miguel de Cuneo ahondaba sobre esta diversidad de psitácidos y describía tres tipos diferentes de acuerdo a sus tamaños y colores, presentes en las islas visitadas (Cuba, Jamaica, La Española, Puerto Rico, y Guadalupe), y que con seguridad se correspondían a guacamayas, loros, y pericos. Sin embargo, la falta de descripciones precisas, especímenes preservados, dibujos, o restos óseos, impiden conocer con exactitud cuántas especies eran. Se estima que la extinción se llevó al menos tres especies de loros Amazona, cinco de pericos Aratinga, y a siete especies de guacamayas. Incluso es posible que las pérdidas hayan sido mayores, pero otros reportes son menos confiables, y siempre queda la duda de si se trataba de mascotas de los indígenas que las traían desde otras islas o desde el propio continente.

 

De una sola de estas guacamayas caribeñas se cuenta con especímenes preservados. Se trata de la hermosa guacamaya de Cuba o cahuey (Ara tricolor), de 55 centímetros y color predominante rojo con la nuca naranja o amarillenta, alas y extremo de la cola azul celeste, cuyo último ejemplar conocido fue cazado cerca de la Ciénaga de Zapata en 1864. En la cercana isla de la Española (República Dominica y Haití), se supone que habitaba una guacamaya de colores similares, cara más roja y quizás de frente blanca, que podría haber sido la misma especie, una subespecie de la cubana, o quizás una especie distinta para la cual se ha propuesto el nombre de Ara rouge. Otra especie probable es reportada para Puerto Rico y la cercana isla de Saint Croix (Ara autocthones), basándose en restos óseos que evidencian un menor tamaño respecto a la guacamaya cubana.

 

Por su parte, Jamaica había sido bendecida con dos especies: la guacamaya jamaiquina roja (Ara gossei) y la guacamaya jamaiquina verde y amarilla de cabeza roja (Ara erythrocephala). Ambas fueron descritas hacia 1847, la primera basándose en un espécimen cazado en 1765, y era parecida a la especie cubana (se ha sugerido que podría haber sido una subespecie), diferenciándose por la frente, corona y nuca de color amarillo brillante. Por su parte, la coloración de la otra guacamaya jamaiquina era verde amarillento, con las alas y la cola azules por arriba y anaranjado rojizo por debajo, mientras que su cabeza era de color rojo.

 

Para las pequeñas Antillas orientales la información sobre las guacamayas es menos precisa. En Martinica existen varios reportes del siglo XVIII, de una guacamaya similar a Ara ararauna, que ha sido llamada la guacamaya azul y naranja (Ara martinica), con el dorso de color azul y el vientre amarillo anaranjado sin el collar negro de la especie continental. Por otra parte, en 1791 se describió para la cercana isla de Dominica la guacamaya dominicana verde y amarilla (Ara atwoodi), como un ave de mayor tamaño que las dos Amazona locales, de plumaje verde y amarillo con la cara desnuda rojiza, y las coberteras de las alas y de la cola escarlatas. La tercera especie sería la guacamaya de las Antillas menores (Ara guadeloupensis) en Guadalupe, descrita en base a numerosos informes como similar a la guacamaya bandera (Ara macao), pero de menor tamaño y con la cola enteramente roja y más larga. Ya en 1496, el hijo de Almirante, Fernando Colón, mencionaba a esta ave que los indígenas Caribe llamaban "guacamayo” (en otra versión, la Real Academia de la Lengua opta por el vocablo Huacamayo, de los indígena Taíno de La Española, como el origen de esta palabra).

 

Más recientemente y en pleno siglo XX, hubo que conocer la extinción de otra guacamaya, en este caso, de una especie continental. Se trata del guacamayo violáceo (Anodorhynchus glaucus), fascinante animal de color azul turquesa pálido con la cabeza grisácea, y carnosidades amarillas alrededor del ojo y el pico. Habitaba una pequeña región entre Brasil, Argentina, Paraguay, y Uruguay, siendo su último avistamiento en 1950, al noroeste uruguayo.

 

Las guacamayas sobrevivientes

 

Actualmente solo quedan 16 especies de guacamayas separadas en seis géneros distintos, tres de los cuales no incluyen Venezuela en su distribución. Dos especies pertenecen a Anodorhynchus, y carecen del área desnuda en la cara y son parientes del extinto guacamayo violáceo. Se trata del guacamayo Jacinto (Anodorhynchus hyacinthinus), habitante de Brasil, Bolivia y Paraguay, de intenso y uniforme color azul añil que con un metro de largo es el loro más grande del mundo, y el guacamayo de Lear (Anodorhynchus leari), parecido al Jacinto pero de menor tamaño y de colores más tenues, restringido a una pequeña región del nordeste de Brasil. Ambas especies están en grave peligro de extinción.

 

También brasileña y aun en peor situación de amenaza, se encuentra la guacamaya de Spix (Cyanopsitta spixi), única de su género y actualmente extinta en vida silvestre. Una distintiva ave de pálidos colores azules y mascara oscura, que habitaba una pequeña región del estado de Bahía en Brasil, donde fue masivamente capturada para el mercado global de mascotas. Hoy sobreviven unos 70 individuos en cautiverio y es considerada el ave más amenazada del mundo.

 

El tercer género sin representantes en Venezuela es Primolius, que incluye tres especies de mediano tamaño: la guacamaya cabeza azul (P. couloni), guacamaya de lomo rojo (P. maracana), y la guacamaya de cuello dorado (P. auricollis), presentes en la región central del Suramérica. La primera es considerada Vulnerable, la segunda está Casi Amenazada, mientras que la tercera aún se encuentra en buen estado de conservación.

 

Por su parte, y con ochos especies de mediano a gran tamaño, el género Ara es el más diverso y quizás también el más conocido. Tres de estas especies no están en Venezuela, que son la hermosa y restringida guacamaya de garganta azul (A. glaucogularis), la gran guacamaya verde (A. ambiguus), y la guacamaya de frente roja (A. rubrogenys). La primera posee una coloración que recuerda a nuestra guacamaya azul y amarillo con un collar celeste, mientras que la segunda es similar a la guacamaya militar pero de mayor tamaño. La tercera especie es de menor tamaño y combina verdes, rojos y naranjas en un patrón único. Todas estas maravillosas guacamayas están amenazadas de extinción, siendo el caso más alarmante la situación de la guacamaya de garganta azul, de la que solo sobreviven entre 250 a 300 individuos en libertad.

 

Los representantes del género Ara presentes en Venezuela son cinco especies: guacamaya azul y amarilla (Ara ararauna), guacamaya bandera (A. macao), guacamaya roja (A. chloropterus), guacamaya militar (A. militaris) y la maracaná (A. severa).

 

La guacamaya azul y amarilla es inconfundible por su plumaje azul en la parte superior, y color amarillo dorado del pecho y el vientre. Tiene la frente verdosa, la cara desnuda blanca o rosada surcada por plumas oscuras, y delimitada por una gruesa franja negra. Su distribución va desde Panamá hasta Paraguay, y en Venezuela solo se encuentra al sur del río Orinoco, desde el Delta hasta el sur del Amazonas. Se cree que en el pasado su distribución era mayor, y aunque aún es abundante localmente, sufre una intensa presión de tráfico ilegal, lo que ha valido que sea considerada Casi Amenazada para nuestro país. En Trinidad se extinguió y actualmente está siendo objeto de un programa de reintroducción.

 

En dos de nuestras guacamayas predominan los colores rojos: la guacamaya roja y la guacamaya bandera. La primera es de mayor tamaño y se diferencia con facilidad por la franja de plumas verdes de sus alas, su cara desnuda surcada por plumitas rojas y un color más intenso que su prima la guacamaya bandera, de un color más escarlata, rostro sin plumas, y en las alas un tricolor amarillo, azul y rojo, que le han valido su nombre común en referencia al estandarte nacional. Ambas presentan una distribución amplia que se extiende desde Centroamérica a Suramérica. En Venezuela la guacamaya bandera es más frecuente en los llanos, mientras que la guacamaya roja abunda al sur del Orinoco, y en algunos casos sus distribuciones se sobreponen. Aunque ambas son solicitadas como mascotas, la guacamaya bandera es considerada como Casi Amenazada, mientras que la guacamaya roja aún se considera estable.

 

Por su parte, la guacamaya militar o guacamaya verde, hace honor a sus nombres comunes y nombre científico, al tener una coloración mayormente verde con plumas azules en las alas, y una cola donde se mezclan colores pardos, rojos, amarillos, verdes y azules. El rostro rosado está desprovisto de plumas con listas finas pardas y rojas, mientras que las plumas de la frente son de color rojo brillante. Es considerada como Vulnerable a nivel global a través de su distribución formada por pequeños y aislados parches que va desde México al norte de Argentina. Esta situación se repite en Venezuela donde se encuentra limitada a puntuales localidades de la Cordillera de la Costa central y a la Sierra de Perijá en el Zulia, siendo catalogada como En Peligro a nivel nacional.

 

La quinta especie del genero Ara presente en Venezuela es la guacamaya maracaná, fácil de diferenciar por su menor tamaño que no supera los 50 centímetros, y su color verde oscuro con pequeñas excepciones, como el tono rojizo de la parte inferior de las alas, y tonos azules en la parte superior, que también se pueden observar en sus colas. Tiene una amplia distribución a nivel regional como nacional, siendo capturada y traficada en menor intensidad que otras especies, y no está considerada como amenazada. Es frecuente en la ciudad de Caracas donde se observa en grandes grupos que van a dormir al Parque del Este.

 

Completan la lista de guacamayas venezolanas dos especies de amplia distribución en Suramérica: la guacamaya de vientre rojo (Orthopsittaca manilata), y la guacamaya enana (Diopsittaca nobilis). Ambas son los únicos representantes de sus géneros, y son de coloración predominante verde, llamando la atención en la primera su vientre de color rojizo y la porción desnuda de la cara amarilla; mientras que la característica más resaltante de la segunda es su pequeño tamaño de menos de 35 centímetros, que la convierten en el “benjamín” del grupo y hace que en muchos casos sea confundida con un perico de cola larga. Aunque la situación de estas especies aún es poco preocupante, también son capturadas con frecuencia para ser usadas como mascotas y padecen el deterioro de sus hábitats.

 

Un futuro poco colorido

 

Tanto por el número de especies extintas, como por la situación actual de las guacamayas sobrevivientes, podemos asegurar que se trata de uno de los grupos de aves en mayor riesgo. Los grandes bosques de los cuales dependen para anidar y alimentarse están siendo destruidos a un ritmo vertiginoso, mientras que la captura de sus pichones para alimentar el tráfico ilegal de mascotas aumenta año tras año a pesar de las leyes. Para colmo, recientemente, se ha incrementado una controvertida producción de híbridos que alimenta el comercio y que ha ampliado aún más el arcoíris que representan estas aves, y que a ratos quizás sirvan para ayudar a imaginar cómo lucirían las guacamayas ya extintas, y a motivarnos a actuar rápido para salvar a las guacamayas que aún nos quedan. 

 

Artìculo por: Franklin Rojas-Suarez  / PROVITA


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