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Mapanare Rabo Seco (Porthidium lansbergii ) / Fotografía: Javier Mesa
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Mapanare Rabo Seco

Luis Fernando Navarrete

 

 

En Venezuela existen aproximadamente 190 especies y subespecies de serpientes distribuidas en ocho familias: Anomalepididae, Leptotyphlopidae, Typhlopidae, Aniliidae, Boidae, Colubridae, Viperidae y Elapidae. Se consideran como de mayor interés médico-toxinológico tanto las serpientes pertenecientes a las familias Viperidae y Elapidae, por ser venenosas, como algunas de la familia Colubridae, que también son venenosas pero no letales para el humano, debido a que ambas familias son las responsables de la mayoría de los accidentes ofídicos que ocurren en el territorio venezolano.


Los Vipéridos representados por los géneros Bothriechis spp., Bothriopsis spp., Bothrops spp., Porthidium spp. y Crotalus spp., frecuentemente son responsables de muchos accidentes ofídicos debido a su agresividad, camuflaje, frecuencia en las zonas rurales y urbanizadas y a su activo veneno.

 

LAS MÁS PEQUEÑAS DE NUESTRAS MAPANARES


El genero Porthidium está compuesto por nueve especies exclusivas del neotrópico, desde México hasta Ecuador. Es, quizás, el género de la familia Viperidae con los representantes de menor talla, que van desde 40 cm hasta 65 cm. Se caracterizan por ser de hábitos terrestres y nocturnos, presentar el canto rostral modificado (“nariz de cerdo”), con diseños de bloques oscuros cuadrados, rectangulares o triangulares paravertebrales en forma alternada y usualmente separados por una línea vertebral pálida y estrecha.


En Venezuela se ha reportado una sola especie de Porthidium lansbergii (Schlegel, 1841), que se caracteriza por presentar el canto rostral modificado en forma de pala, es decir, con su “nariz respingada”, con diseños de bloques oscuros cuadrados paravertebrales en forma alternada y separados por una línea vertebral pálida y estrecha, además de tener un cuerpo grueso, cola corta, puntiaguda y semiprensil. En la cabeza hay una línea prepostocular clara. La cola es rojiza o amarillenta, con mancha blancas, de allí su nombre común de “Rabo Frito o “Rabo Seco”. Esta pequeña especie, de unos 50 cm de largo y de hábitos crepuscular-nocturnos y terrestres, posee una coloración críptica que le permite confundirse con su entorno y pasar desapercibida.

 

LOS SECRETOS DE UNA VIDA SERPENTEANTE

 

Hasta el momento, esta especie se ha encontrado en regiones de tierras bajas, predominantemente en ambientes secos, xerofíticos y semiboscosos, donde comparte el hábitat con la cascabel; por eso, en algunas regiones, la llaman “Cascabel Muda”, ya que no tiene el característico crepitaculum (maraca) de la cascabel. Estas pequeñas serpientes son muy inquietas, se desplazan de forma rápida y violenta, aunque con movimientos torpes. Son de temperamento poco agresivo y pocas veces intenta morder al humano; sin embargo, cuando se siente intimidada, lanza a morder con gran velocidad dando pequeños saltos, por lo que en algunas regiones se le llama “Saltona”.


Es una especie que presenta dimorfismo sexual en el tamaño, ya que las hembras son más grandes y gruesas que los machos. Se aparean entre los meses de octubre a febrero y los partos se dan a partir del mes de mayo. Esta especie vivípara pare una camada de pequeñas serpientes idénticas a sus padres, pero en miniatura, que van de 4 a 15 crías.


Se alimentan principalmente de lagartos y de pequeños roedores, a los cuales perciben con su aguda sensibilidad; localizan a sus presas mediante las fuentes de calor debido a la presencia de una foseta loreal termo-receptora, ubicada entre los orificios nasales y los ojos, que las capacitan para localizarlas por la noche. Incluso en la oscuridad total pueden detectar y atacar con precisión, es decir, pueden “ver” por gradientes de temperatura.


UNA FAMILIA MUY PARTICULAR


Esta especie en Venezuela presenta subespecies bien definidas, como razas geográficas, ya que:


La Porthidium lansbergii hutmanni (Sandner Montilla, 1989) presenta una distribución geográfica restringida,  insular para la Isla de Margarita, en el estado Nueva Esparta. Es una serpiente de color asalmonado, entre tenue e intenso, con cuerpo corto y bastante rechoncho.


La Porthidium lansbergii rozei (Peters, 1968) se encuentra principalmente en los estados Anzoátegui, Bolívar, Carabobo, Delta Amacuro, Falcón, Guárico, Lara, Monagas, Sucre, Trujillo. Es una subespecie con un patrón de coloración un poco más oscuro que la subespecie insular.


La Porthidium lansbergii lansbergii (Schlegel, 1841) se encuentra en  Panamá, Colombia y también en Venezuela, en la región nor-occidental del estado Zulia, principalmente en la zona de la Guajira. De este grupo es la de coloración más oscura y forma más esbelta.

 

UN VENENO MUY HEMORRÁGICO


Los accidentes ofídicos son de baja incidencia; sin embargo, el desarrollo urbano ha invadido su nicho ecológico, por lo que en el futuro seguramente se verán con más frecuencia  accidentes con esta especie en los centros poblados.


Es muy escasa la información que existe sobre el estudio del veneno de la especie Porthidium lansbergii  y, en particular, de las subespecies venezolanas Porthidium lansbergii rozei y Porthidium lansbergii houtmanii. Sin embargo, se han realizado estudios preliminares y comparativos de la actividad necrosante y hemorrágica de estas dos subespecies, en los cuales se ha tomado en cuenta la separación biogeográfica de ambas especies, ya que Porthidium lansbergii. houtmanii es insular y Porthidium lansbergii rozei es continental.


Las propiedades  bioquímicas y toxinológicas del veneno de esta serpiente fueron  estudiadas por algunos investigadores de la Universidad Central de Venezuela, los cuales llegaron a la conclusión de que es altamente hemorrágico, necrosante y edematizante.  Posteriormente se realizaron estudios  comparativos  para  evaluar  las actividades hemorrágicas de los venenos de Porthidium lansbergii hutmanni y Porthidium lansbergii rozei. Los resultados de esta investigación señalaron que ambos venenos son altamente hemorrágicos y que podrían ocasionar lesiones severas, en caso de ocurrir accidentes en humanos. También se detectó un complejo cuadro de efectos locales, caracterizados por mionecrosis, edema, dolor, hemorragia, dermonecrosis y formación de flictenas, lo cual es típico de los venenos de la familia Viperidae. Estos efectos generalmente se desencadenan muy rápidamente después de la mordedura. Sin duda alguna, la hemorragia es el síntoma de mayor severidad en un cuadro de ofidismo, debido a que ocurren cambios en la permeabilidad vascular y hemorragias masivas en distintos órganos. La víctima generalmente sufre un desequilibrio local y sistémico que puede comprometer seriamente su vida.  


El aislamiento geográfico entre estas dos subespecies ha influido en las actividades hemorrágicas y necrosantes. La subespecie continental de la región nororiental de Venezuela, Porthidium lansbergii rozei, mostró una actividad hemorrágica y necrosante cuantitativamente mayor que la subespecie insular de la Isla de Margarita, Porthidium lansbergii houtmanii.


Con estos trabajos y, en general, mediante el estudio de los venenos se contribuye al propósito de aportar un mayor conocimiento sobre la fisiopatología de este tipo de  accidentes. El objetivo es colaborar en el avance de los procedimientos clínicos y de las técnicas terapéuticas utilizadas en caso de envenenamiento ofídico, así como en la elaboración de fármacos que ayuden a salvar la vida del humano utilizando algunas de las fracciones o componentes del coctel de proteínas del veneno de las serpientes. ¡Son más las vidas que el veneno puede salvar que las muertes que puede causar! Por eso, el eslogan del Centro Integral de Educación, Investigación y Conservación BIOREPTILIA es “Venenos para la Vida”.


“Cuando por alguna razón invadimos su hábitat, tan sólo hay que aprender a convivir con ellas, respetando su espacio y conociendo sus estrategias de vida”.

 

Artículo: Luis Fernando Navarrete / BIOREPTILIA

 


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